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El perdón

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¿Cómo perdonar? Respondiendo a esta pregunta durante su visita a Sudamérica en 2013, el hermano David ofreció una visión esclarecedora. El perdón es un don, y es un don que nace del corazón, donde somos uno con todos.


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Hay tres formas de dar, de entregar. El perdón es la forma más difícil de entrega. La partícula “per” en per-donar significa intensidad: el perdón es un don en grado supremo.(1)

El primer nivel del dar consiste en renunciar a algo. Este “dar” a menudo se refiere a hacerle un presente a alguien, pero es más: es el dar de una madre a su hijo, es el “dejarlo ir”. Una madre debe “dejar ir” a su hijo para que nazca, y después, una y otra vez durante su vida, la madre tiene que renunciar al hijo. Esta renuncia, sin embargo, implica al mismo tiempo un apoyo. Esta es la diferencia entre abandonar y dejar ir: uno no se preocupa por aquello que abandona, pero sí por aquello que deja ir.

El segundo nivel del dar es el agradecer. Esto es más difícil aún. Por una parte, cuando damos las gracias no damos nada: no damos un obsequio a quien nos dio un obsequio; simplemente damos las gracias. Es como si dijéramos: “No tengo nada, por eso te doy las gracias por lo que me diste”. Pero dar las gracias de verdad es también muy difícil, puesto que nuestro agradecimiento tiene que nacer del corazón. Para poder agradecer, tenemos que llevar el regalo a nuestro corazón, y todo lo que llevamos al corazón hace que el corazón se rompa. Es necesario que se rompa; no que se destruya, sino que se abra. Para realmente dar las gracias tenemos que hacernos vulnerables, y tomar las cosas “a pecho”, de corazón.

Si perdonamos desde el corazón, estaremos perdonando a alguien con quien somos uno.
Perdonar es el tercer nivel del dar. Este es el grado más difícil, ya que solo se puede perdonar desde el corazón, y el corazón no es un lugar privado. Sintamos por un momento lo que sentimos cuando entramos al corazón. No es como meternos en el agujero de un ratón, donde estamos absolutamente solos; por el contrario, cuando nos permitimos sentir ese corazón desde donde amamos a la gente que amamos, cuando sentimos nuestro espacio más íntimo, nos damos cuenta de que en ese espacio somos uno con todos. Cada uno debe corroborarlo con su propia experiencia. Si perdonamos desde el corazón, en el que todos somos uno (y solo podemos perdonar desde el corazón), entonces estaremos perdonando a alguien con quien somos uno. Esto significa que antes de poder perdonar tenemos que hacernos cargo de la culpa, ya que quien es culpable y quien perdona están unidos. Nelson Mandela es un buen ejemplo. Fue un héroe del perdón porque fue realmente uno con todos. Mandela tuvo un corazón tan grande, que cada uno pudo sentirlo como suyo, como a su propio corazón.

 

(1) Lo mismo ocurre en inglés: La partícula “for” en “to forgive” (perdonar) refuerza al verbo “to give” (dar).


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