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Padre de nuestra esperanza

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Ana María Díaz
En un mundo en el que aún subsisten el fundamentalismo y la intolerancia, los escritos de Pierre Teilhard de Chardin alientan la esperanza de evolucionar hacia una espiritualidad universal, hacia un nivel superior de conciencia.


En octubre de 1975, una asamblea de líderes espirituales leyó en las Naciones Unidas una declaración que en unos de sus párrafos decía lo siguiente:

«…Las crisis de nuestro tiempo están desafiando a las religiones del mundo a que liberen una fuerza espiritual nueva, por encima de toda frontera religiosa, cultural y nacional, al encuentro de una nueva conciencia de la unidad de la comunidad humana, a fin de crear con ello una dinámica espiritual que pueda solucionar los problemas mundiales… Nosotros afirmamos la necesidad de una nueva espiritualidad, despojada de toda insularidad y orientada a una conciencia planetaria».

Hoy, cuarenta años después, podríamos hacer esta misma declaración con mayor ardor, urgencia y aflicción. Sin embargo, al pesimismo que nos invade a ratos podemos contraponer hechos innegables. Hoy se cumplen sesenta años de la muerte de Pierre Teilhard de Chardin, científico y sacerdote jesuita, paleontólogo y místico, buscador apasionado de las huellas de la evolución humana en la historia pasada, y profundo creyente en la finalidad expansiva del cosmos y de la humanidad en el futuro. Él mismo decía que la esperanza es necesaria para que la felicidad sea completa, y contribuyó como nadie a expandir nuestra esperanza.

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En 1975 la escritora norteamericana Marilyn Ferguson recibió el encargo de hacer una investigación sobre la renovación de la ciencia, la cultura, el pensamiento, etc, que se estaba produciendo en el mundo. Para ese efecto se planteó entrevistar a 210 líderes mundiales de la renovación en el mundo, en diversos ámbitos. Entre sus entrevistados están los hombres y mujeres que han modelado el mundo actual. Una de las preguntas de la entrevista fue quiénes habían influido su pensamiento y su vocación. Lejos, el autor más nombrado fue Pierre Teilhard de Chardin.

El verano en que cumplí trece años leí por primera vez “El Medio divino”, el corazón de la obra de Teilhard de Chardin, sin saber lo que estaba haciendo; sin saber que leía a un autor que había sido perseguido y prohibido por la Iglesia; sin saber el enorme impacto que tendría en mi vida, sin saber que ese libro y su autor me podrían, con el tiempo, en el corazón de la renovación que el mundo ha vivido los últimas cinco o seis décadas. Hoy quiero celebrar su vida, su lucha y su legado como padre de un tiempo nuevo, que va mucho más allá del mérito que se le suele atribuir, cual es el de gestar una manera radical de mirar a la ciencia y la fe cristiana juntas.

En 1987 el teólogo y cardenal Ratzinger, en sus Principios de Teología Católica, admitió que uno de los principales documentos del Concilio Vaticano II, Gaudium et Spes, fue permeado por el pensamiento del jesuita francés. La Gaudium et Spes es el documento más largo de toda la historia conciliar de la Iglesia, siendo la primera vez que un documento del magisterio extraordinario habla sobre los aspectos directamente temporales de la vida cristiana. Nunca se había hablado tan directamente del hombre enfrentado con los problemas de su vida en la tierra. También es nuevo el método que sigue el documento: en vez de partir de los datos de la fe, se apoya en una descripción de la condición humana en el mundo de hoy. Por consiguiente, una lectura empírica y luego una teológica. Una verdadera revolución epistemológica, exegética y espiritual.

Víctor Hugo decía que ni el ejército más poderoso puede contra una idea a la que le llegó su tiempo. Lentamente, pero sin pausa, nuestra espiritualidad va saliendo de las claves premodernas. No hay motivos para perder la esperanza. Solo necesitamos renovar nuestra confianza en las miradas nuevas que nos regalan los tiempos actuales, y como decía el mismo Teilhard, tal vez a ratos con “menos frescor y exuberancia expresiva, pero siempre con el mismo asombro y la misma pasión”.

Ana María Díaz

Para conocer más sobre la vida y el pensamiento de Teilhard de Chardin, haz click aquí.


 

  • responder Maria Isabel ,

    Buenísimo