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Aprendiendo a vivir el don de la jubilación

Una invitación a agradecer el camino recorrido y a descubrir las oportunidades que ofrece una nueva etapa de la vida.


Se cumplen dos años desde que empecé a planear y organizar mi vida para poder retirarme gradualmente. Durante tres décadas fui bendecido y francamente afortunado por tener una carrera fecunda y enriquecedora, trabajando en mi comunidad en contacto con niños, adolescentes y sus padres. Trabajar y ocuparse de la gente es un don en sí mismo. Pero alejarme de esa carrera que tuvo un impacto en vidas jóvenes en el día a día, no se trataba de llenar formularios, dar aviso de retiro y recibir buenos deseos y regalos; se trataba de reconocer y apreciar con gratitud el trabajo y el camino que se me había dado para transitar en esta vida.

Mi vida ha sido, y continúa siendo, un gran don. Vivir el don de la jubilación no se trata de tener menos, sino de tener y aspirar a alcanzar más de aquellas cosas que realmente importan.
Hoy, al acercarme al primer año desde que dejé mi trabajo, he comenzado a ver la jubilación de manera diferente. Ahora me considero un aprendiz de vivir el don de la jubilación. Ciertamente, aún en esta etapa temprana, las lecciones que he aprendido han sido muchas. Las preguntas usuales de gente que todavía trabaja, como “¿qué vas a hacer cuando te jubiles, Kevin?” francamente no importan; lo que sí importa y me emociona profundamente es saber que yo, un hombre de sesenta y tantos años, me siento profundamente afortunado de haber vivido hasta esta edad y poder jubilarme de mi trabajo remunerado. Mucha gente buena, algunos más merecedores que yo, no pueden darse ese lujo. Algunos no tienen alternativa y deben trabajar para sobrevivir. Otros buenos compañeros de trabajo a quienes consideraba mis amigos tenían esperanzas para su futuro, pero sucumbieron a alguna enfermedad y murieron. Por lo tanto, el hecho de estar aquí cada día que pasa, es un don que disfruto con un corazón agradecido y una plegaria por el significado que ello tiene para mí y para mi vida.

Ciertamente puedo ver que hay pasiones y habilidades que llevo conmigo mientras aprendo a vivir el don de la jubilación, y a las que puedo abrazar, desarrollar y compartir como nuevas oportunidades. Una de mis pasiones es mi amor por el impacto que tienen las palabras, y su poder para acortar diferencias. Otra es la fotografía, que no necesita de lenguaje ni instructores para poder hablar. Ambas formas de expresión, verdadera compañía, se han sumado a mi viaje por este nuevo camino a recorrer.

Sobre todo, he trabajado al frente durante casi cuatro décadas con gente que hace daño y que busca algo mejor. Y hoy, conociendo el poder que tienen las palabras y las imágenes para contener y curar, sea lo que fuere que el mañana me depare, ciertamente me encontrará poniéndome en contacto y ayudando a los demás usando las herramientas y los dones que me han sido otorgados de manera similar.

Mi vida ha sido, y continúa siendo, un gran don. Vivir el don de la jubilación no se trata de tener menos, sino de tener y aspirar a alcanzar más de aquellas cosas que realmente importan. Ahora, habiendo sido liberado de la marcha forzada del empleo diario, puedo dar de mi tiempo, tiempo para estar plenamente consciente de todo lo que me ha sido dado hasta este momento de mi vida. Mi plan, por la gracia de Dios, es transformar mi apreciación de ello en algo nuevo, para beneficio de los demás. Es por eso que escribo, que tengo mi blog y que tomo entre mis manos una cámara fotográfica.

Kevin Lee


Kevin Lee es ministro, escritor y fotógrafo. Vive en Massachusetts (Estados Unidos). Puedes visitar su blog Rise This Day (en inglés) aquí.
 
Artículo reproducido con permiso de Gratefulness.org


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