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¿Qué hacer en una crisis?

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¿Qué podemos hacer en momentos de crisis? El hermano David nos invita a seguir tres pasos: reconocer el problema en que nos encontramos, desprendernos de algo que nos impide avanzar, y confiar en una guía que nunca falta.


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Crisis deriva de una palabra griega que significa tamizar o separar. Una crisis nos confronta con la necesidad de separar lo que es viable, lo que merece vivir, de aquello que tiene que morir. Si nos quedamos con la imagen del tamiz, encontraremos en toda crisis tres elementos importantes.

En los primeros años de la década del ‘70, en el sur de la India, los comerciantes, a fin de obtener más dinero por el arroz, le agregaban arena y un poco de grava para hacerlo más pesado. En esas condiciones el arroz no podía ser cocinado ni comido. Simplemente no había arroz limpio disponible. Esto llevó a una situación crítica sin solución a corto plazo. Este es el primer elemento en una crisis: reconocer que estamos frente a un problema difícil de superar.

Algo había que hacer. Había que encontrar una forma de separar el arroz de la arena y la grava. Esto se logró con grandes cribas de malla metálica. En todas partes, antes de poder preparar la comida, las mujeres tenían que perder horas y horas, primero sacudiendo grandes cribas para separar la grava del arroz y la arena, y después, con un tamiz muy fino separar la arena del arroz. El material menudo pasa a través de los orificios de la criba, el material grueso queda en la malla metálica. Algo pasa y algo queda atrás. Pero con solamente colocar en la criba la mezcla de arena, arroz y grava, no se consigue nada. Para separar el arroz de la arena y la grava, las mujeres tenían que sacudir las cribas de un lado a otro. El desprenderse de lo que no sirve -segundo elemento en toda crisis- requiere acción.

Primero viene el reconocimiento del problema; luego hay que salir de ese problema. ¿Pero cómo sabían las mujeres qué acción tomar? En alguna parte, en algún momento, aprendieron que podían usar cribas para separar el arroz de la arena y la grava. Este conocimiento lo obtuvieron por medio de una guía, el tercer elemento en toda crisis. Una guía nos indica qué acción tomar al enfrentar la crisis. Sin esta guía no sabríamos qué acción tomar para poder separar lo que no sirve de aquello que debe permanecer.

Cuando estamos ante un problema, tenemos que hacer algo; es decir, reconocerlo. A veces nos encontramos con una dificultad, y al no lograr reconocerla, simplemente “nos golpeamos la cabeza contra la pared”. Cuanto antes reconozcamos la pared, más pronto vamos a dejar de golpear la cabeza contra ella. ¡Atención! El estar vigilantes nos ayuda a reconocer una dificultad insalvable.

Pero a menudo algo interfiere con esa vigilancia, con el reconocer que estamos enfrentando una pared. Y ese algo es el miedo. El miedo nos paraliza y no logramos reconocer el problema como tal.

¿Qué es lo opuesto al miedo? ¿La aceptación? ¿La alegría? ¿La liberación? ¿La fe? Hay muchas respuestas a esta pregunta, pero en mi vocabulario lo que más claramente se ajusta como opuesto al miedo es la fe. Muchos no lo ven así porque confunden fe con creencias. Ahora bien, en muchas ocasiones nuestro sistema de creencias puede ser útil; en otras ocasiones, las creencias pueden ser una jaula donde la fe está presa. Pero la fe, tal como yo la entiendo, es una confianza valiente. Este es el significado básico de fe: lo diametralmente opuesto al miedo.

Si hay algo que es seguro, si hay algo en lo que realmente podemos confiar, aun antes de que la crisis aparezca, es esto: la guía que estuvo allí aun antes de que existiéramos, nos acompañará hasta el fin de la crisis.
Aquí tenemos que hacer una distinción, porque en la vida muchos miedos son saludables y razonables. Debemos aceptarlos, es absolutamente normal tenerlos. Por el contrario, el miedo del que hablábamos es el temor o ansiedad, el miedo irracional. Para poder reconocer nuestros miedos irracionales podemos hacer una lista de todos nuestros miedos y observarlos uno por uno. ¿Es este miedo razonable? Ante la duda digamos que sí. Pero tarde o temprano nos encontraremos con miedos que son absolutamente irracionales. Y entonces solo podemos sacudir la cabeza y preguntarnos: “¿Por qué tengo este miedo?” Tal miedo es enfermizo, es temor, es el miedo opuesto a la fe. Pero cuando tenemos fe, cuando tenemos esa confianza valiente, ya no estamos paralizados por el miedo, sino que estamos lo suficientemente alertas y atentos como para reconocer que tenemos un problema serio.

Después de haber reconocido el problema, ¿qué necesitamos? En la segunda fase, que es desprendernos de lo que no sirve, necesitamos osadía, necesitamos el coraje de enfrentar todo aquello que el problema implica. Este coraje tiene mucho que ver con el a menudo mal interpretado “desprendimiento”, tan usado en el léxico religioso. Si no hay nada que pueda ser separado; si la arena, el arroz y la grava están aglutinados en una sola masa, entonces nada va a pasar a través de la criba. Estamos atascados. Así, cuando hay un problema, debemos desprendernos de algo. Aquello de lo que nos desprendemos, si todo va bien, es lo que ya no es viable, es aquello que no tiene posibilidades de sobrevivir, es aquello que únicamente nos está reteniendo y abatiendo.

Pensemos en el proceso del nacimiento. Si miramos a nuestro alrededor, no veremos a nadie andando con una placenta a cuestas. Hubo un tiempo en fue útil tener una placenta unida a nuestro cordón umbilical; pero sería bastante incómodo ir por la vida de esa forma. Tenemos que desprendernos de algo. Aunque pueda ser penoso en su momento, a la larga es liberador. Esta es una imagen del desprendimiento.

Ahora llegamos al tercer aspecto: la guía. Pensemos en una guía como algo que nos llega en la medida en que nosotros estamos en armonía con ella. Esta guía está siempre presente.

Pero esto, a su vez, nos resulta un problema. Nos parece demasiado bueno para ser cierto, y por eso no confiamos. Es por eso que la fe requiere un tremendo esfuerzo del corazón. ¿Esfuerzo para qué? Para aceptar esa guía que está siempre presente. No es como si estuviéramos desprotegidos y de repente, cuando nos encontramos ante una dificultad insuperable, alguien nos tira una cuerda salvadora. ¡No! Si hay algo que es seguro, si hay algo en lo que realmente podemos confiar, aun antes de que la crisis aparezca, es esto: la guía que estuvo allí aun antes de que existiéramos, nos acompañará hasta el fin de la crisis. Esta guía es el fundamento de todas las cosas.

Hermano David Steindl-Rast

Este artículo es una respuesta del hermano David a una consulta acerca de la gratitud en momentos de crisis.
 

  • responder Sara ,

    Gracias!

    • responder Dolores ,

      Hola muy bueno Gracias!!!

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