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El polvo del corazón

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Ana María Díaz
Cuando somos incomprendidos, ignorados o no correspondidos, nos abordan sentimientos de depresión, desconfianza y resentimiento. El consejo de Jesús de “sacudir el polvo de los pies” puede referirse a limpiar el alma de esos sentimientos.


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Cuando se ofrece honesta y confiadamente algo propio y es rechazado, no apreciado o ignorado, nos provoca un dolor que deja importantes secuelas. Es el caso de los artistas incomprendidos por el público masivo, sobre todo cuando se trata de arte mayor, puesto que los artistas casi siempre se anticipan a los tiempos y les toca empujar arduamente la historia hacia las nuevas sensibilidades que nos permitirán redescubrir la vida. Es también el caso de aquellos que les toca la triste experiencia de hacer solos el viaje a “Upendi”*, viviendo un amor no correspondido. Es el caso de los cesantes que día tras día ofrecen sus servicios y del otro lado nadie se interesa en recibirlos. Es el caso de los que ofrecen su amistad y no son retribuidos…

Todas estas situaciones tienen en común el dolor, la indefensión, el sentimiento de ser desconfirmados, no apreciados o desvalorizados. Y fácilmente estos penosos sentimientos nos pueden deprimir, robar la esperanza, volvernos desconfiados o resentidos; todo lo cual ensucia el corazón.

En el evangelio, Jesús envía a los discípulos a curar, bendecir y anunciar la buena noticia, dándoles una serie de recomendaciones prácticas y sabias para abordar la misión. Todas son recomendaciones importantes, pero los invito a focalizar la mirada en la última de todas: ¿Qué hacer si la misión no es bien recibida?

“Y si un lugar no los recibe ni los escucha, al marcharse de allí sacudan hasta el polvo de sus pies…” En un lugar reseco, con escasez de agua, donde la gente se trasladaba principalmente caminando, el tema del polvo se había convertido en una cultura de rituales y significados. Todo viajero que había visitado tierras extrañas, antes de entrar a la propia ciudad, realizaba un exhaustivo trabajo de sacudirse el polvo de la ropa y el cuerpo, particularmente de los pies, para dejar fuera lo foráneo y no contaminar lo vernáculo.

Sacudirse el polvo de los pies es separar lo propio de lo ajeno, cuidar el territorio autóctono y dejar que los otros se hagan cargo del suyo; reconocer las propias decisiones, opciones y búsquedas, distinguiéndolas de las decisiones, opciones y búsquedas de los otros.

Cuando lo que ofrecemos es rehusado, eso nos hiere, a veces hondamente. Entonces comienza el lento proceso de sanar, proceso que toma su tiempo, pero como nos recordó Shakespeare: “¿Qué herida se curó sino poco a poco?” Sin embargo, para que nuestras heridas curen bien, es necesario acoger la sabia recomendación de Jesús. Todo lo que ofrecemos honestamente nos honra, nos construye y nos vivifica. Cuando es aceptado, nos llenamos de luz y gratitud; cuando es rechazado, es preciso tomarse un tiempo para sacudir el polvo del corazón, único modo de continuar habitando genuinamente nuestra ciudad natal.

Ana María Díaz

*En la película “El Rey León”, Upendi es la tierra del amor.

 

  • responder silvia ,

    Me enccanto Yo hoy voy a sacudir el polvo de mi corazon

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