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El misterio de la vida

David Steindl-Rast

El hermano David Steindl-Rast analiza la paradoja de estar totalmente inmersos en una realidad (Dios, la vida, el misterio…) y al mismo tiempo poder tener una relación con dicha realidad.



Nos enfrentamos aquí a dos términos importantes sobre los que vamos a reflexionar, y que tenemos que aclarar: “misterio” y “vida”.

Para empezar con el misterio, puede ayudarnos recordar aquella antigua frase: “Lo más hermoso que podemos experimentar es lo misterioso”. Cuando hablo aquí de misterio, hablo de aquello que no podemos aprehender; algo que no podemos comprender intelectualmente, pero que sí podemos entender. Hay una gran diferencia entre comprender y entender: al misterio podemos entenderlo si él nos aprehende a nosotros, si se apodera de nosotros. Tal es la relación entre los humanos y el misterio.

Pensemos en la música. ¿Quién de nosotros puede captar la esencia de la música? Podemos hablar de ella, podemos analizarla, podemos decir muchas cosas sobre ella, pero nadie puede capturar la esencia de la música en una fórmula. Sin embargo, podemos entenderla. Esto se da cuando la música nos habla, cuando la música nos hace algo: nos toma, nos lleva consigo. Así, hay una relación entre la música y nosotros.

Uno de mis maestros Zen solía decir: “Ustedes en Occidente dicen que quieren entender, pero lo que realmente quieren es sobreentender todo” (1). Para entender algo, debemos colocarnos bajo su influencia; de otro modo, sería como quien se para en la ducha con un paraguas abierto. Lo que buscamos es entender el misterio, establecer una relación con el misterio último.

maslow

Abraham Maslow

Muchos de nosotros estamos familiarizados con lo que Abraham Maslow estudió y describió como “experiencias cumbre”. Maslow las llamó originalmente “experiencias místicas”, que significa un momento de unidad, un momento de contacto con el misterio. Más tarde, como “místico” y “misterio” eran palabras que no sonaban bien en el ámbito de la psicología, cambió la expresión por “experiencias cumbre”, pero a lo largo de toda su vida insistió en que lo que llamó “experiencias cumbre” no podía distinguirse de lo que conocemos como experiencias místicas en los escritos de los grandes místicos. Además, afirmaba que todo ser humano tiene estas experiencias místicas. La diferencia entre los grandes místicos y el resto de nosotros es que los grandes místicos hicieron que la plenitud de esa experiencia fluyera en su vida cotidiana. Nosotros también podemos intentarlo: dejar que este encuentro con el misterio fluya en nuestras vidas.

Hemos hablado sobre el misterio, y sobre el encuentro con el misterio. Llegados a este punto, podemos preguntarnos sobre Dios. ¿Dónde entra Dios en todo esto? En primer lugar, es importante recordar que la propia palabra “Dios”, la raíz de la que procede la palabra Dios (que es una palabra neutra: no es ni masculina ni femenina, no se trata de una diosa o un dios), significa “aquello que es invocado”, o “aquello que nos llama”. Llamar implica una relación. Por eso, un aspecto sorprendente de este misterio que no podemos comprender pero que nos llama, es que somos parte de él y al mismo tiempo tenemos una relación con él. Esto implica que estamos imbuidos en esta realidad última, somos parte de ella. Así lo encontramos expresado en todas las grandes tradiciones espirituales. En la tradición cristiana lo encontramos en el libro de Hechos (17,28), un pasaje muy importante donde San Pablo se dirige, no a los cristianos, sino a humanos como seres humanos. Pablo les habla a los filósofos de Atenas; les dice “sus propios poetas ya han señalado (la poesía es el único lenguaje que puede expresar un contenido tan profundo) que en Dios vivimos, nos movemos, y tenemos nuestro ser”. Estamos totalmente inmersos en Dios, no como un pez en el agua, sino como una gota en el agua. Estamos inmersos en el misterio como una gota en el océano y, sin embargo, podemos tener una relación con él. Podemos relacionarnos con el misterio, el misterio nos habla.

Estamos inmersos en el misterio como una gota en el océano y, sin embargo, podemos tener una relación con él. Estamos en inmersos en la vida, y al mismo tiempo nos relacionamos con ella.

Ya hablamos del misterio, y ahora abordamos el tema de la vida. No podemos definir la vida, así como no podemos definir el misterio. Sin embargo, así como podemos tener una comprensión experimental del misterio (aquello que no podemos aprehender pero que nos aprehende a nosotros), también podemos obtener una definición experimental de la vida. Podemos decir que la vida es esa condición dinámica en la que nos encontramos. Estamos inmersos en ella. Nos encontramos inmersos en esta condición dinámica. Y es una condición dinámica con la que estamos relacionados. Exactamente lo mismo que dijimos sobre el misterio (la paradoja de que somos parte de él), podemos decir de la vida. Estamos en inmersos en la vida, la vivimos, y al mismo tiempo nos relacionamos con ella.

Estamos acostumbrados a decir “tengo vida”. ¡Es una afirmación realmente precaria! ¿Tienes vida… o la vida te tiene a ti? Lo mismo sucede con nuestros cuerpos. Somos cuerpos. No hay duda de ello, ya que sabemos que podemos chocar unos con otros. Somos cuerpos, pero también decimos “tengo un cuerpo”. De nuevo, esta extraña realidad de ser algo y estar en relación con ello. De nuevo la paradoja: tengo un cuerpo y soy un cuerpo.

Como persona, soy uno entre muchos otros; como el Yo, soy uno con todos. ¿Por qué? Porque debido a que el Yo no está en el tiempo y el espacio, no puede ser dividido, y por lo tanto debe ser uno. Así, tenemos la experiencia de algo que es común a todos: no solo a todos los seres humanos, sino a todos los animales, plantas, todo el cosmos, la realidad inerte… todo pertenece a este Ser, a este Yo. Pensemos entonces qué diferencia habría en el mundo si viviéramos con la conciencia de que sí, cada uno de nosotros somos uno entre muchos, ¡pero todos somos un solo Yo! ¡Qué diferencia haría eso!

Se trata de explorar esta doble realidad: tengo un cuerpo, soy un cuerpo; tengo vida, la vida me tiene a mí; soy parte del misterio, y aún así puedo tener una relación con el misterio. Soy parte del mundo, y puedo tener, no una noción, sino una experiencia de la trascendencia. Si cada uno de nosotros, como parte del mundo, experimentamos la trascendencia, entonces el mundo mismo podrá experimentar la trascendencia.

Hermano David Steindl-Rast

Extractos de la conferencia brindada por el hermano David en Todi, Italia, en el marco del seminario interdisciplinar Cortona Week (junio de 2018).

(1) Juego de palabras entre understand (literalmente “colocarse debajo”) y overstand (“colocarse encima”).  Volver arriba


Reflexiones:

  1. REPLY
    María dice:

    Muy interesante lectura, verdad que nace de un gran predicador es… para enriquecernos… gracias ♥

  2. REPLY
    estefania dice:

    ….desde el silencio nace entusiasmado mi canto …..
    Gracias!!!!

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