English   |     Deutsch   |     Português   

Morir para ser yo

Una experiencia cercana a la muerte le enseñó una profunda lección de vida: no tratar de cumplir expectativas ajenas, sino ser ella misma. Compartimos el testimonio de Anita Moorjani.


Anita Moorjani nació en 1959 en Singapur, de padres indios, y a los dos años de edad se mudó con su familia a Hong Kong. Su niñez y adolescencia estuvieron marcadas por el intento de cumplir, por una parte, con sus padres y las tradiciones orientales de sus raíces, y por otra parte con las costumbres occidentales propias de Hong Kong. Según ella misma relata, esta división interna la llevó a enfermar de cáncer y a una experiencia cercana a la muerte, gracias a la cual aprendió que no debía vivir tratando de conformar expectativas ajenas, sino simplemente ser ella misma. Dice Anita:

“En 2006 caí en coma luego de luchar con el cáncer durante cuatro años. Mientras los médicos atendían mi frágil cuerpo, tuve una experiencia cercana a la muerte. Fue entonces cuando aprendí una de las lecciones más importantes: el cielo no es un destino final, sino un estado de vida. Al despertar, el cáncer había desaparecido milagrosamente. Desde entonces he seguido el llamado a compartir con el mundo mi historia y mi lección de vida”.

Anita narra su experiencia en el libro “Morir para ser yo”. Compartimos aquí la conclusión del libro.


Recordemos que nunca debemos otorgar a los demás poder sobre nuestra persona. Por el contrario, conectémonos con nuestro propio poder y grandeza. Cuando se trata de encontrar el camino correcto, hay una respuesta diferente para cada uno. La única propuesta universal que puedo ofrecer es: ámense a sí mismos incondicionalmente, y sean ustedes mismos sin temor. Esta es la lección más importante que aprendí de mi experiencia cercana a la muerte y, honestamente, creo que si yo misma la hubiera practicado desde el principio, no habría contraído cáncer.

Cuando somos fieles a quienes realmente somos, nos volvemos instrumentos de la verdad para el planeta. Debido a que todos estamos conectados mutuamente, con nuestra actitud tocamos las vidas de todos los que nos rodean, quienes a su vez afectan a otros. Nuestra única obligación es ser el amor que somos, y hacer que nuestras respuestas broten desde el interior, desde nuestro propio ser.

Ámense a sí mismos incondicionalmente, y sean ustedes mismos sin temor. Esta es la lección más importante que aprendí de mi experiencia cercana a la muerte.
Finalmente, quisiera insistir en la importancia de disfrutar y de no tomarnos a nosotros mismos o a la vida demasiado en serio. Uno de los mayores errores en el que incurren los sistemas espirituales tradicionales, es que a menudo nos hacen tomar la vida demasiado seriamente. Aunque aborrezco la idea de formular una doctrina, si alguna vez tuviera que crear un sistema de principios para un camino espiritual hacia la sanación, el número uno de mi lista sería: asegurémonos de reír tan a menudo como sea posible todos los días, sobre todo de nosotros mismos. Este consejo estaría por encima de cualquier forma de oración, meditación, cánticos o cambio de dieta. Los problemas de la vida diaria pierden peso cuando son vistos a través del velo del humor y del amor.

En nuestra era de tecnología informática, estamos bombardeados con noticias a la velocidad de la luz. Vivimos en una época de gran estrés y temor, y en nuestro afán de protegernos de todo lo que creemos que “está ahí afuera”, nos hemos olvidado de gozar y de amar lo que está dentro nuestro. Nuestra vida es nuestra oración; ella es nuestro regalo al universo. Los recuerdos que dejemos cuando un día dejemos este mundo, serán nuestro legado para nuestros seres queridos. Ser felices e irradiar felicidad a nuestro alrededor es algo que nos debemos a nosotros mismos y a quienes nos rodean.

Si logramos ir por la vida armados del humor, y recordando que en nuestra esencia somos amor, ya habremos avanzado bastante. Y si a ello le agregamos una buena caja de chocolates, ¡realmente tendremos la fórmula del éxito!

Seamos felices al tomar conciencia de nuestra grandeza personal, y expresándonos tal como somos, sin temor alguno. ¡Namaste!

Puedes visitar la página de Anita (en inglés) aquí: anitamoorjani.com


  • responder Maria ,

    Tienes razón en tu relato. …Ser uno mismo. Pero a veces el otro sujeto es tu sujetador. Gracias

    Dejar un comentario