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El humor inconsciente

Virginia Gawel

La Lic. Virginia Gawel hace un llamado a tomar conciencia sobre el tipo de humor que compartimos. Contribuyamos a la construcción de una sociedad más sana.


Me gustan los grupos de humor lúcido, y desde jovencita he comprado libros de humor saludable (Quino, Caloi, y otros tantos). Hoy más que nunca observo un fenómeno que quiero subrayar: a veces sin darnos cuenta compartimos un “humor” que no es gracioso, pero que nos parece que sí lo es. Inclusive, generalmente quien lo comparte es inteligente y sensible, ¡lo sé! Pero sucede eso: aún no se ha dado cuenta. Y, en ese punto en que no nos damos cuenta, somos ignorantes (sin ofender a nadie: ¡yo también lo soy!) El humor ignorante, inconsciente, es como un virus, que se contagia de persona a persona, lastimando por donde circule. El sistema quiere que nos mantengamos ignorantes. Pero yo no. ¿Y tú? Seamos un “nosotros” y digamos que no.

Sucede con algunos chistes donde se ven animales explotados o humillados, e incluso sobre algo tan delicado como la violencia de género. “Prenderle fuego a la suegra” por ser “bruja” habrá sido gracioso hace muchos años… pero ya no podemos darnos el lujo de no advertir que no es gracioso. También a veces encuentro chistes en los que se señala que ser violada es algo deseable por algunas mujeres (con frecuencia, mujeres mayores, monjas, o mujeres “feas”, cuya única “satisfacción” sexual sería que el violador las eligiera). Cabría el mismo concepto para lo que se llama “humor sexista”, que denigra a cualquiera de los dos géneros: rebaja a la mujer (en general aludiendo a lugares comunes y remanidos) o empequeñece al varón (siendo eso un acto de violencia de género, aunque parezca pequeña).

¿Estamos propiciando una sociedad más libre, más sana? El humor, casi inadvertidamente, ayuda a crear conciencia o a reforzar la hipnosis colectiva.

Otras veces son una declaración explícita de xenofobia, de racismo y de discriminación de todo tipo. También la burla al “gordito”, a quien vive el amor o el deseo hacia alguien de su propio género, a personas con cualquier tipo de discapacidad o impedimento (sea tartamuda, gangosa, lenta de pensamiento…)

En argentina, (y quizás en otros países) los programas de tv de “humor” se centran en compartir videos donde la gente se cae, se accidenta, se lastima, o también donde alguien asusta a transeúntes, abusando de su ingenuidad o de su estar desprevenidos. Otros programas difunden peleas entre “figuras del espectáculo” y se mofan de manera burda, torpe. Todo esto en los horarios y días de mayor rating. Yo llamo a eso “clases de bullying” a domicilio, ¡no humor!

En las redes sociales veo que se difunden y se replican videos de niños que lloran por distintos motivos, resultando “graciosos”. A mí no me gustaría que mis padres hubieran subido mi imagen sin yo saberlo, en instantes emotivos o de dolor infantil, míos, privados, íntimos. También niños que imitan (fomentados por sus adultos) a sensuales bailarines y cantantes, con expresiones muy precoces que… no, no son graciosas. ¡Y no lo digo por ser puritana! Es modesto sentido común.

¿Estamos propiciando una sociedad más libre, más sana?

Creo que el humor, casi inadvertidamente, ayuda a crear conciencia o a reforzar la hipnosis colectiva. Todos somos agentes de cambio. Y que quede claro, por favor, que no estoy juzgando a nadie, sino más bien pidiendo ayuda: ¡también yo misma me doy cuenta cada día de ignorancias que vine sosteniendo hasta el día anterior! (Esto quiere decir que mañana amaneceré advirtiendo lo no advertido justamente hoy, por lo cual pido disculpas anticipadas…)

Gracias por tenerlo en cuenta. Gracias por convidar lo que realmente hace reír de manera saludable, bella, lúcida. Y gracias a quienes crean ese humor, esos memes que nos acompañan a que la vida se nos vuelva más amable, más liviana, más lúcida a través de la risa, del ingenio emocionalmente inteligente.

Virginia Gawel


Reflexiones:

  1. REPLY
    Lili Rossi dice:

    Cuánta enseñanza, gracias!

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