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Flotando en el viento…

“La respuesta” (al por qué de la guerra, la esclavitud, la violencia…) “está flotando en el viento”, escribía Bob Dylan en 1962. El pasado 13 de octubre, su poesía hecha canción ha sido galardonada con el Premio Nobel de Literatura.


Bob Dylan, ícono de la música del siglo XX con composiciones y letras comprometidas que cosecharon millones de admiradores, fue el sorpresivo ganador del Premio Nobel de Literatura 2016.

Es que esta leyenda del folk rock surgida de la contracultura de los años 60, es un poeta más allá de cualquier etiqueta. Muchas de sus canciones se convirtieron en himnos, como “The Times They Are A-Changin” (Los tiempos están cambiando) o “Blowin’ in the Wind”. (Flotando en el viento).

Considerado como una de las figuras más influyentes de la música popular del siglo XX, Dylan ha tenido una prolífica carrera en la que conjugó música y poesía, con largas canciones en las que narra historias de diversa índole.

Más activo que nunca, Bob Dylan cumplió 75 años en mayo pasado. Ese mes editó el disco número 37 de su larga trayectoria. Un año antes, al recibir un premio Grammy en reconocimiento a su labor, había dicho: “Los críticos han sido duros conmigo desde el primer día. Decían que no puedo cantar, que lanzo un graznido, que sueno como un sapo”.

Dylan ha recorrido un largo camino desde sus humildes comienzos. Nacido como Robert Allen Zimmerman, en el seno de una familia judía el 24 mayo de 1941 en Duluth, Minnesota, aprendió solo a tocar la armónica, la guitarra y el piano. Zimmerman, quien cambió su nombre por el de Bob Dylan supuestamente por influencia del poeta galés Dylan Thomas, dejó la universidad y se mudó a Nueva York en 1960. Su primer álbum tenía sólo dos canciones originales, pero su disco de 1963 ya incluía letras propias, como el clásico pacifista “Blowin’ in the Wind”.

Armado con una armónica y una guitarra acústica, Dylan protestó contra la injusticia social, la guerra y el racismo, convirtiéndose rápidamente en un importante militante por los derechos civiles y en un prolífico compositor, con 300 canciones grabadas en tres años. Para principios de los años 1980, la música de Dylan reflejaba su conversión al cristianismo. Esto se vio atenuado en sus álbumes sucesivos, y en la década de 1990 pareció resurgir el explosivo talento que lo distinguió al comienzo de su carrera.

Dylan ha ganado 11 premios Grammy, un Globo de Oro e incluso un Óscar en 2001 a la mejor canción original por “Things Have Changed” de la película “Wonder Boys”. También fue distinguido con un Príncipe de Asturias de las Artes en 2007. En 2008 recibió un premio Pulitzer honorífico “por su profundo impacto en la música y la cultura popular, con sus composiciones líricas de extraordinario poder poético”.

El por qué del Nobel

Bob Dylan, el cantante y el escritor, nació en la época del miedo: la guerra era un pantano oscuro donde todos los países parecían sumergirse por su propia voluntad. Los ciudadanos, sitiados por el silencio, no reconocían salidas diferentes a los problemas que no involucraran violencia. Era todo blanco o negro. Bueno o malo. La música aceptada, entonces, era la que le cantaba al amor, a la fiesta y la diversión. Pero Dylan, con sus largos recitados, sus metáforas y sus juegos con la voz del narrador, logró abrir una ventana. Crear una revolución.

Escribir ha sido —incluso más que la música— su más sagrado ritual. Una larga lista de libros que recopilan las letras de sus canciones son la clave para entender el Nobel que le fue concedido por el Comité Sueco: su lenguaje es único y difícilmente abarcable. “Si miramos miles de años hacia atrás, descubrimos a Homero y a Safo. Escribieron textos poéticos hechos para ser escuchados e interpretados con instrumentos. Sucede lo mismo con Bob Dylan. Puede y debe ser leído”, declaró la secretaria de la Academia, Sara Danius, minutos después del anuncio del galardón.

Puede pensarse que la Academia Sueca premia también a la que es, hoy por hoy, la manifestación literaria más importante y popular: las letras de canciones. Una forma de escribir condicionada a su acompañamiento musical, pero que, con el transcurso del tiempo, ha trascendido los límites de la música para influir al resto de la literatura.

Fuente: www.elespectador.com

  • Blowin’ in the Wind

    ¿How many roads must a man walk down
    before you call him a man?
    ¿How many seas must a white dove sail
    before she sleeps in the sand?
    ¿How many times must the cannonballs fly
    before they are forever banned?

    The answer, my friend, is blowing in the wind,
    the answer is blowing in the wind.

    ¿How many years can a mountain exist
    before it is washed to the sea?
    ¿How many years can some people exist
    before they’re allowed to be free?
    ¿How many times can a man turn his head
    and pretend that he just doesn’t see?

    The answer, my friend, is blowing in the wind,
    the answer is blowing in the wind.

    ¿How many times must a man look up
    before he can see the sky?
    ¿How many ears must one man have
    before he can hear people cry?
    ¿How many deaths will it take till he knows
    that too many people have died?

    The answer, my friend, is blowing in the wind,
    the answer is blowing in the wind.

  • Flotando en el viento

    ¿Cuántos caminos debe recorrer un hombre,
    para que pueda llamársele «hombre»?
    ¿Cuántos mares debe surcar una blanca paloma,
    antes de dormirse en la arena?
    ¿Cuántas veces deben volar las balas de cañón,
    antes de ser prohibidas para siempre?

    La respuesta, amigo mío, está flotando en el viento,
    la respuesta está flotando en el viento.

    ¿Cuántos años puede existir una montaña,
    antes de ser arrasada por el mar?
    ¿Cuántos años pueden vivir algunas personas
    antes de que se les permita ser libres?
    ¿Cuántas veces puede un hombre girar la cabeza,
    y fingir que simplemente no ve?

    La respuesta, amigo mío, está flotando en el viento.
    La respuesta está flotando en el viento.

    ¿Cuántas veces debe un hombre levantar la vista,
    antes de poder ver el cielo?
    ¿Cuántos oídos debe tener un hombre,
    para poder oír a la gente llorar?
    ¿Cuántas muertes se necesitan para darnos cuenta
    de que ya ha muerto demasiada gente?

    La respuesta, amigo mío, está flotando en el viento.
    La respuesta está flotando en el viento.


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