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Cantar para estar plenamente vivos

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En sus saludos por las Fiestas, el hermano David nos invita a conservar el espíritu de la Navidad a lo largo de todo el año. “Cuando el canto de los ángeles se acalla, cuando la estrella desaparece… es entonces cuando la obra de la Navidad comienza”.


Queridos amigos:

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Cantar es una de los gozos más grandes de los que disfruto durante las Fiestas, y en nuestro monasterio cantamos muchas canciones alegres para esta época. En estos días me vino a la mente el pensamiento de que los cantos propios de las Fiestas pueden interpretarse como una forma de entrenar nuestro espíritu para comenzar un nuevo año. Cantar nos ayuda a despertar y a estar plenamente vivos. ¿Acaso no es este estar despiertos y plenamente vivos la actitud necesaria para acoger las sorpresas que vendrán a nuestro encuentro?

Howard Thurman (1899-1981), gran pensador, educador y activista, me ha enseñado lo importante que es esta actitud para cada uno en particular y para el bien de la humanidad en general. Una de sus citas más conocidas dice: “No te preguntes qué necesita el mundo. Pregúntate qué es lo que te hace sentir plenamente vivo, y hazlo. Porque lo que el mundo necesita es personas plenamente vivas”.

Quienes están plenamente vivos miran a nuestro mundo doliente con compasión. Sus ojos derraman ardientes lágrimas que fluyen hacia su interior. Sin embargo, en lo más profundo recuerdan el consejo de San Agustín: “Mira el todo; alaba el todo”. Esta visión del todo despierta en ellos un canto que sigue resonando en sus corazones aún después de que el canto de los ángeles en Navidad ha terminado. Howard Thurman dice:

“Cuando el canto de los ángeles se acalla,
cuando la estrella desaparece,
cuando los reyes emprenden el regreso,
cuando los pastores vuelven a sus rebaños,
es entonces cuando la obra de la Navidad comienza:
buscar al perdido,
sanar al herido,
alimentar al hambriento,
liberar al esclavo,
reconstruir la comunidad,
reestablecer la paz,
hacer música en el corazón”.

Esta música comienza con el canto de los ángeles, y resuena en los corazones de quienes están plenamente vivos, quienes en la vida diaria ponen en práctica lo que celebramos en Navidad: la sanación, la liberación, la paz. Personas sombrías, que hacen el bien casi por obligación, nunca podrán lograr lo que logra hacer un corazón desbordante de alegría. Con esta actitud, todo lo que hacemos se convierte en alabanza. Ésta es nuestra vocación como seres humanos: alabar, pese a los golpes del destino en nuestra vida personal y a nuestro alrededor. Como dice Rilke:

“Entre los golpes persevera nuestro corazón,
como la lengua persevera entre los dientes
sin dejar de alabar”.

Por el bien de nuestro mundo, les deseo (y me lo deseo a mí mismo), tener un corazón que canta, no solo durante estas Fiestas, sino a lo largo de todo el nuevo año.

Hermano David

PD: En lugar de una imagen de ángeles cantando, les envío esta escultura de Enst Barlach titulada “Hombre que Canta”, que expresa muy bien lo que he querido decir en palabras.

 

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