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Hazte cargo de ti mismo

¿Debo evitar hacer las cosas que realmente quiero hacer? ¿Viviré mi vida como los demás quieren que la viva? En este artículo, el Dr. Wayne Dyer te dice: “Vive… Sé tú mismo… Goza… Ama”.


Es posible que pierdas demasiados momentos presentes esforzándote por lograr la aprobación de los demás o preocupándote por alguna contrariedad que te haya acaecido. Si el deseo de aprobación externa se ha convertido en una verdadera necesidad en tu vida, quiere decir que tienes mucho por hacer en favor de ti mismo. Puedes empezar tratando de comprender que la búsqueda de la aprobación externa es un deseo más que una necesidad. A todos nos gusta que nos aplaudan, que nos hagan cumplidos y nos alaben. Nos sentimos bien cuando nos acarician mentalmente. ¿Quién querría renunciar a todo esto? Bueno, no hay ninguna necesidad de hacerlo. La aprobación no es un mal en sí misma; en realidad, la adulación es deliciosamente agradable. La búsqueda de la aprobación se convierte en una zona errónea sólo cuando se convierte en una necesidad en vez de un deseo.

En pocas palabras, se trata de tu vida: haz con ella lo que tú quieras.
Hay que deshacerse de la necesidad de aprobación. Tienes que erradicarla completamente de tu vida si quieres lograr tu realización personal. Esa necesidad es un psicológico callejón sin salida que no te aporta ningún tipo de beneficio. Es imposible vivir en este mundo sin provocar la desaprobación de los demás, y a veces en forma grave. Así es el ser humano; son los impuestos que se pagan por estar vivo, algo que simplemente no se puede evitar.

Es difícil enfrentarse con un rechazo o una desaprobación, y más fácil adoptar un comportamiento que inspirará aprobación. Pero cuando eliges este comportamiento más fácil, lo que estás haciendo es darle mayor importancia a la opinión de la gente que a tu propia valoración. Es una trampa peligrosa, y una trampa difícil de evitar en nuestra sociedad.

Se necesita mucha práctica para lograr erradicar la búsqueda de aprobación, pero bien vale la pena cualquier esfuerzo que pongas en ello. La inmunidad ante la desesperación de enfrentarnos con la desaprobación de los demás es como un billete que nos garantiza una vida llena de deliciosos momentos.

Mira por encima de tu hombro. Te darás cuenta de que tienes a tu lado un compañero que te acompaña constantemente. A falta de un nombre mejor, puedes llamarlo “Tu propia muerte”. Puedes tener miedo a este compañero, o usarlo en tu propio beneficio. De ti depende la elección.

Siendo la muerte una propuesta tan eterna, y la vida tan increíblemente breve, pregúntate a ti mismo: “¿Debo evitar hacer las cosas que realmente quiero hacer?” “¿Viviré mi vida como los demás quieren que la viva?” Lo más probable es que tus respuestas se puedan resumir en unas pocas palabras: Vive… Sé tú mismo… Goza… Ama.

Puedes temer tu propia muerte de forma negativa, o usarla para ayudarte a vivir de modo positivo. Escucha a Iván Ilich, de la novela de León Tolstoi, mientras espera la muerte, ese gran nivelador, contemplando un pasado completamente dominado por los demás, una vida en la que había desistido de ser dueño de sí mismo a fin de encajar en el sistema:

“¿Y si toda mi vida ha sido una equivocación, qué?” Se le ocurrió que lo que antes le había parecido completamente imposible, especialmente el hecho de que no había vivido como debería haberlo hecho, podría después de todo ser verdad. Se le ocurrió que sus impulsos vitales, reprimidos a la fuerza por sí mismo apenas los había experimentado, podrían haber sido lo único verdadero y real de su vida, y todo lo demás falso. Y sintió que sus obligaciones profesionales y toda la organización de su vida y de su familia, todos sus intereses sociales y oficiales, todo eso podría haber sido falso. Trató de defenderse y justificarse ante sí mismo, y de pronto sintió cuán débil era lo que estaba defendiendo y justificando. No había nada que defender…”

La próxima vez que tengas que decidir acerca de tu propia vida, que tengas que hacer una elección personal, hazte una pregunta muy importante: “¿Cuanto tiempo voy a estar muerto?” Ante esa perspectiva eterna, puedes decidir ahora lo que prefieres, lo que eliges, y dejar a los que creen que siempre estarán vivos las preocupaciones, los temores, la cuestión de si te lo puedes permitir o no, y el sentimiento de culpa.

Si no empiezas a actuar de esta manera, ya puedes formularte la posibilidad concreta de vivir toda tu vida tal como los demás piensan que debería ser. Ciertamente si tu estancia en la tierra es tan corta, debería ser por lo menos agradable. En pocas palabras, se trata de tu vida: haz con ella lo que tú quieras.

Extractos de “Tus zonas erróneas”, de Wayne Dyer.

 

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