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Reunir

Hugo Mujica
Marta y María representan realidades que estamos llamados a reunir: «No hay palabra por un lado y acto por otro, tierra por un lado y cielo por otro, Dios por un lado y hombre por otro».


reunir

Del evangelio de Lucas (10, 38-42)
Jesús entró en un pueblo, y una mujer que se llamaba Marta lo recibió en su casa. Tenía una hermana llamada María, que sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Marta, que estaba muy ocupada con los quehaceres de la casa, dijo a Jesús: “Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola con todo el trabajo? Dile que me ayude”. Pero el Señor le respondió: “Marta, Marta, te inquietas y te agitas por muchas cosas, y sin embargo, una sola cosa es necesaria. María eligió la mejor parte, que no le será quitada”.

El evangelio nos pone ante dos hermanas que aman a Jesús,
ante él que es la palabra de Dios,
la palabra que vino no a ser servido sino a servir.

El evangelio nos adentra en la casa de las dos hermanas
que aman a Jesús y ante Jesús que ama a ambas:
Marta es la que recibe al Señor,
la presencia del Señor, para ella,
es el llamado al servicio, la acogida: el cuidado.

María, cautivada por la palabra de Jesús, reposa a sus pies:
y se queda allí,
bajo la mirada y las palabras de Jesús.

Marta da sus preocupaciones, da su trabajo,
ofrece el servicio.

Una da, la otra acoge: ambas al mismo señor,
una y otra con el mismo amor.

María da su presencia: da sus manos vacías.
Se da ella misma,
dejando a Jesús decirse en ella,
María deja a Dios ser Dios: ser don,
o ni siquiera ser, simple y abismalmente darse.

María da su vacío,
el espacio que Dios necesita para seguir siendo palabra,
para que el verbo prosiga su conjugación,
su encarnación.

En esa interioridad, el amor mismo es la obra más importante,
es la energía más operante,
es la vida antes de ser acto, antes de ser proyecto propio
o historia de todos.

Esa escucha, ese dejarse fecundar
por la palabra que es Dios,
es lo único necesario para la vida y para que la muerte no sea muerte.

El obrar viene después: después las ocupaciones,
después el trabajo, después, incluso después,
el amor que se da,
porque ya no será darlo sino expresarlo,
rebasarlo.

Sin este permanecer,
todo lo demás es hueco, es lo llamado a pasar.

María escucha, Marta obra, flujo y reflujo,
raíz y fruto.

Primero viene la escucha, primero la semilla,
pero después tiene que darse fruto,
el fruto es el resultado y la meta,
sin él lo escuchado no fue escuchado,
porque cristianamente hablando:
escuchar es responder,
contemplar es obrar,
amar a Dios es entregarse al hermano vacío.

La escucha es raíz, el obrar el fruto.
El fruto en el que la raíz se cumple,
el fruto en el que la raíz se separa de sí,
se entrega y trasciende.

Separar la escucha de Jesús de lo que las palabras de Jesús dicen,
no es escuchar,
no es contemplación sino alienación,
es contemplación sin transformación:
es complicidad con la herida de la injusticia que atraviesa la historia humana.

No hay palabra por un lado y acto por otro,
no hay tierra por un lado y cielo por otro,
no hay Dios por un lado y hombre por otro.

En Cristo, lo más divino del hombre y lo más humano de Dios se conjugan unidad;
desde entonces, cristianamente hablando,
la tierra y el cielo ser reúnen y,
reunirlos,
es la misión de cada cristiano,
es la inseparable hermandad de Marta y María,
su unidad,
la que tenemos que reunir en cada uno de nosotros.

La escucha de María y la respuesta de Marta son como el cuerpo y el espíritu,
y el espíritu llega a ser espíritu cuando se encarna,
cuando hace de nuestro cuerpo la carne de nuestra fe,
la encarnación de lo que profesamos.

En ese lugar, ese espacio que su palabra abre,
ese lugar que no es lugar sino encuentro,

se cumple la vida humana:
encarnamos esa única entrega que todos somos
y que cada uno tiene que hacer propia
esa entrega a la que cada uno tiene que decir su amén.


Hugo Mujica estudió Bellas Artes, Filosofía, Antropología Filosófica y Teología. Tiene publicados más de veinte libros y numerosas antologías personales editadas en quince países; alguno de sus libros han sido publicados en inglés, francés, italiano, griego, portugués, búlgaro y esloveno.

www.hugomujica.com.ar

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