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“¡El amanecer de la paz!”

“¡Cesó la horrible noche! ¡Y llega el día con todas sus promesas! ¡El amanecer de la paz! ¡El amanecer de la vida!” Después de medio siglo de una guerrilla que asoló al país, el pasado lunes 26 de septiembre firmaron un acuerdo de paz el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, y Rodrigo Londoño, jefe de las FARC.



El 26 de septiembre de 2016 será recordado como un día histórico. El Gobierno de Colombia y la guerrilla de las FARC firmaron la paz después de 52 años de guerra, que dejó cerca de ocho millones de víctimas, más de 260.000 muertos y decenas de miles de desaparecidos. “En nombre de las FARC ofrezco perdón a todas las víctimas del conflicto”, concluyó Rodrigo Londoño, alias Timochenko, máximo jefe de la guerrilla. “Esa es la liberación que da el perdón. El perdón que no solo libera al perdonado, sino también –y sobre todo– al que perdona”, recalcó el presidente, Juan Manuel Santos. Y dirigiéndose a los miembros de las FARC, les dijo: “Como jefe de Estado de la patria que todos amamos les doy la bienvenida a la democracia”.

El “balígrafo”, o bolígrafo hecho con una bala, con que se firmó el acuerdo de paz.

Santos y Timochenko firmaron el acuerdo de paz con un “balígrafo”: un bolígrafo hecho con los restos de una bala. Acto seguido, Santos se quitó el prendedor con una paloma que vistió en sus camisas durante los últimos meses y se lo regaló a Timochenko, que de inmediato se lo puso en la solapa. Al acto asistieron el Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, junto a más de una decena de jefes de Estado de América Latina. Entre la élite nacional e internacional hubo también un espacio para las víctimas de la guerrilla. Más de 200 de ellas han llegado en aviones desde diversos puntos del país.

Santos y Timochenko se saludan.

El fruto de cuatro años de intensas negociaciones en La Habana que cuenta con el respaldo unánime de la comunidad internacional se materializó el lunes por la noche en una ceremonia solemne en la ciudad de Cartagena de Indias, pero aún le falta el beneplácito de los colombianos. Al plebiscito del próximo 2 de octubre se refirió Santos durante toda su intervención: “Con su voto, cada colombiano tendrá un poder inmenso: el poder de salvar vidas”.

Por su parte, Timochenko aseguró: “Nuestra única arma será la palabra. Que nadie dude de que vamos hacia la política sin armas; preparémonos todos para desarmar las mentes y los corazones”. La ONU se ha comprometido a verificar el cese al fuego bilateral y definitivo y el desarme de las FARC, que no se podrá prolongar más allá de seis meses. Es decir, en el primer trimestre de 2017, las FARC tienen que haber entregado su arsenal para poder iniciar su camino hacia la política de forma legal.

El Secretario de la ONU Ban Ki-moon y la presidente chilena Bachelet asisten a un emocionado presidente Santos.

Parafraseando al Himno Nacional, Santos concluyó su discurso con palabras emotivas: “¡Cesó la horrible noche! ¡Y llega el día con todas sus promesas! Hoy los invito a todos –a los jóvenes y los adultos, en los campos y en las ciudades, a los escépticos y a los entusiastas, ¡a todos!– a que abramos los brazos, los ojos, las mentes, y demos la bienvenida al nuevo día. Abramos nuestros corazones al nuevo amanecer; al sol brillante y lleno de posibilidades que se asoma en el cielo de Colombia. ¡El amanecer de la paz! ¡El amanecer de la vida!”

El Gobierno y las FARC han puesto fin al horror de cinco décadas. Ahora, serán los colombianos quienes decidan este domingo si prefieren mirar a un futuro de paz o instalarse eternamente en el pasado.


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