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Cuarentena en Cuaresma

Reflexiones en torno al mensaje bíblico para estos momentos de cuarentena que estamos transitando.


Estamos viviendo la Cuarentena en medio de la Cuaresma Cristiana, este tiempo de preparación a la Pascua. Este año, la liturgia nos acerca los textos bellísimos del Evangelio de Juan, cargados de símbolos. Hoy en Juan, capítulo 11, versos 1 al 45, tenemos un relato detallado.

Allí aparecen entreverados claramente los dos “tiempos” de la historia, aquella y la nuestra. Por un lado, los tiempos de los hechos: Lázaro enfermo en Betania, sus hermanas Marta y María mandan a buscar a Jesús, Jesús no llega a tiempo, Lázaro muere y lo sepultan. Los judíos visitan a la familia doliente, Jesús llega cuando ya está hace cuatro días sepultado. Marta y María le reclaman no haber llegado a tiempo. Jesús llora.

Por otro lado, los tiempos del sentido: Jesús ve como oportunidad una situación que su origen no depende de él. Al llegar se manifiesta como símbolo de la Vida y la Vida Plena (Resurrección) e invita a Lázaro a salir y a los demás a quitarle las vendas que le impiden andar en esta nueva etapa de la Vida, sin ataduras.

El domingo pasado leíamos el Evangelio de Juan (cap. 9) donde nos hablaba del ciego de nacimiento y como Jesús mezclando su aliento y barro (como en la Creación del Génesis, en una nueva Creación, donde la Vida se manifiesta nuevamente), lo libera de la ceguera.

Hoy nosotros allí estamos. Entreverados en estos dos tiempos, el de los hechos y el del sentido. El sentido no elimina la contundencia de los hechos ni es el origen de los mismos (no tenemos Pandemia para que se manifieste Dios ni nada por el estilo). Los hechos nos reclaman cuidarnos, proteger y protegernos; nos cambiaron la rutina, nos dieron nuevos hábitos, han hecho llorar también como a las hermanas de Lázaro y al mismo Jesús a muchos en el mundo entero.

Y junto con el tiempo de los hechos nos sale al encuentro este tiempo del Sentido. Para encontrarlo, hay una tarea personal. Pararme ante los hechos y hacer silencio. Abrir mi ser, mi alma y mi corazón y escuchar. Como Lázaro, tenemos ataduras. Necesito, como el ciego, dejar que el Misterio de la Vida, aquí a través de Jesús, nos libere, nos re-cree a partir de nuestro mismo barro y con su aliento, para que podamos ver lo que hasta ahora ya estaba presente en nosotros y no veíamos todavía.

Que esta mezcla de dos tiempos, que en la liturgia cristiana se ha evidenciado con el cruce entre Cuarentena y Cuaresma, nos permita a nosotros dejarnos atravesar por el tiempo del Sentido. Ponernos a la escucha y empezar, cada uno y como sociedad, a ver lo que hasta ahora no podíamos.

Patricio Grehan


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