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Amistad universal

¿Cómo nació la celebración del Día del Amigo en algunos países? Una fecha que nos invita a extender las fronteras de nuestra amistad.


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Neil Armstrong camina sobre la Luna

La celebración del Día del Amigo nació inspirada en un ideal de fraternidad universal, un espíritu de hermandad que una a todas las personas de la Tierra. El 20 de julio de 1969, el profesor de psicología, músico y odontólogo argentino Enrique Febbraro miraba la transmisión por televisión de la llegada del hombre a la Luna, al igual que miles de personas en todo el planeta. Conmovido por el histórico suceso, pensó que este evento podría ser recordado como símbolo de amistad universal.

Con esta idea en mente, Febbraro escribió 1000 cartas a referentes de todo el mundo, proponiendo el 20 de julio como el Día del Amigo. Gracias a sus contactos en diversos países, recibió 700 respuestas entusiasmadas. Fue así como nació el Día del Amigo, celebrado en esta fecha en Argentina, Chile, Uruguay y España.

Alguien que también siguió por televisión el alunizaje del Apolo 11 aquel 20 de julio de 1969 fue el hermano David Steindl-Rast. En su libro Más Allá de las Palabras, Br. David relata cómo vivió ese momento, señalando que los logros de la ciencia y la tecnología se alcanzan a impulsos del Espíritu divino:

“Me preparaba para recibir el Bautismo en el Espíritu Santo, renovación de las promesas del bautismo combinada con una especial apertura al poder de los dones espirituales. Personalmente había elegido el 20 de julio para tal ceremonia, por cumplirse el 43º aniversario de mi bautismo. Poco podría haber imaginado el significado añadido que esa fecha recibiría en 1969. Al salir del cuarto de oración, radiante de entusiasmo, lo primero que vi fue la luna llena a través de una ventana alta. Un pequeño grupo se había reunido allí en el salón, frente a un televisor. Estaban en completo silencio, atónitos, viendo en vivo cómo un ser humano por primera vez en la historia se paraba sobre la superficie lunar. ‘Un pequeño paso para un hombre, pero un gran salto para la humanidad’, le oímos decir a Neil Armstrong.

Las cosas no se podrían haber dado de mejor forma para mí; fue una sincronización perfecta. Hasta el día de hoy apenas puedo creer cómo coincidió todo como para grabar en mi alma una firme convicción: sí, el Espíritu Santo nos mueve al fervor religioso; pero la apasionada y paciente investigación de los científicos, la creatividad de los artistas, músicos y escritores, y el ingenio de los hombres y mujeres dedicados al servicio de los demás en los miles de campos del quehacer humano, todo esto también surge del mismo Espíritu”.

Hemos aprendido a volar como los pájaros, hemos aprendido a nadar como los peces, pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir como hermanos.
—Martin Luther King Jr.

Una humanidad que mira más allá de las fronteras de la Tierra para comenzar a explorar otros mundos supone una unidad entre todos los seres humanos. ¿Quién diría que los humanos, que ya hemos caminado sobre la luna, y que hace tiempo venimos pensando la posibilidad de habitar otros planetas… todavía padecemos el hambre, las guerras, la inequidad social? Pareciera que los avances tecnológicos no han ido de la mano del avance hacia aquella fraternidad universal que todos deseamos. Como decía Martin Luther King Jr: “Hemos aprendido a volar como los pájaros, hemos aprendido a nadar como los peces, pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir como hermanos”.

Según decía Br. David en el párrafo citado, tanto el arte de conquistar otros mundos como el arte de vivir como hermanos surgen del mismo Espíritu. ¿Podemos extender nuestro sentido de “amistad” más allá de los cercanos y los que son “de los nuestros”, para abarcar a todas las personas, sin distinción? ¿Llegará el día en que pensemos en conquistar otros mundos… habiendo primero conquistado nuestra unidad como humanidad?

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En este libro, el hermano David propone una fe común que une a todos los seres humanos. Con prólogo del Dalai Lama.


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