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Nuestras opciones

Hugo Mujica
«Cada uno somos la suma de opciones que asumimos o descartamos ante la invitación de la vida… las opciones que fueron labrando un destino tan original como irrepetible: el de nuestra identidad».


Del evangelio de Lucas (13, 1-9)
En ese momento se presentaron unas personas que comentaron a Jesús el caso de aquellos galileos, cuya sangre Pilato mezcló con la de las víctimas de sus sacrificios. Él les respondió: «¿Creen ustedes que esos galileos sufrieron todo esto porque eran más pecadores que los demás? Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera. ¿O creen que las dieciocho personas que murieron cuando se desplomó la torre de Siloé, eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera». Les dijo también esta parábola: «Un hombre tenía una higuera plantada en su viña. Fue a buscar frutos y no los encontró. Dijo entonces al viñador: ‘Hace tres años que vengo a buscar frutos en esta higuera y no los encuentro. Córtala, ¿para qué malgastar la tierra?’ Pero él respondió: ‘Señor, déjala todavía este año; yo removeré la tierra alrededor de ella y la abonaré. Puede ser que así dé frutos en adelante. Si no, la cortarás'».

Nosotros somos la higuera seca;
es por nosotros y para nosotros que la Iglesia
año tras año nos pone frente a esta imagen,
que año tras año pide un nuevo salto de conversión,
una nueva gracia, un nuevo comenzar.

Es por nosotros y para darnos la gracia de la conversión
que año tras año nos llama a que la pidamos,
a que nos abramos a recibirla.
Que cada año, en medio de la cuaresma,
seamos llamados a despertar.

Nuestra verdadera naturaleza, lo que somos,
no es lo que ya vivimos, lo que ya es nuestra sombra:
es lo que podemos llegar a ser,
porque la vida no es un sustantivo sino un verbo,
un camino de umbral en umbral,
de opción a opción.

No somos llegando sino partiendo,
porque el tiempo cristiano no es ni el pasado
ni el presente: es el futuro,
es la esperanza de llegar a ser lo que Dios espera de nosotros,

la esperanza que Dios mismo puso en nosotros
de hacernos uno con todo y con él,
de darnos su vivir;
por eso la esperanza humana es, tácita o explícitamente,
esperanza de terminar de nacer.

Cada uno somos la suma de opciones que asumimos o descartamos ante la invitación de la vida,
somos la síntesis de nuestras respuestas,

las respuestas que nos transfiguran o las traiciones que nos desfiguran,
las opciones que fueron labrando un destino tan original como irrepetible:
el de nuestra identidad,
el del encuentro entre la realidad y nosotros,
entre la gracia y la libertad.

Optar por uno mismo, por la verdad de uno mismo,
la que cada uno abrazó,
llegar a encarnar los propios valores:
eso es ser un auténtico ser humano.

Es tener identidad, no apariencia.
es la posibilidad de ser persona y no un producto social o religioso,
la posibilidad de ser uno mismo y no la suma de las expectativas o los mandatos de los demás,
sean quienes sean los demás.

Si optar por uno mismo nos hace personas, optar por Cristo,
por su verdad, llegar a encarnar los valores que su carne vivió,
eso es convertirse, y no meramente crecer;
es buscar la santidad y no la realización.
dar la vida y no solo limosnas.

Convertirse es simple y por tanto insoslayablemente
optar por lo que Cristo optó:
los otros,
simple y radicalmente eso: el otro, cada otro, cada semejante,
cada necesidad.

Convertirse es responder,
es decir como Moisés ante la zarza ardiente:
“Aquí estoy, Señor”.

Por eso es dejarse convertir,
es escuchar, es ver, es hacerse vulnerable,
es dejarse tocar.
Es responder responsabilizándose por los otros,
por los que lo hizo Jesús.

Ser cristiano, dejarse elegir por Dios no desde lo alto,
sino desde las calles por las que anduvo Jesús,
desde el otro,
desde el necesitado, el humillado,
el que no tiene voz.

Ser cristiano, y a esto apunta la conversión,
no es un pertenecer a una religión;
es encarnar una vida,
la vida que se hizo carne en Jesús,
una vida no meramente en despliegue:
una vida en conversión, una respuesta a los demás.

O más aún, convertirse, es verter esa vida,
es entregarla.

Entregarla hasta ya ni convertirse ni no convertirse:
hasta el olvido de sí,

hasta el otro como medida de mi vida,
como horizonte de mis pasos,
como concreción y única verdad de mi conversión
como destino de mi amor encarnado,
de la compasión que estoy llamado a derramar,

la compasión con la que Dios aún espera el fruto de mi conversión.


Hugo Mujica estudió Bellas Artes, Filosofía, Antropología Filosófica y Teología. Tiene publicados más de veinte libros y numerosas antologías personales editadas en quince países; alguno de sus libros han sido publicados en inglés, francés, italiano, griego, portugués, búlgaro, esloveno, rumano y hebreo.

www.hugomujica.com.ar

  • responder Gabriela ,

    Sólo quien a sido penetrado y caminado con el cierto amor a Dios, puede decirnos con palabras tan bellas que nos acerquemos así a la fe. Gracias! !!!

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