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A las cosas por su nombre

Jose Chamorro

En este momento frágil que atravesamos, volvemos a tener otra oportunidad para replantearnos nuestro modo de vivir.


Hace ya algunos años Pierre Weil, psicólogo y fundador de la Universidad Internacional Holística de Brasilia, acuñó el término normosis para referirse a algo distinto de la psicosis y la neurosis y que, en definitiva, tenía que ver con la ceguera que padece el ser humano y que nos hace ver lo que acontece como algo normal. Es normal que haya pobres, que deforestemos, que contaminemos, que explotemos a los más vulnerables…

Pero lo cierto es que esta normalidad es síntoma de una enfermedad que padecemos sin que lleguemos a reparar en ello. Una ceguera que nos permite que sigamos mirando por el bienestar individual a toda costa y que nos hace egoístas e insensibles frente al dolor del mundo. Una falta de visión que, ante lo que logra percibir, es fría y calculadora como se puede apreciar cada vez que tratamos los datos relativos a las muertes de personas (como sucede ahora con el covid-19, por ejemplo) como si fuera una especie de salsa rosa de la estadística.

La «normosis» nos hace ver a nuestros desvaríos como algo normal.

Es esta normosis la que no nos permite reconocer el fracaso para la vida que supone el sistema productivo capitalista, y su ideología política neoliberal, que sigue explotando, agotando y expoliando la Tierra y que sigue tratando al ser humano como objeto y no como sujeto. Que nos ha hecho creer la mentira de este sueño generando una cultura del consumismo, influidos por el marketing, el derroche de todo tipo de bienes incluidos los alimentos y de otros tantos productos.

Un sistema materialista, competitivo e individualista, cargado de arrogancia, que solo desea generar riqueza que solo disfrutarán unos pocos (el 1% de la población del mundo rico controla cerca del 90 % de toda la riqueza). Una estructura que ya entró en crisis porque no era ni es viable, porque parte de un presupuesto que es erróneo, pues considera ilimitados los bienes del Planeta para lograr el desarrollo que predica. Crisis que solucionó con un “más de lo mismo” pues la medición que utilizó también era claramente material (como es el caso del PIB).

Creo que ahora, en este momento frágil que atravesamos, volvemos a tener otra oportunidad (¿será la última o la penúltima?) para replantearnos la manera de vivir que tenemos. Si seguimos mirando para otro lado, si seguimos contestando de manera tan mediocre, normalizando respuestas políticas que miran más por el poder que por el servicio que deben de prestar a la ciudadanía y a la Casa Común que es la Tierra, si continuamos así, generando en definitiva un sufrimiento que es inmerecido para cualquier forma de vida, estamos condenando toda forma de existencia.

Llegamos a este mundo hace apenas nada, si consideramos los miles de millones de años de evolución, siendo la parte consciente de la vida. Hagamos uso de la responsabilidad que eso implica y generemos relaciones basadas en la compasión, la cooperación, la sostenibilidad y el respeto profundo para todo cuanto existe, solo así podremos perfilar un horizonte esperanzador para la comunidad de vida de la cual formamos parte.

Jose Chamorro

Artículo aparecido en el Diario Jaén


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