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Januca y Navidad

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Sergio Bergman
La Januca judía y la Navidad cristiana, celebraciones unidas por el símbolo de la luz. “Es la riqueza de la diferencia de dos ramas, del mismo tronco, del mismo árbol de vida, que tiene las mismas raíces y que propone los mismos frutos”.


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En estas fiestas, tanto Januca que acabamos de celebrar en la comunidad judía como la Navidad que se aproxima, compartimos el mensaje de bendición de las dos tradiciones que traen el valor universal de la luz.

En la festividad de Januca encendemos el candelabro de ocho velas (janukiá), en recuerdo de la gesta de los macabeos, que recuperaron el sagrado Templo de Jerusalem; redimiéndolo de su profanación, volviendo a encender las luces de la consagración.

Januca significa reinauguración y consagración de la casa.

El milagro de Januca tenía que ver con que había una vasija única de aceite purificado preparado por los sacerdotes que iba a durar sólo para un día.

El milagro fue que el aceite de un día duró ocho, y desde entonces recordamos la reinauguración y la consagración.

La Navidad, el natalicio de Jesús, una celebración que también trae la luz, la luz de su advenimiento y de su nacimiento, de la encarnación del mismo D-s en un Hijo, que, a través de su manifestación entre nosotros, anunció un Reino; siendo el Hijo, uniendo al Padre y manifestando la dimensión trascendente del Espíritu Santo.

Esa dimensión del cordero de D-s que fue sacrificado, para redimir los pecados de la humanidad, es un testimonio vivo de lo que está pendiente, para que no sigamos los sacrificios, sino que volvamos a la luz del natalicio, que es volver a nacer, buenos y nuevos, en el amor y en el pacto con D-s.

La luz es exactamente la misma, porque es la luz de D-s y del espíritu, la luz desde lo sagrado, desde lo mesiánico de la obra de nuestras manos, del aceite que tenemos que extraer de nuestro corazón, como el olivo, y ofrendarlo, para hacer luz en la acción redentora de nuestro esfuerzo en contribución.

La tradición judía toma a Jesús, maestro, rabino, hombre, como el que propone una revolución conceptual rabínica de cambiar la rigurosidad de la ley formal, por el amor caritativo y solidario entre los hombres, en el énfasis de no venir a abolir la ley, sino llenarla de espíritu. Es el concepto revolucionario judío y rabínico de Jesús.

Cuando Jesús va a ser proclamado Mesías y por lo tanto Cristo y va a ser propuesto como parte del dogma cristiano de la Santísima Trinidad, ahí el judaísmo y el cristianismo deben dividirse.

Cuando digo deben dividirse, no es una pelea, una confrontación; es la riqueza de la diferencia de dos ramas, del mismo tronco, del mismo árbol de vida, que tiene las mismas raíces y que propone los mismos frutos.

Celebrando esta diversidad, compartiendo el milagro de la luz, les deseamos una muy feliz Navidad y Noche buena.

En felicidad y bendición.
Rabino Sergio Bergman

 

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