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Amor universal: lo insólito de una cena

Jose Chamorro
“El amor universal se expresa en la humildad del que comparte lo básico de una comida y del que es capaz de arrodillarse para servir a quien precisa ayuda”.


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En este día se celebra en toda la iglesia el día del amor universal. Se recuerda con ternura la última cena que Jesús celebró con sus amigos antes de que fuera apresado. Esa cena que, posiblemente, fuese uno o dos días antes de la cena pascual fue igualmente especial. Además del pan y el vino, estaban las personas con las que Jesús quería pasar sus últimas horas. Muy posiblemente no sería sólo el grupo de los Doce, pues sería extraño que para esa cena Jesús fuese selectivo, ya que a Él le gustaba compartir las comidas con gente de todas las clases. El ritual para cenar fue parecido al de una cena pascual, aunque no se puede decir que ésta lo fuese, ya que nada se dice de las hierbas amargas, la liturgia Pascual o del cordero.

El cristiano no vive para sí sino que es uno-para-los-demás. Los “demás” son toda forma de vida, toda obra que embellece y hace original la vida en el planeta.
Jesús se pone en pie para bendecir el pan y dar gracias. Ese gesto de elevar el pan, partirlo y repartirlo apunta a una actitud de servicio que en Jesús era más que característica. Además, ofrece un gesto que es parábola del Reino: uno no es para sí sino que es para partirse y repartirse a los demás. Jesús, cuando dice “esto es mi cuerpo”, no se está refiriendo al cuerpo físico sino que habla de toda su persona. Es esta la propuesta que recoge todo su mensaje. El cristiano no vive para sí sino que es uno-para-los-demás. Aquí, los demás adquieren un matiz en estrecha relación con el amor universal. Los “demás” son toda forma de vida, toda obra que embellece y hace original la vida en el planeta. De este modo, la propuesta abarca un bien mayor que reside en todo y que es para todos.

Otro de los momentos de la cena es cuando Jesús toma con su mano la copa. El gesto que es realizado por el anfitrión de la cena para que los invitados tomen sus copas es sustituido en esta cena por otro. En ella Jesús ve algo nuevo y peculiar que quiere explicar: “Esta copa es la nueva Alianza en mi sangre”. Él tiene conciencia de que la nueva vida que se inaugura no es sólo para sus discípulos más cercanos sino para todos; su mirada se hace universal en ese momento. De este modo, la llamada última cena se convierte en una despedida que adquiere un matiz sacramental, pues va a resumir toda su vida de servicio al reino de Dios y que, además, será fuente de esperanza para los que quieran seguir vinculados a Él. Así la fracción del pan y la copa les recordará siempre la fiesta final del reino de Dios y les traerá a la memoria la entrega total de Jesús que se resume en un “por vosotros”: los pecadores, los oprimidos, las prostitutas, los marginados… aquellos por los que tenía un cariño especial.

La llamada última cena de Jesús se convierte en una despedida que adquiere un matiz sacramental, pues va a resumir toda su vida de servicio al reino de Dios.
Pero además, esa noche, Jesús realiza un gesto insólito con el que quiere mostrar a sus discípulos el camino para el servicio fraterno. El texto lo recoge el evangelio de Juan en el capítulo 13 (1-16). A pesar de que son muchos estudiosos los que reconocen que este texto es de composición tardía, creación del evangelista y que posiblemente no fuera parte del episodio de la última cena, el evangelista quiere dejar explícito el mensaje que Jesús tanto había repetido: “quien quiera ser grande entre vosotros, será vuestro servidor”. El pasaje cuenta como Jesús en un momento de la cena se levanta y comienza a lavar los pies a sus discípulos. Este hecho es singular y absurdo en el contexto judío, pues estaban muy bien definidos los roles de cada uno de los grupos sociales; al comensal que preside una mesa no se le ocurriría realizar tal gesto, que llama fuertemente la atención entre su grupo de seguidores. Así, una vez más, Jesús ofrece una imagen de lo que ha sido su vida, que desea dejar grabada en sus seguidores. Jesús lava los pies a sus discípulos actuando como siervo y esclavo de todos. Nuevamente muestra el sentido de sus palabras: “Quien quiera ser grande entre vosotros, será vuestro servidor”.

Es de este modo como en una comida en la que se reúnen amigos, seguidores y discípulos, Jesús sintetiza una vez más su Mensaje ofreciendo ejemplos concretos inolvidables que serán rememorados y celebrados a lo largo del tiempo. El amor universal se expresa en la humildad del que comparte lo básico de una comida y del que es capaz de arrodillarse para servir a quien precisa ayuda.

Jose Chamorro


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