English   |     Deutsch   |     Português   

Los rasgos de tu presencia

Jose Chamorro
Jose Chamorro comparte una bella canción y un texto que te invitan a descubrir los rasgos de la Presencia divina, “esa emoción o esa realidad que te sobrecoge, te llena e inunda y que, en lo más profundo de ti, te sostiene y define”.


Quiero compartir contigo un texto que escribí después de un largo y hermoso paseo por el bosque y el lago que tanto amor me despiertan y que son, para mí, punta de flecha que señala directa a ese Misterio Insondable que es Dios. Detrás de esas letras el tema musical de “Víveme” de Laura Pausini resuena en mi corazón, a la vez que me recuerda la hermandad que vivo y tengo hacia un gran amigo. Juntos desmenuzamos la letra y le dimos un sentido que para ambos dice mucho más de lo que está escrito.

Te invito a escuchar la letra y a leer el texto que compuse. Ojalá también te señale ese lugar, esa emoción o esa realidad que te sobrecoge, te llena e inunda y que, en lo más profundo de ti, te sostiene y define.

 

Hoy, una vez más, sumo mi espíritu en tu presencia. Con ojos cerrados me dejo acariciar por la brisa con la que acaricias las ramas de los árboles, el aire que esparce el aroma de tu existencia. Observo, como si fuera la primera vez, cómo te meces en las hojas o cómo te diviertes y juegas en las carreras frenéticas de las ardillas por los troncos y las ramas de los pinos.

Te observo, no puedo ser discreto, porque lo necesito. Necesito tener la experiencia de ti, la experiencia del padre y madre que eres: Padre en el Cielo y Madre en la Tierra.

Necesito tener la experiencia de ti, la experiencia del padre y madre que eres: Padre en el Cielo y Madre en la Tierra.
La frescura y la transparencia del agua no cesan y rezan sobre Ti. Expresan, o al menos lo intentan, parte de lo que eres. El murmullo melódico de los arroyos, la quietud profunda del lago, la alegría y alboroto de las cascadas, el verdor profundo y hermoso en los estanques… cada uno me cuenta cosas sobre Ti, cada uno de ellos se alegra al recordarte y, claro está, me sobrecogen cuando te muestran.

La tierra me sostiene, como tú, en silencio, con seguridad, amable y firme. En los caminos, las sendas o las veredas me ofrecen un rumbo, una dirección, espacio para descubrirte como siempre pero, también, de nuevo.

La luz del sol y de la luna, los amantes eternos de un amor casi imposible, revelan la luz con la que me acaricias y besas mi frente; cálida en el invierno por el día y fresca en las noches de verano. Sea como sea, me comporte de esta u otra forma, estás ahí, pendiente de mí, siendo símbolo permanente en la obra que con tanto amor has creado, siendo sacramento eterno en la gran escultura eterna de tus manos.

Me siento muy agradecido y, a la vez, en deuda. Yo, con mis manos, aún no he sabido dar las gracias por lo que me has dado, por lo que eres, lo que me muestras y, sobre todo, por ese amor incondicional que también tú te mereces y que me demuestras día a día.

Jose Chamorro

Reproducido de “Las Estaciones del silencio”, Jose Chamorro, Ediciones Mensajero, Bilbao, 2012, páginas 161-162.


También te puede interesar:


Dejar un comentario