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La gratitud como ética global

Chris Wilson, miembro de ANG*L (Una Red para Vivir Agradecidos), presenta a la gratitud como una ética para nuestro tiempo. “La práctica de la gratitud puede tomarse como una ética universal, capaz de guiarnos pacíficamente hacia una nueva era en la que logremos compartir equitativamente los recursos naturales y cuidar el medio ambiente pensando en las generaciones futuras”.


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La práctica de la gratitud puede tomarse como una ética universal, capaz de guiarnos pacíficamente hacia una nueva era en la que logremos compartir equitativamente los recursos naturales y cuidar el medio ambiente pensando en las generaciones futuras. Según el diccionario, una ética es “un conjunto de valores o normas morales”. Sin embargo, no buscamos aquí dar un conjunto de normas, sino presentar principios generales y valores con los que queremos relacionarnos con la vida y con nuestros semejantes.

En nuestra época actual, tanto los peligros como las oportunidades han alcanzado un nivel de impacto mundial. La tecnología, el capital y las oportunidades de trabajo fluyen libremente entre las naciones, pero lo hacen de tal manera que mientras benefician a unos empobrecen a otros. Más aún: el peligro de guerra, terrorismo y desastres ecológicos que se originan en un punto del planeta tienen un alcance global, de manera que ningún país queda excluido de tales amenazas.

Muchas culturas tradicionales miran a los cambios vertiginosos propios de la globalización como una conquista cultural de Occidente, y responden a ella violentamente.
Los cambios a nivel mundial de los que somos testigos constituyen probablemente el mayor desafío que jamás hayamos enfrentado. Podemos incluso decir que es la primera vez que un desafío exige una respuesta conjunta por parte de la humanidad. Por esta razón, necesitamos una nueva ética no solo para las naciones desarrolladas, sino una ética que pueda ser también compartida por culturas tradicionales. Sostenemos esto porque muchas culturas tradicionales miran a los cambios vertiginosos propios de la globalización como una conquista cultural de Occidente, y responden a ella violentamente.

La gratitud, que es la forma sencilla con que el corazón responde a la plenitud de la vida, va más allá de cualquier distinción de credo, edad, vocación, género o nacionalidad. El hermano David Steindl-Rast hace notar que “debemos presentar a la gratitud de forma tal que abarque todas las dificultades del mundo”.

La práctica de la gratitud puede constituir una ética global para nuestro tiempo porque:

• La gratitud es un sentimiento universal, compartido por todas las culturas y religiones.

• La gratitud se halla en el corazón de todas las religiones, y por lo tanto puede ofrecer un punto de encuentro que trasciende los dogmas de cada religión.

• Del mismo modo, ofrece un lenguaje común para el diálogo entre creyentes y no creyentes, ya que ambos pueden apreciar el valor de la gratitud.

• La gratitud nos enseña a valorar lo que tenemos, y así puede constituirse en punto de partida para ahuyentar el temor a pasar necesidad, que es el disparador de nuestros hábitos de consumo excesivo.

• No podemos sentirnos agradecidos y al mismo tiempo sentirnos víctimas. Así, la gratitud puede disminuir considerablemente el odio que conduce a la guerra.

• La gratitud nos enseña a valorar todo lo que nos rodea gratuitamente, incluyendo el mundo natural con sus innumerables animales, plantas y minerales. La gratitud, por tanto, es una actitud ecológica.

• La gratitud nos enseña a mirar a otros pueblos y culturas como bendiciones y no como amenazas.

• Vivir agradecidos es tener un espíritu de generosidad y confianza que reemplaza el espíritu de sospecha y resentimiento que nos impide alcanzar una transición pacífica hacia una sociedad más justa, en la que podamos compartir los bienes del mundo.

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