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Cuando la gratitud parece falsedad

¿Es posible que bajo gestos de agradecimiento se escondan temores, cobardías…? Consultada sobre este tema, Patricia Campbell Carlson (miembro de gratefulness.org) responde dándonos consejos prácticos para detectar y enfrentar aquellas cosas que requieren nuestra atención. Una invitación a conocernos mejor y a poner manos a la obra en la noble tarea de la propia purificación interior.

Pregunta:
A veces siento que mi gratitud es falsa; que la uso como una pantalla para evitar enfrentar cosas que están mal en mi vida y que necesitan ser abordadas. Se me hace difícil tomar partida por mis necesidades, y siento que me falta valor para luchar por ellas. ¿Cómo puedo desarrollar una “sabiduría para conocer la diferencia” [1] y actuar en consecuencia?

Estimado lector:

Tu pregunta me trae a la mente las palabras de Kabir: “Todos estamos luchando; nadie ha llegado lejos”. Para la mayoría de nosotros, llegar a ser auténticos nos lleva toda la vida. Algunas veces, la tarea de ser auténticos nos parece abrumadora, y no sabemos por dónde empezar.

La pregunta tan perspicaz que nos haces ofrece muchas claves. Te has dado cuenta de que usas una fachada de gratitud en orden a evitar enfrentar tus problemas. El hecho de reconocer esta falsedad indica que ya has hecho un gran progreso: sabes, en algún rincón de tu ser, qué es aquello que no es falso.

Éste puede ser tu punto de partida. Puedes tomarte unos minutos cada día para revisar las últimas 24 horas, y ver qué acciones fueron sinceras y cuáles ahora parecen falsas. El silencio de la mañana o de la noche (cuando hay menos probabilidades de ser interrumpido) suele resultar mejor para este inventario interior.

Una vez que te has dado un tiempo para reflexionar, podrás notar que, a lo largo del día, te sentirás incómodo con gestos que no condicen con tus valores más auténticos. Con la reflexión, lograrás ser más consciente de aquello que tu corazón te pide, y más inclinado a responderle. Llegarán días en que aquella “sabiduría para conocer la diferencia” se dará en forma completamente natural.

Con la reflexión, lograrás ser más consciente de aquello que tu corazón te pide, y más inclinado a responderle.
Habrá días, sin embargo, en que te sentirás bloqueado, confundido, temeroso o sin ganas de llevar a cabo una acción que sabes que necesitas realizar. En esos momentos, no te castigues duramente; simplemente obsérvate a ti mismo y recuérdalo. Luego, cuando retomes tu momento de reflexión diaria, busca pacientemente desenmarañar los hilos de lo ocurrido. ¿Qué obstáculos hubo en el camino? ¿Qué necesitas para fortalecer tu determinación? ¿El consejo de un amigo? ¿Sanar una herida emocional? ¿Comprender mejor cuáles son las opciones? ¿El abandono confiado a la ayuda divina? O quizás necesites poner por escrito los detalles de lo sucedido, tratar de ver en qué dirección debes continuar, y tomar ese camino con la sola fuerza de tu voluntad, por más difícil que parezca. Una vez que detectes en dónde está el obstáculo, trata de verte a ti mismo haciendo uso de todos los recursos posibles para mover las rocas que obstruyen el flujo de tu energía.

La belleza de este método radica en su doble beneficio. Los momentos de reflexión te ayudan a ver más claramente la situación, lo cual requiere una valiente honestidad de tu parte. Al ir desarrollando esta valentía, un poco cada día, te vas capacitando progresivamente para actuar con coraje: primero serán situaciones más o menos difíciles, luego serás capaz de enfrentar problemas mayores. Como resultado, obtienes un inestimable tesoro: te vas identificando cada vez más con tu verdadero Ser.

El filósofo Plotino describe esta purificación de manera exquisita: “Retírate hacia tu interior y obsérvate. Si encuentras que todavía no hay belleza en ti, haz como el escultor que quiere hacer una bella estatua. El escultor corta por aquí, suaviza por allá, remarca esta línea, pule aquella otra, hasta que un rostro hermoso surge de su trabajo. Haz tú lo mismo: quita lo que es excesivo, endereza lo torcido, ilumina lo que está ensombrecido, trabaja para hacer surgir el brillo de la belleza, y nunca dejes de cincelar tu escultura, hasta que de ella brote el esplendor divino de la virtud, hasta que veas la bondad perfecta residiendo en ti como en un santuario”.

Con mis mejores deseos,

Patricia Campbell Carlson

Artículo reproducido con permiso de gratefulness.org


[1] La frase alude a la “Oración de la Serenidad”:
“Dios, dame serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar,
valor para cambiar aquellas cosas que sí puedo cambiar,
y sabiduría para conocer la diferencia”.
 

  • responder Teresa ,

    Con el alma doy las gracias perfecto lo dicho como el agua a la flor

    • responder Elena ,

      Gracias!!! muy bueno!!!

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