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Disfruta de tu hijo

Virginia Gawel
¿Quién es tu hijo? Pero de verdad, más allá de tu sangre. ¿Y qué sentimientos te despierta? ¿Qué expectativas has tenido o tienes aún acerca de él y de sus logros o fracasos?


Vivimos en un tiempo sin tiempo para los hijos. Un tiempo en que con frecuencia se los sobreestimula para que “avancen más rápido”, se los erotiza tempranamente con los modelos de la TV, se les inculcan falsas imágenes de lo que es “ser exitoso”.

Pero también en un tiempo en el que, por primera vez en la historia de la Humanidad, muchos papás, mamás, educadores, comprenden algo que nunca se tuvo en cuenta antes: que el niño es una persona, y además, que no es un adulto en miniatura. E inclusive que su ser (eso que anima su vida) es un misterio profundo (mucho más que la unión genética de mamá y papá, mucho más que el fruto previsible de un árbol genealógico).

Disfruta de tu niño, lúcidamente. Harás dos parpadeos, y ya no será niño.
La Declaración de los Derechos del Niño (pronunciada en 1959) apenas lleva pocas décadas, y es tenida en cuenta solo en algunos pocos lugares del planeta. Pero es un principio. Estamos entre los pioneros en considerar quién es un niño, ayudarle a encontrar su real naturaleza sin anularla con condicionamientos. Y también lo somos en cuanto a considerar que esa criatura está aquí para que -desde el rol que nos toque- podamos aprender aspectos de la vida que no sabríamos sin ella: cada niño es un maestro si nos disponemos a evolucionar con él y gracias a él (no sólo a enseñarle, o -peor aun- a delegar su adoctrinamiento en las instituciones que de ello se ocupen).

Disfruta de tu niño, lúcidamente. Harás dos parpadeos, y ya no será niño.

Aquí, un poema de autor anónimo que traduje y adapté del portugués, y que me parece bellísimo: todos deberíamos tenerlo a mano, cada día, cuando un niño embellece nuestra vida con su existencia.

Lo convido, con un abrazo:
Virginia Gawel

No se preocupe, su hijo va a soltar el chupete.
Va a dejar de usar pañales, va a salir de su cama.
Su hijo se va a destetar, del pecho y/o de la mamadera.
Su hijo va a dejar de querer el colacao en la noche.
Va a aprender a hacer su propio pan con mantequilla,
va a dejar de llorar cuando usted lo deja en la escuela.
Su hijo va a querer que usted lo deje en paz,
así como muchas veces usted hoy lo desea, en silencio.
Su hijo va a dejar de decir “nene cachó” en vez de “me caí” (y usted de corregirlo),
va a dejar de garabatear las paredes.
Va a hacer opciones que usted no cree correctas,
y usted no va a poder ponerlo en el rincón en penitencia por eso.
Su hijo va a dejar de llorar en público,
de patalear por el juguete de la tienda.
Su hijo va a amar a otras personas en la vida,
y tal vez usted sienta celos.
Un día va a lavar calcetines más grandes que los suyos,
un día la falta de sueño tendrá otro significado para usted.
Un día usted verá que la universidad es más cara que los pañales.
Un día será usted quien necesitará su regazo.
No tenga tanta prisa.
Puede ser que un día usted sienta la falta de todo esto.
Disfrute del amor recíproco entre ustedes,
en todas sus formas de demostración, en todas sus fases.
Disfrute de la vida.
Disfrute de sus hijos.

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