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Trabajo y ocio (continuación)

(Continúa de la pág. 1)

Si nos preguntamos cuál de nuestras distintas actividades es un fin en sí misma, nos daremos cuenta que la respuesta es la celebración, y eso es lo que es el ocio: una actitud interna de celebración. A la pregunta: “¿qué necesitamos para vivir esta actitud de ocio?”, la mayoría quizás diría “necesito más tiempo”. Esto es cierto, pero yo diría que primero necesitamos una actitud interna de celebración. Si no la tenemos, necesitamos cambiar nuestro modo de pensar.

vasija

Por supuesto que necesitamos tiempo; invariablemente nos parece que el tiempo es lo que siempre nos falta. Sin embargo, vivir el ocio es hacerse tiempo. Si pensamos en el tiempo que nos gustaría tener para vivir el ocio como algo que podríamos conseguir después del trabajo, nunca la obtendremos. Si, por otro lado, pensamos en el tiempo que necesitamos para tener ocio como una expansión interna, como algo que podemos obtener incluso en los momentos en que estamos más ocupados, entonces nos daremos ese tiempo sin importar cuán ocupados estemos. En este contexto, cuando decimos que nos hacemos tiempo aunque trabajemos, quiere decir que trabajamos con una actitud interna de celebración.

Para poder darnos tiempo tenemos que hacer dos cosas: una negativa y otra positiva. La negativa es difícil para las personas generosas, pero es absolutamente necesaria. Debemos aprender a decir “no”, y decirlo sin que nos remuerda la conciencia. Muchas veces nuestro deber es simplemente evitar involucrarnos demasiado, para evitar así terminar colapsados. Por lo tanto, debemos saber decir “no”. El aspecto positivo que debemos aprender a hacer es encontrar los banquetes que Dios nos ha preparado; encontrarlos en los lugares más inverosímiles y en los momentos en que estamos nerviosos o frustrados debido a lo que parece ser una espera infinita, una pérdida de tiempo. Por ejemplo, si estamos en el consultorio del doctor o en el aeropuerto durante una conexión y no tenemos un libro ni queremos leer una revista, quizás al mirar por la ventana y ver un árbol o un niño que juega, encontraremos el banquete que Dios nos ha preparado. En otras circunstancias no nos habríamos hecho un tiempo para meditar acerca de un árbol por media hora, ni a disfrutar de la alegría e inocencia de un niño jugando. Sin embargo, al aceptar el momento, al vivir en el ahora, podemos aprovecharlo al máximo, podemos celebrarlo.

Así, regresamos a la mano abierta que recibe en lugar del puño apretado. El “ahora” del ocio se contiene en una sola palabra: agradecimiento. Si la gratitud llena toda nuestra vida, entonces nuestra vida estará llena de ocio. Hemos visto que el ocio es el justo equilibrio entre trabajo y descanso, liberándonos para estar totalmente vivos. El ocio es también un fin en sí mismo, como lo es la celebración, por lo que no necesitamos nada más que darnos tiempo. Finalmente, el ocio es gratitud.

En la medida en que nuestro trabajo incluya al ocio, nuestras obras entran en el sacrificio de Cristo, porque el gesto del sacrificio y el gesto de la gratitud están estrechamente relacionados.
Como lo dije al principio, el buen trabajo será el resultado de esta actitud de ocio. Es fácil ver que todo trabajo hecho bien lleva las señales que hemos descubierto en este análisis del ocio. Tomemos como ejemplo cualquier obra de un buen artista o artesano: el techo de la Capilla Sixtina, la Quinta Sinfonía de Beethoven, una buena silla, un rico pastel, una linda vasija o cualquier cosa que nos guste. Antes que nada, ¿cómo las hicieron? En todos los casos, con tiempo; ese es el componente esencial. Si se hubiera hecho de prisa lo notaríamos. También podemos reconocer un cierto nivel de dar y tomar entre el artista y los materiales, a diferencia de alguien que abusa de ellos y los utiliza de manera tosca e impone una idea arbitraria desde afuera. Por ejemplo, en una buena vasija, la arcilla y la manera que ésta se coloca en la rueda del ceramista contribuyen a la perfección del trabajo; el autor sencillamente permite que estas cosas sucedan. Además, una buena pieza de trabajo siempre tiene sentido. No solo será útil o funcional, a menos que incluyamos la idea de celebración también en lo funcional, como creo que debemos hacerlo. En resumen, una pieza de buen trabajo es algo vivo; será algo en lo que ha entrado la vitalidad del ocio. Será completamente distinta a otra vasija hecha de prisa, sin amor, o en una línea de montaje, sólo con fines utilitarios.

En la medida en que nuestro trabajo incluya al ocio, nuestras obras entran en el sacrificio de Cristo, porque el gesto del sacrificio y el gesto de la gratitud están estrechamente relacionados. Este es nuestro objetivo: darnos cuenta, como Teilhard dijo, de que “desde la mano que mezcló la masa hasta las manos que la consagraron, se debe preparar y manejar la gran hostia universal con un espíritu de adoración”. Y el espíritu de adoración es también el espíritu de la gratitud, el espíritu del ocio.

Hermano David Steindl-Rast

Reproducido de Good Work (Quarterly of the Catholic Art Association) Vol. XXXII, # 1 (1969)

 

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