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La indiferencia

Sergio Bergman
Ser “in-diferentes” es no tomar conciencia de las enormes diferencias que aquejan a la humanidad. Sergio Bergman nos invita a “hacer la diferencia”, compartiendo nuestro pan con los más necesitados.


La profunda asimetría de la que somos vergonzosos testigos en relación al hambre de millones de seres humanos es buen caso para demostrar el funcionamiento de la indiferencia. Cuando se convierte en noticia, opinamos, instalamos el tema en nuestro entorno, nos quejamos del rol del Estado, reclamamos, manifestamos, protestamos, nos solidarizamos. Luego pasamos por otros estadios donde, frente a la impotencia del lamento, el reclamo y la espera que otro resuelva por nosotros un problema de todos, volvemos en abandono consciente, o en el mero trascurrir de la desidia en la que nos hacemos indiferentes, hasta que vuelva a nosotros como noticia.

La categoría permanente del círculo vicioso indiferente-diferente-indiferente no resuelve cómo integrar la diferencia sino a lo sumo saber de ella sin hacer nada por ella, y terminamos disociando el saber de la diferencia con el ser de la indiferencia, donde no actuamos nuestros valores en virtudes sino somos meros espectadores del suceder que nos tiene como actores.

La diferencia nos da existencia de devenir humano cuando al mirar al otro que tiene hambre, me veo en sus ojos a mí mismo, haciéndome humano.
La diferencia que pueden hacer los diferentes es la de partir el pan con el que tiene hambre, para no solo ya no ser indiferentes sino acercarnos en la diferencia de tener y no tener pan, para encontrarnos en la equidad de la justicia social definitivamente con el rostro de lo humano. La diferencia nos da existencia de devenir humano cuando no somos más indiferentes con el impacto emocional, actitudinal y de sentido en nuestras vidas, cuando al mirar al otro que tiene hambre, me veo en sus ojos a mí mismo, haciéndome humano. La indiferencia deja de ser con el hambriento y se cancela como indiferente a mi misma humanidad, haciendo la diferencia con el amor de partir mi pan.

Segio Bergman


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