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¿Es posible cambiar?

¿Podemos cambiar? Los rasgos negativos de nuestra personalidad parecen parte intrínseca de nuestro ser. Matthieu Ricard nos dice que esos rasgos no son parte esencial nuestra, y por tanto pueden modificarse.


La pregunta real no es si el cambio es deseable; es si éste es posible. Algunas personas pueden pensar que no pueden cambiar porque sus emociones negativas están tan íntimamente asociadas con su mente que se les hace imposible deshacerse de ellas sin destruir una parte de sí mismos.

Es verdad que el carácter de una persona no cambia mucho en general a través del curso de la vida. Si pudiéramos estudiar al mismo grupo de gente por unos años, raramente encontraríamos que la gente molesta se ha vuelto paciente, que la gente perturbada ha encontrado paz interior, o que la gente pretenciosa ha aprendido a ser humilde.

Sin embargo, aunque sean pocas, algunas personas sí cambian, lo que muestra que este cambio es posible. El punto es que los rasgos negativos de nuestro carácter tienden a persistir si no hacemos nada que cambie esa situación.

El cambio nunca ocurrirá si dejamos que nuestras tendencias habituales y patrones automáticos de pensamiento se mantengan e incluso se refuercen a sí mismos.
El cambio nunca ocurrirá si dejamos que nuestras tendencias habituales y patrones automáticos de pensamiento se mantengan e incluso se refuercen a sí mismos, pensamiento tras pensamiento, día a día, año tras año. Esos patrones y tendencias pueden ser desafiados. La agresión, la codicia, los celos y otros venenos mentales son incuestionablemente parte de nosotros, pero… ¿son una parte intrínseca, inseparable? No necesariamente. Por ejemplo, un vaso de agua puede contener algo de veneno que nos mataría inmediatamente, pero la misma agua podría estar mezclada con medicina. En ambos casos, H2O, la fórmula química del agua, se mantiene inalterada; en sí misma, nunca fue venenosa ni medicinal.

Los diferentes estados del agua son temporales y dependientes de circunstancias cambiantes. De un modo similar, nuestras emociones, estados de ánimo y rasgos de mal carácter son solo temporales y elementos circunstanciales de nuestra naturaleza.

Matthieu Ricard

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Matthieu Ricard junto al hermano David Steindl-Rast durante una conferencia del Mind and Life Institute (Mayo de 2012)

Matthieu Ricard es reconocido públicamente como “el hombre más feliz del mundo”, debido a su participación en una investigación del neurocientífico Richard Davidson, de la Universidad de Wisconsin (EE.UU.), quien estudió su cerebro en estados de meditación y compasión. Su gran activación de la corteza prefrontal izquierda, asociada al bienestar y a las emociones positivas, hizo arribar al científico a dicha conclusión.

Mathieu Ricard se ha dedicado en los últimos cuarenta años a concentrarse en la práctica contemplativa budista; desde 1972 ha vivido en la India, Bután y Nepal, conviviendo con los más grandes maestros de esta tradición. Desde 1989 se ha desempeñado como asesor del Dalai Lama.

Autor de varios libros; entre ellos, «El monje y el filósofo», diálogo con su padre, el filósofo ateo francés Jean-François Revel, que ha sido traducida a veintiún idiomas; «El Quantum y el Lotus», un diálogo con el astrofísico Trinh Xuan Thuan; «Felicidad: una guía para el desarrollo de la habilidad más importante de la vida» y «¿Por qué meditar?» Recientemente ha publicado en francés un gran volumen sobre el altruismo, en el que trabajó durante los últimos cinco años («Plaidoyer pour l’ altruisme»).

Es miembro del Mind and Life Institute, organización dedicada a la investigación colaborativa entre científicos y eruditos budistas y meditadores. Se dedica a la investigación en varias universidades de los EE.UU. y Europa sobre el efecto que tienen el entrenamiento de la mente y la meditación sobre el cerebro humano.


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