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Erich Fromm y el Budismo Zen

Virginia Gawel
Psicología y espiritualidad van de la mano, ya que ambas refieren al mismo territorio: la interioridad humana. Virginia Gawel pone como ejemplo de ello a Erich Fromm, destacado psicólogo que se interiorizó en el Budismo Zen.


No todos saben que Erich Fromm (psicólogo de quien el libro más renombrado es “El arte de amar”) fue un pionero en la búsqueda de integrar a la Psicología las enseñanzas del Budismo Zen, que conociera en 1926. A partir de ese momento se preocupó por profundizar su conocimiento del tema. A tal punto llegó su interés, que invitó a brindar un seminario en México al Dr. Daisetz T. Suzuki, uno de los principales difusores del Zen en Occidente. De esas conferencias surgió el libro escrito por ambos: Budismo zen y psicoanálisis.

Se interesó vivamente por temas como la meditación, que practicó a diario, pero también se sintió atraído por esa posibilidad de que existiera una religión sin el concepto de Dios.

Fromm entendía que la finalidad del Budismo Zen no tenía muchas diferencias con el objetivo que se proponía el psicoanálisis: veía en ambos una forma de dar una respuesta productiva para enfrentar el sentimiento de aislamiento y soledad que sufren muchos individuos en las sociedades modernas.

Nyanaponika Mahathera

A diario, entre las 10 y las 11 de la mañana, Fromm efectuaba ejercicios de respiración, de movimientos y concentración que había aprendido de Nyanaponika Mahathera, un monje budista de Sri Lanka nacido en Alemania. También dedicaba un momento del día a realizar un autoanálisis a partir de sus sueños. Ambas costumbres formaron parte de su vida cotidiana, principalmente durante su vejez.

Fromm recomendaba textos de Nyanaponika Mahathera a quienes quisieran aproximarse al tema. Según éstos, el fin de la meditación budista es la máxima conciencia de nuestros procesos físicos y mentales; el método más sencillo y directo para adiestrarse tanto en la observación de nuestra mente para sus tareas y problemas cotidianos, como para el fin más elevado: la propia y definitiva liberación espiritual, diluyendo la ilusión, el autoengaño.

La idea básica del Zen es entrar en contacto con el accionar interior de nuestro ser, y efectuar esto del modo más directo posible, sin recurrir a nada externo ni impuesto.
La práctica de la atención a la que refería Fromm aludía no solo a los ejercicios diarios de meditación, sino también a su aplicación respecto de cada momento de la vida cotidiana: no realizar nada distraídamente sino con plena concentración en lo que se hace, sin importar si se trata de una actividad que por su repetición se la realiza mecánicamente, como caminar, comer o mirar. Entonces la plena conciencia nos permite ver qué se mueve en nosotros, y contemplar la realidad a través del cese de las distorsiones mentales. Permanecer, gracias a la práctica, en ese estado de claridad es el propósito más importante de la vida humana, y Erich Fromm tomó este principio como sostén de su vida.

Daisetz T. Suzuki

Dice D.T. Suzuki en su libro Introducción al Budismo Zen: “La idea básica del Zen es entrar en contacto con el accionar interior de nuestro ser, y efectuar esto del modo más directo posible, sin recurrir a nada externo ni impuesto. Por lo tanto, el Zen rechaza cuanto se parezca a una autoridad externa. Se deposita fe absoluta en el propio ser interior del hombre, pues cualquier autoridad que haya en el Zen deriva de lo interior”.

Las enseñanzas de Suzuki y de Fromm son un aporte valiosísimo al concepto de tender un puente entre Psicología y Espiritualidad; en verdad, es tender un puente imaginario, que ya ambas cosas son parte del mismo territorio: la interioridad humana.

Virginia Gawel


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