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Hermano Cuerpo

Virginia Gawel
¿Cómo tratas a tu cuerpo? ¿Lo aceptas? ¿Le agradeces permitirte vivir tu experiencia humana? Te invitamos a hacer tuyas estas reflexiones de Virginia Gawel.


No soy tú: yo era antes de que fueras concebido. Yo seguiré siendo cuando en ti haya cesado su último latido. Mi casa de carne: aquí estoy, en ti. Te he maltratado por ser ignorante. Te he subido en estrechos ascensores, te he hecho bajar por apretadas escaleras, te he dado de comer lo que el sistema vende, y con lo que te enferma y te mata. Te he mirado al espejo y te he criticado con la impiedad más incisiva de la que he sido capaz.

San Francisco de Asís, cuando estaba muriendo, ciego, mal cuidado de sí, con el cuerpo corroído, le pidió perdón y le llamó “Hermano Cuerpo”. Hermano Cuerpo: yo también te pido perdón. Te exigí lo que nunca jamás habría exigido a animal alguno. ¡Con cuánta brutalidad nos han engañado respecto de ti!

Amo a los animales de este planeta con el más puro afecto, el más inocente. Los cuido, trabajo por ellos, defiendo sus derechos y recojo al que esté abandonado. Sin embargo, he tardado décadas en comprender que tenía que amar al animal más cercano: a ti (mamífero que me llevas a vivir la experiencia humana). Hermano cuerpo: ya hace mucho que somos amigos.

Te seré leal en cada gesto, querido Hermano Cuerpo. Te seré leal como leal me has sido todos estos años, a pesar de mi ignorancia.
Y vas envejeciendo, y así te amo. Y me dueles, y así te amo. Y puedes menos que antes, pero así te amo. Y cuando me vaya de ti, mi conciencia inmortal recorrerá cada uno de tus órganos, cada célula, cada átomo, y me despediré de ti, ya no teniendo que pedirte perdón, pues hoy te cuido. Ya no teniendo que pedirte perdón, pues hoy te amo. Me despediré de ti, diciéndote con toda el alma la palabra “GRACIAS”, por haberme hecho tu huésped cada día, regalándome tu cerebro para pensar, tu corazón para sentir, tus brazos para abrazar, tus piernas para andar este mundo que celebraré haber habitado.

Que nuestra amistad siga hasta el último día. Te seré leal en cada gesto, querido Hermano Cuerpo. Te seré leal como leal me has sido todos estos años, a pesar de mi ignorancia. Aquí vamos, juntos, a celebrar la vida.

Virginia Gawel


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