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Seres en red: somos un archipiélago

Virginia Gawel
Virginia Gawel recoge palabras del hermano David durante su visita a Argentina. Un llamado a ser constructores de un mundo nuevo, un mundo que se teje en red, un mundo en el que se comparte y se coopera.


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“Hemos aprendido que la Naturaleza está organizada como una pirámide, de abajo hacia arriba, y en la cúspide… ¡el Ser Humano! Pero nos equivocamos. No es así. En este momento, más que nunca, tenemos que darnos cuenta de que la Naturaleza está organizada en red. Y que la sociedad, que también se organizó en pirámide (oprimiendo cada escalón al que está más abajo) necesita organizarse en redes, porque es la única manera en que se hará posible el futuro”.

Al decirlo, enfatiza con gestos vigorosos que subrayan el concepto. Está de pie desde hace dos horas. Se nota que fue esgrimista: flexible como una amapola. Todo él irradia vitalidad, y su sonrisa es una contraseña para vulnerar cualquier espíritu inquieto. Todo él afirma su principal mensaje: que es indispensable ejercer la vida desde una actitud agradecida. Me olvidé de un dato. ¡Él mismo me lo hizo olvidar! Tiene casi 90 años. Y está exactamente igual a la última vez que lo vi, hace dos. Quizás, hasta más vital…

Un mundo nuevo se teje en red. Tejamos juntos. Los hilos somos nosotros mismos.
Se llama David Steindl-Rast. Brother David, porque es monje. Monje benedictino, aunque puso sobre sus ojos la misión de interconectar las distintas tradiciones espirituales, para hallar lo que tienen en común: su centro. Doctor en Psicología, Arte y Antropología desde la Universidad de Viena (pues es austríaco), es el más Zen de los monjes benedictinos. Pionero de la Psicología Transpersonal (que propone abarcar los aspectos espirituales del individuo, y no sólo “la planta baja de la casa”), lo he mencionado durante tantos años de docencia sin conocerlo, que hoy es como estar frente a una leyenda. La fortuna es que él es, de verdad, humanísimo.

Cita a amigos cuyos nombres resuenan fuerte: el Dalai Lama, Joseph Campbell, Thomas Merton, Ken Wilber…

“Dijo un amigo, Raimon Panikkar, que si el futuro de la Humanidad es posible, eso solo será no en una estructura como la Torre de Babel, sino en red: con senderos de casa a casa… a otra casa… a otra casa…”

Sus gestos no dejan lugar a duda: el encuentro con el otro es el camino. Pequeños grupos, explica, que trabajan consigo mismos y por los demás, y que a su vez se conectan con otros pequeños grupos, tejiendo redes cada vez más grandes. El reconocernos como peregrinos y convidarnos la cantimplora cuando cualquiera de nosotros tenga sed.

“Confianza en la vida, cooperación, no-violencia y compartir: ustedes, que se preocupan por estos temas, son los pioneros de un nuevo mundo. Y el trabajo en grupos implica empoderarnos los unos a los otros. Hay algo al respecto por lo cual les estoy agradecido a ustedes, y es que de este modo están sembrando semillas para una cosecha que ni siquiera pueden imaginar”.

Alguien pregunta acerca de la existencia del mal en el mundo; Brother David nos invita a ir más allá de la pregunta filosófica, pues no tenemos acceso a saber la respuesta: “Nunca vamos a saber de dónde viene el mal, pero todos podemos trabajar juntos para superarlo. Tomar la oportunidad de protestar de forma constructiva, de decir que no respecto de los muchos males que hay en el mundo; podemos llevar carteles por las calles, pero igualmente importante es participar por internet, donde se necesitan muchas voces para decir todo aquello acerca de lo que haga falta hacerse oír. Y otro aspecto es trabajar mancomunadamente para que el bien se acreciente, cada día, aun con pequeños gestos; esa es una forma muy concreta de que el mal decrezca en el mundo”.

Viéndolo, escuchándolo, observando a la gente que está totalmente atenta a su mensaje me hace sentir esto: que un nuevo mundo, el futuro posible, no puede hallarnos aislados, cada uno en su realidad, cuidando sólo de sí mismo y de los suyos. Pienso también en esos pueblos como en el que nací, en que el paso de sus habitantes traza esos senderos de casa en casa, y los vecinos se dan una mano cuando alguno de ellos precisa ayuda, tanto como se reúnen a celebrar.

El camino es comunitario o no lo es. De alguna manera, como cada uno pueda. Nadie vino a ser una isla: la Humanidad es un archipiélago inmensísimo. Parte de la tarea la veremos, parte seguramente no, pero hay algo que me resulta claro, y es que cada uno de nosotros, en cualquier tarea que esté, tiene la misma misión: la de ser sembrador para el mundo que viene. Un mundo que se teje en red. Tejamos juntos. Los hilos somos nosotros mismos.

Virginia Gawel

Agradecemos a la Revista Sophia Online la difusión de nuestro espacio y del evento del próximo 3 de mayo.


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