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«La riqueza de la vida está en la diversidad»

“La cultura del encuentro sabe reconocer que la diversidad no solo es buena: es necesaria. La uniformidad nos anula, nos hace autómatas. La riqueza de la vida está en la diversidad”. De los varios discursos que pronunció el Papa Francisco durante su visita a Sudamérica, queremos destacar estas palabras dirigidas a los representantes de la sociedad civil de Paraguay el pasado 11 de julio. Un llamado al diálogo auténtico, que reconoce la dignidad del otro.


Texto del extracto:

Para que haya diálogo es necesaria una base fundamental. Una identidad. Por ejemplo, yo pienso en el diálogo interreligioso, donde representantes de las diversas religiones hablamos, nos reunimos a veces para hablar de diversos puntos de vista. Pero cada uno habla desde su identidad: yo soy budista, yo soy evangélico, yo soy ortodoxo, yo soy católico… pero cado uno dice su identidad, no negocia su identidad.

O sea que para que haya diálogo, es necesaria esa base fundamental. ¿Y cuál es la identidad en un país? Estamos hablando de un diálogo social. Es el amor a la Patria. La Patria primero, después mi negocio. Esa es la identidad. Yo desde esa identidad voy a dialogar. Si yo voy a dialogar sin esa identidad, el diálogo no sirve. Además el diálogo presupone, nos exige buscar esa cultura del encuentro. Un encuentro que sabe reconocer que la diversidad no solo es buena: es necesaria.

La uniformidad nos anula, nos hace autómatas. La riqueza de la vida está en la diversidad, por lo que el punto de partida no puede ser: “voy a dialogar, pero aquél está equivocado”. No, no podemos presumir que el otro está equivocado; yo voy con lo mío y voy a escuchar qué dice el otro, en qué me enriquece el otro, en qué el otro me hace caer en la cuenta de que yo estoy equivocado, y qué cosas le puedo dar yo al otro. Es un ida y vuelta, ida y vuelta… pero con el corazón abierto. Con presunciones de que el otro está equivocado, mejor irse a casa y no intentar un diálogo.

El diálogo es para el bien común, y el bien común se busca desde nuestras diferencias. Esa es la cultura del encuentro.
El diálogo es para el bien común, y el bien común se busca desde nuestras diferencias, dándole posibilidad siempre a nuevas alternativas, es decir, buscar algo nuevo. Cuando hay verdadero diálogo, se termina en un (permítanme la palabra, pero la digo noblemente) en un “acuerdo” nuevo, donde todos nos pusimos de acuerdo en algo. ¿Hay diferencias? Quedan a un costado, en la reserva; pero en ese punto en que nos pusimos de acuerdo, o en esos puntos en que nos pusimos de acuerdo, nos comprometemos y los defendemos. Es un paso adelante. Esa es la cultura del encuentro.

Dialogar no es negociar. Negociar es procurar sacar la propia tajada, ver cómo saco la mía, no es diálogo. No pierdas tiempo; si vas con esa intención, no pierdas tiempo. Es buscar el bien común para todos, discutir juntos, pensar una mejor solución para todos.

Muchas veces esta cultura del encuentro se ve envuelta en el conflicto. Vimos un ballet precioso recién: todo estaba coordinado, y una orquesta que era una verdadera sinfonía de acordes, todo andaba bien. Pero en el diálogo no siempre es así. No todo es un ballet perfecto, una orquesta coordinada. En el diálogo se da el conflicto, y es lógico y esperable, porque si yo pienso de una manera y vos de otra y vamos andando, se va crear un conflicto. No le tenemos que temer, no tenemos que ignorar el conflicto; por el contrario, somos invitados a asumir el conflicto. Si no asumimos el conflicto, nos va a dar dolor de cabeza. Que vaya con su idea a su casa y yo me quedo con la mía. No podemos dialogar nunca.

Esto significa: aceptar sufrir el conflicto, resolverlo y transformarlo en el eslabón de un nuevo proceso. Vamos a dialogar, hay conflicto, lo asumo, lo resuelvo, y es un eslabón de un nuevo proceso. Hay un principio que nos tiene que ayudar mucho: la unidad es superior al conflicto. El conflicto existe, hay que asumirlo hay que procurar resolverlo, hasta donde se pueda, pero con miras a lograr una unidad. No es uniformidad, sino es una unidad en la diversidad. Una unidad que no rompe las diferencias, sino que las vive en comunión por medio de la solidaridad y la comprensión.

Al tratar de entender las razones del otro, al tratar de escuchar su experiencia, sus anhelos, podremos ver que en gran parte son aspiraciones comunes. Y esta es la base del encuentro: todos somos hermanos, hijos de un mismo Padre celestial, y cada uno con su cultura, su lengua, sus tradiciones, tiene mucho que aportar a la comunidad. Ahora bien, ¿estoy dispuesto a recibir esto? Si estoy dispuesto a recibirlo y dialogar con ello, entonces sí me siento a dialogar; si no estoy dispuesto, mejor no perder el tiempo.

Las verdaderas culturas no están cerradas en sí mismas, sino que están llamadas a encontrarse con otras culturas y crear nuevas realidades. Cuando estudiamos historia, encontramos culturas milenarias que ya no están más, han muerto por muchas razones; pero una de ellas es haberse cerrado en sí misma.

Sin este presupuesto esencial, sin esta base de hermandad, será muy difícil arribar al diálogo. Si alguien considera que hay personas, culturas, situaciones de segunda, tercera o de cuarta, algo seguro saldrá mal, porque simplemente se carece de lo mínimo, que es el reconocimiento de la dignidad del otro. No hay personas de primera, de segunda, de tercera, ni de cuarta; somos de la misma dignidad.

  • responder María Inés Martínez ,

    Gracias Papa Francisco por la claridad del mensaje. Comencemos a ponerlo en práctica en nuestra vida cotidiana. Cuánto necesita nuestra patria Argentina de ese diálogo enriquecedor. Qué el Espíritu Santo nos inspire.

    • responder maria ,

      Excelentes palabras, la diversidad en la unidad,el respeto al otro en la escucha, el crecimiento por la
      diversidad, lo siento plenamente asi, gracias Francisco

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