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Aplícate el cuento

Jose Chamorro
¿Qué nos deja la lectura de un buen cuento? En este artículo, una invitación a una “segunda mirada” en la lectura, que nos deje como fruto un aprendizaje que resuene en nuestra vida.


Las lecturas que realizamos a lo largo de la vida nos aportan mucho más de lo que quizá podamos entrever. Ese “más” supera con creces el disfrute que nos pueda brindar una buena trama en un momento dado o incluso los buenos conocimientos que podamos descubrir y que nos ayudan a profundizar en cuestiones que son de nuestro interés sino que, sin darnos cuenta, nos brindan una posibilidad que tiene que ver con mirar más allá. Esta segunda mirada, como la llaman algunos autores, está estrechamente relacionada con la oportunidad de leer un cuento buscando algo que pueda resonar con nuestra propia vida.

Una mirada abierta nos hace percibir la profundidad de las cosas, los acontecimientos y las personas. Este es el regalo que contienen los cuentos.
Los cuentos no se pusieron por escrito exclusivamente para entretener a los lectores sino que fueron escritos para ser contados y para que así nunca cayeran en el olvido. Esta importancia tiene que ver con la tradición oral en la que se fundamenta la trasmisión de la cultura desde los pueblos más antiguos de la Tierra. A través de los cuentos se pretendía hacer comprender al oyente ciertas verdades fundamentales de nuestras propias raíces. Poco a poco esto fue evolucionando y los relatos se fueron escribiendo y divulgando. Así es como hemos podido conocer cuentos de las tradiciones nativas americanas, cuentos de la sabiduría sufí, jasídica, cristiana, tibetana o, sencillamente, de la tradición popular. Estos cuentos, en definitiva, lo que perseguían y siguen pretendiendo es educar esa otra mirada mediante la cual somos capaces de captar la sabiduría ancestral que el cuento contiene, esa moraleja o enseñanza que hay oculta y que, en algunas casos, es diferente para cada lector.

Ser capaz de desentrañar esa lección de vida que el cuento contiene es algo que se va trabajando en la medida en que leemos y dejamos que el cuento nos resuene dentro, en la medida en que abrimos nuestra escucha al relato. Este trabajo tiene mucho que ver con la manera en que cada uno ve la vida y la experimenta. Aquel que pasa superficialmente por los acontecimientos de su vida se quedará en una lectura plana del relato que, en el mejor de los casos, le procurará una historia hermosa o curiosa. Para otros, además de eso, les provocará e incluso les sugerirá preguntas y, para otros, esos lectores inquietos que leen en entrelíneas, descubrirán respuestas, máximas que resonarán en su vida esclareciendo su percepción y ensanchando su mirada haciéndola más panorámica.

Una mirada abierta en este sentido nos hace percibir la profundidad de las cosas, los acontecimientos y las personas. Este es el regalo que contienen los cuentos así como aquellos relatos de la sabiduría universal que han superado la criba del tiempo. Sólo cuando acogemos este regalo podemos llegar a “aplicarnos el cuento” que, en definitiva, es el modo de agradecer la herencia sapiencial heredada.

Jose Chamorro


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