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Gratuidad hecha pan

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Comentando en el evangelio de este domingo el discurso del Pan de vida, Hugo Mujica nos llama a imitar la gratuidad divina, haciéndonos nosotros también pan para los demás: “Esa entrega nuestra es la única prueba de que en verdad y concretamente creemos en Jesús, porque también nuestro pan es pan para el hambre de los demás”.

Evangelio según San Juan (6, 41-51)
Los judíos murmuraban de Jesús, porque había dicho: “Yo soy el pan bajado del cielo”. Y decían: “¿Acaso este no es Jesús, el hijo de José? Nosotros conocemos a su padre y a su madre. ¿Cómo puede decir ahora: ‘Yo he bajado del cielo?’”. Jesús tomó la palabra y les dijo: “No murmuren entre ustedes. Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me envió; y yo lo resucitaré en el último día. Está escrito en el libro de los Profetas: ‘Todos serán instruidos por Dios’. Todo el que oyó al Padre y recibe su enseñanza, viene a mí. Nadie ha visto nunca al Padre, sino el que viene de Dios: sólo él ha visto al Padre. Les aseguro que el que cree, tiene Vida eterna. Yo soy el pan de Vida. Sus padres, en el desierto, comieron el maná y murieron. Pero éste es el pan que desciende del cielo, para que aquél que lo coma no muera. Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo”.

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San Juan es el evangelista de los contrastes:
día o noche, luz o tinieblas, arriba o abajo, vida o muerte.

Hoy, en este pasaje,
el contraste es entre un alimento que da vida pero solo para este mundo,
solo hasta la muerte,

el contraste entre un pan que alimenta la vida pero no vence a la muerte,
y otro pan, el pan que se da,
que dándolo, perdiéndolo,
alimenta para esa dimensión de la vida que se abre eternidad.

Es el contraste y la consecuencia entre el pan que se tiene o el pan que se da,
el que guardamos y en el que nos encerramos,
o el que damos y en el que nos damos,
nos trascendemos.

Es la diferencia esencial entre el interés y la gratuidad,
entre quién pongo en primer lugar: el yo o el tú,
la propia satisfacción o la necesidad de los demás.

Gratuidad que se plasma en un dar sin esperar,
en un dar que no es ni un invertir ni un calcular:
es un olvidarse de sí.

Gratuidad que hacia Dios se llama adoración,
adoración no por lo que Dios da sino por lo que él es,
gratuidad a la que responde la gratitud por el abismo insondable de que Dios sea Dios,
de que sea dándosenos.

Adoración que, como el dolor ofrecido,
es la única oración que no se busca a sí misma,
que no hace de Dios un espejo del propio yo.

Gratitud vertical hacia Dios que se concreta,
se plasma verdad,
en la gratuidad horizontal: en la generosidad,
en lo que da la mano derecha sin que lo sepa la mano izquierda,

lo que se da no para sentirse generoso ni para meritar el cielo
sino porque el otro lo merece,
porque el otro tiene derecho sobre mi generosidad,
porque la necesidad de cualquier otro precede a mi satisfacción.

Hay un pan –dice Jesús– que baja del cielo,
un pan que se nos es dado,
un pan que dándolo nos lleva hacia ese mismo abismo azul
desde el que desciende.

“Yo soy el pan de vida.
el que viene a mí no pasará hambre,
y el que cree en mí no pasará nunca sed”.

Jesús nos libra del hambre y la sed
haciéndonos ver el hambre y la sed de los demás,
librándonos de pensar en nosotros,
de replegarnos en nuestra propia necesidad,
de nuestro propio interés.

Nos libra para vivir su vida, la que cada Eucaristía nos da,
nos libra para que trascendamos nuestra vida fecundándola,
entregándola a los demás,

entregando el pan que en ese gesto,
el insondable gesto de entregar, se convierte en Eucaristía,
hace visible el amor de Dios,
ese Dios cuyo ser es ser entrega, es ser amor,

esa entrega nuestra que es la única prueba que en verdad
y concretamente creemos en Jesús,
que también nuestra carne es carne de Dios
porque también nuestro pan es pan para el hambre de los demás.


Hugo Mujica estudió Bellas Artes, Filosofía, Antropología Filosófica y Teología. Tiene publicados más de veinte libros y numerosas antologías personales editadas en quince países; alguno de sus libros han sido publicados en inglés, francés, italiano, griego, portugués, búlgaro, esloveno, rumano y hebreo.

www.hugomujica.com.ar
 

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