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¿Vivir agradecidos? Servir a los demás

“El mejor antídoto para el cinismo actual es asegurarnos de que el servicio y la educación son nuestras mayores virtudes cívicas. Para mí, en esto consiste hoy el vivir agradecidos”. Reflexiones de Anthony Chavez, nieto de César Chavez, fundador del Movimiento de los Trabajadores del Campo y pionero de la lucha por los derechos de los inmigrantes.


Vivir agradecidos significa muchas cosas para diferentes personas. Para mí, la gratitud gira en torno a servir y aprender. Al mirar hacia el pasado, no recuerdo que en casa se hablara mucho de la gratitud; sin embargo, ella estaba presente en todos lados. De pequeño aprendí que la mayor virtud humana consiste en el servicio compasivo hacia los demás. Aprendí, como muchos otros, que la vida es un regalo por el que debemos estar siempre agradecidos. Sin embargo, en casa la gratitud no consistía tanto en enumerar bendiciones recibidas, sino más bien en reconocer la dignidad de todos. Entiéndanme bien: sé que reconocer las bendiciones recibidas es importante; pero no debemos detenernos allí, enfocados en nosotros mismos, siendo que podemos aliviar los dolores de los demás y multiplicar sus alegrías.

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César Chavez

Ayudarle a mi madre a recolectar ropa y comida para familias necesitadas me enseñó que, incluso cuando yo pensaba que necesitábamos tener más cosas, teníamos lo suficiente como para poder compartir con los demás. Era llevar a la práctica la simple pero profunda lección que todos aprendemos en kindergarten: compartir es preocuparse por el otro. Siendo un estudiante educado en la justicia, fue importante para mí el comprobar que el dar de mi tiempo, interés y energías podía contribuir a lograr pequeños cambios en el mundo. Además, el crecer en el Movimiento de los Trabajadores del Campo me enseñó que, pese a las dificultades, la acción hecha en conjunto puede tener un impacto significativo en la sociedad.

Algo que también aprendí de mi madre es que escuchar atentamente al otro es el primer y más importante paso de toda acción. Ella me enseñó que para poder servir a los demás debemos realmente prestarles atención para entender su situación, tal como la ven ellos. Comprendí que la compasión requiere mucha empatía, paciencia y bondad. Al recordar estas enseñanzas maternas, me doy cuenta de que la fuente de todas estas virtudes era la vida de gratitud.

Al recordar estas enseñanzas maternas, me doy cuenta de que la fuente de todas estas virtudes era la vida de gratitud.
Hoy me encuentro trabajando en proyectos sociales que buscan educar mediante el servicio. Y aunque el aprendizaje por el servicio no es algo nuevo, es algo poco llevado a la práctica. Está basado en desarrollar las inquietudes y capacidades de los jóvenes al momento de concretar su particular misión en el mundo. Cualquier educador sabe que la mejor forma de aprender es mediante la práctica. Por eso, ¿qué mejor práctica que lograr que jóvenes inquietos, idealistas y apasionados trabajen juntos para encontrar soluciones a los desafíos a los que nos enfrentamos? El mejor antídoto para el cinismo actual (provocado por la apatía y la ignorancia) es asegurarnos de que el servicio y la educación son nuestras mayores virtudes cívicas. Para mí, en esto consiste hoy el vivir agradecidos.

Anthony Chavez


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