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Nacimiento de la esperanza

Hugo Mujica
“Navidad nos dice que no se trata de negar la carne, sino que se trata de encarnar el alma, de hacerla historia, gesto humano, caricia de Dios sobre toda llaga, misericordia sobre cada dolor”.



Del evangelio de Lucas (2, 1-14)
En aquella época apareció un decreto del emperador Augusto, ordenando que se realizara un censo en todo el mundo. Este primer censo tuvo lugar cuando Quirino gobernaba la Siria. Y cada uno iba a inscribirse a su ciudad de origen. José, que pertenecía a la familia de David, salió de Nazaret, ciudad de Galilea, y se dirigió a Belén de Judea, la ciudad de David, para inscribirse con María, su esposa, que estaba embarazada. Mientras se encontraban en Belén, le llegó el tiempo de ser madre; y María dio a luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el albergue. En esa región acampaban unos pastores, que vigilaban por turno sus rebaños durante la noche. De pronto, se les apareció el Ángel del Señor y la gloria del Señor los envolvió con su luz. Ellos sintieron un gran temor, pero el Ángel les dijo: «No teman, porque les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor. Y esto les servirá de señal: encontrarán a un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre.» Y junto con el Ángel, apareció de pronto una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: «¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra, paz a los hombres amados por él!»

Un pesebre, una noche y una estrella,
ángeles, pastores y reyes magos, cánticos y regalos,
brillo de oro,
olor a incienso… y un niño.

Navidad es como un cuento oriental y,
como todo cuento, la primera forma de contar la vida,
y, como cuento sagrado: revelación.

Navidad es un cuento de niños sobre un niño,
Navidad es la gracia de volver a ser niño,
de volver a la cercanía del nacer.

De volver a nacer en la vida de Dios,
en la vida de Jesús que hoy nos nace
pero que siempre estuvo y nunca dejará de nacer.

Porque esa es la primera revelación de la navidad:
que Dios no solo es,
también nace, y no deja de nacer;
no deja de crearnos y creándonos se crea él.

Navidad es, ante que nada, como todo nacimiento, una esperanza,
y también, como todo nacimiento, una revelación:
y naciendo Jesús elige, y nos enseña qué elegir:
desde el inicio abrazar el destino humano:
la debilidad, la necesidad, la pobreza.

Nace con la necesidad inscripta en su cuerpo:
necesita leche como todo niño,
necesita recibir como todo hombre,

nace necesitado de afecto,
pide la primera caricia con el primer decirse llanto.

Como todo niño, como todo hombre y toda mujer,
como desde entonces y hasta hoy,
como cada uno de nosotros
aunque escondamos nuestra necesidad.

Nace en medio de la necesidad porque la necesidad
es el espacio y el llamado de la solidaridad,
la posibilidad de la hermandad,
de la cercanía, de poner el cuerpo,
de hacerse don.

El padre nace hijo, niño y Dios;
es la omnipotencia divina renunciando a su propio poder,
encarnándose en el temblor y el latido de la carne.

Es la omnipotencia divina naciendo
y poniéndose en los brazos de una madre,
de una mujer,
entregándose a las manos de los hombres,
dependiendo, también él.
Es Dios es carne viva,
es la vulnerabilidad de Dios en toda carne humana.

Navidad es la fiesta de la humanidad de Dios,
Y por eso, de la sacralidad de toda carne humana,
Lo sagrado de toda creación.

Desde la espiga de trigo que será eucaristía
hasta quien tiembla de frío
o muere de hambre en un umbral…
todo eso es Dios sobre esta tierra donde no deja de nacer.

Navidad nos dice que no se trata de negar la carne,
el cuerpo y la historia para desnudar el alma,
sino que se trata de encarnar el alma,
de hacerla historia, gesto humano,
caricia de Dios sobre toda llaga, misericordia sobre cada dolor.

Navidad es la fiesta de un Dios tan cercano
como para ser un igual,
tan igual que no solamente da,
también pide:

nos pide que demos nosotros lo que él vino a dar,
que continuemos nosotros latiendo su encarnación.

Cada año la navidad vuelve,
cada año nos vuelve a recordar la posibilidad más divina:
la de ser humanos,
la de elegir lo que eligió Dios.

Navidad, esta y toda navidad,
es el nacimiento de un Dios que no eligió serlo
por estar por encima de todos,
sino por no estar separado de nadie,

Navidad es un nacimiento,
el nacimiento de la esperanza de Dios
sobre cada uno de nosotros:

La esperanza de hacer de nosotros su humanidad,
de nuestra humanidad su propia carne viva,
su propia entrega a los otros,
su propio y humilde reino, su nueva creación.


Hugo Mujica estudió Bellas Artes, Filosofía, Antropología Filosófica y Teología. Tiene publicados más de veinte libros y numerosas antologías personales editadas en quince países; alguno de sus libros han sido publicados en inglés, francés, italiano, griego, portugués, búlgaro, esloveno, rumano y hebreo.

www.hugomujica.com.ar

  • responder Francisco Hector Sanchez ,

    Hola querido Hugo. Buen dia!
    Leo tus libros, escucho y veo tus entrevista, reflexiono, me conmuevo por la humanidad solidaria de tus palabras.
    Hoy es la primera vez que te escribo y haz traido a mi ser, un nuevo nacimiento creativo de vida.
    Muchas gracias!

    Abrazo fuerte fraterno!

    Francisco

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