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¡Perdón por tanta crueldad!

“¡Señor, ten piedad de tu pueblo! ¡Señor, perdón por tanta crueldad!”, fueron las palabras que el Papa Francisco dejó asentadas en el libro de visitas del campo de concentración de Auschwitz, luego de recorrer las instalaciones en completo silencio el pasado 29 de julio en el marco de su visita a Polonia.


En el marco de su visita a Polonia con ocasión de las Jornadas Mundiales de la Juventud, el Papa Francisco visitó el pasado 29 de julio los campos de concentración de Auschwitz y Birkenau. Francisco prefirió recorrer en silencio, sin pronunciar ningún discurso, los barracones de lo que fue aquella maquinaria de la muerte. Y rezar. Eso es lo que hizo durante las casi dos horas que duró su personal marcha por el escenario de tanta barbarie.

El Papa Francisco ingresa al campo de concentración de Auschwitz

Francisco solo dejó un mensaje en el libro de memorias del campo: “¡Señor, ten piedad de tu pueblo! ¡Señor, perdón por tanta crueldad!”, escribió de su puño y letra. Y se reunió con once supervivientes del Holocausto, entre ellos una anciana polaca de ciento un años, Helena Dunicz-Niwiska, que se salvó de la muerte gracias a sus dotes musicales: los nazis pedían a la mujer, entonces niña, que tocara el violín. Francisco recorrió la entrada del campo de concentración nazi a pie, con paso calmado y rostro serio, bajo la sarcástica inscripción en alemán en hierro forjado que dice: “Arbeit macht frei” (“El trabajo los hará libres”), aunque ninguno de los que entraron allí lograron después la libertad.

Su primera parada fue el fatídico bloque 11, donde se encuentran las celdas subterráneas en las que se encerraban a los prisioneros para que murieran de hambre y sed. También se detuvo a orar en el patio donde eran concentrados los que iban a ser ejecutados, y donde también fue llevado el sacerdote polaco Maximiliano Kolbe. Este franciscano se ofreció a morir para salvar la vida de un padre de familia judío.

Francisco saluda a supervivientes del exterminio nazi

Frente al muro de la muerte, donde eran ejecutados los reclusos, Francisco encendió una lámpara de aceite que dejó como presente en recuerdo de las víctimas. Después se trasladó en un pequeño coche eléctrico hasta el campo vecino de Birkenau. Allí, Francisco estrechó la mano a veinticinco “Justos de las Naciones”, como se denomina a aquellos que se esforzaron por detener el Holocausto y salvar a los judíos. Asimismo se reunió con once supervivientes.

En su visita a Auschwitz en 1979, Juan Pablo II ofició una misa por las víctimas. Francisco optó por el silencio, que sin duda fue el mayor grito.

Fuente: www.elmundo.es


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