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El abrazo de la cruz

hugo-100x78El triunfo de la cruz no consiste en la propia realización (ni aun tratándose de la propia realización espiritual), sino en el olvido de sí para abrazar el dolor de los demás. “Jesús nos da la oportunidad de amar, de ir más allá de nosotros mismos, ir hasta el final de nuestros límites, dar el salto del sacrificio, el abrazo de la cruz”.

Evangelio según san Juan (3, 13-17)
Jesús dijo: “Nadie ha subido al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre que está en el cielo. De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto, para que todos los que creen en él tengan vida eterna. Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él”.

abrazo-cruzHoy rememoramos la cruz de Cristo,
no la mera cruz
sino la vida entera que en esa cruz se reveló y simbolizó: el amar hasta el fin a los demás,
el amar sin final. El amar.
Si Dios fuese solo Dios,
bastaría con reconocerlo como “Señor” para sentirse salvado, protegido por él,
sostenido por su omnipotencia.

Pero Dios, como nos reveló Jesús,
es Dios siendo “Padre”, dándonos y dándose en su hijo.
Pareciera entonces que sentirse hijo es la manera de reconocerlo, la manera de reunirse con él;
pero no es así,
no es solamente así.
Ser hijo de Dios desde que Dios fue un Dios en carne viva
es hacerse hermano de los otros,
es concretar la filiación extendiendo la hermandad,
plasmando la justicia, la paz, la solidaridad.

Podríamos sintetizar esto diciendo que Dios no entregó su vida por mí,
como suele decirse en un cristianismo individualista.
Dios entregó su vida para hacer posible que yo la entregue por los demás;
esa es su gracia, esa mi salvación,
ese el triunfo de la cruz.

“Si eres Dios bájate de la cruz”,
serán las palabras de la última tentación,
las últimas palabras humanas, demasiado humanas:
la voz del soldado romano,
la voz de nuestro egoísmo que nos invita siempre a retroceder, a encerrarnos, a no mirar.

La tentación de pensar solo para uno mismo,
buscar esa caricatura de salvación que es buscar la propia seguridad,
la caricatura de la salvación que es la propia realización, material o espiritual.

Si eres cristiano, podríamos agregar hoy,
sube a la cruz,
abraza el dolor, el de los otros
el que nos hace cristianos,
el dolor que es amor, que es real:
el amor encarnado, vivido…
el amor solidario,
el que acerca el cuerpo y no sólo la dádiva al dolor.

Jesús abraza el dolor humano, lo redime,
pero no lo quita:
no nos priva de ser humanos.

Jesús resucitará de la cruz, pero no nos exime de la cruz:
no nos priva de ser su imagen,
de continuar su encarnación.

Jesús resucita, nos llama a resucitar,
pero a través de su camino,
a través de su amor:
nos llama hacia el dolor del otro que sigue siendo su dolor,
que es donde sigue estando su amor.

Fuera de eso no hay amor
porque el amor no es algo que se tiene,
es algo que se da,
es lo que acontece en el acto mismo de dar,
ese dar que es amor cuando no es mero sentimiento sino encarnación.

Ese dar que, desde que el hombre es hombre,
desde que el mal también es humano,
desde que el egoísmo y la injusticia también están en nosotros,
se llama conversión,
se simboliza y se redime en la cruz.

Jesús “nos amó hasta el fin”,
y es porque nos ama que hasta el fin de nuestras vidas nos da la oportunidad de amar,
de ir más allá de nosotros mismos,
ir hasta el final de nuestros límites,
dar el salto del sacrificio, el abrazo de la cruz.

Dios nos amó hasta el fin, nos ama sin fin,
y su amor, su gracia, no es otra cosa que hacernos capaces de amar,
de dar el amor que solo dando tendremos,
el amor que al darlo nos atraviesa,
la cruz que al cargarla nos salva de la única cruz que no trasciende:
la de tener solo la propia cruz para cargar.


Hugo Mujica estudió Bellas Artes, Filosofía, Antropología Filosófica y Teología. Tiene publicados más de veinte libros y numerosas antologías personales editadas en quince países; alguno de sus libros han sido publicados en inglés, francés, italiano, griego, portugués, búlgaro y esloveno.

www.hugomujica.com.ar

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