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Descender para llegar a Dios

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Hugo Mujica comenta el itinerario espiritual de Pedro que escuchamos en el evangelio del domingo. El camino del cristiano es el camino del descenso: descender a nuestra verdad humana, a nuestra nada frente al Infinito; descender de la autosuficiencia a la dependencia. Solo no apoyándonos en nada llegamos a saber que estamos sostenidos por Dios.

Evangelio según san Mateo (16, 13-23)
Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?». Ellos le respondieron: «Unos dicen que es Juan el Bautista; otros Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas». «Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?». Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo». Y Jesús le dijo: «Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. Y yo te digo: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella. Yo te dará las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo». Entonces ordenó severamente a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías.

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Pedro, antes de este episodio, hace tiempo que sigue a Jesús,
que dejó la red sobre la playa
para ir tras la promesa de ser pescador de hombres.

No hace tanto que Pedro se hundió en el agua,
que pasó de la esperanza al miedo,
que en lugar de contar con Dios contó consigo mismo.

“Tú eres el Mesías, el hijo de Dios vivo”,
tú eres la esperanza de Israel, eres quien todo hombre espera.
La respuesta es tan exacta, que Jesús aclara que no sale de la carne ni de la sangre:
es de Dios, es revelación y es gracia.

Pedro ahora no parece hundirse en el agua,
ahora parece sostener a la iglesia entera:
“tú eres Pedro y sobre esta roca edificaré mi iglesia”;
Pedro parece haber llegado muy alto, estar en el apogeo,
y, sin embargo,
desde la cumbre no queda otro camino que el descenso,
el descenso al autoconocimiento,
el camino a la verdad humana,
a su nada frente a Dios.

Si Pedro ahora sabe quién es Jesús,
lo que aún no sabía era quién era él mismo.

Pedro proclama hoy a Jesús como Mesías, pero después,
querrá que Jesús evite el sufrimiento,
querrá un Mesías que triunfe a través del poder y no del sacrificio.

Un Dios a imagen de la ambición humana,
no una humanidad a imagen de la entrega de Dios.

Pedro recibirá por ello de Jesús el reprocha más fuerte
que le escuchamos proferir,
el que muestra lo alejado que está aún de conocer a Dios.

Pedro comienza a conocer lo que todos debemos conocer,
la voluntad de poder, el deseo de triunfo,
el desprecio por el sacrificio que escondemos en el corazón,
las que creemos esconder de Dios.

Después vendrá la transfiguración pero, también allí,
Pedro se equivocará: querrá quedarse,
hacer tres carpas,
disfrutar de la visión de la gloria de Dios, disfrutarla para sí.

Pedro allí aprenderá que falta precisamente el trecho cristiano: el del descenso.
El trecho de la gloria a la cruz,
de la contemplación a la transformación,
de la visión a la acción, del recibir al entregar.
El paso de arriba hacia abajo: el único paso que nos acerca a Dios.

Después, ya sabemos, Pedro tomará de nuevo coraje,
se volverá a envalentonar,
creerá entender una vez más y se sobrevalorará a sí:
“marchemos a morir con él”.

Querrá seguir a Jesús hasta la muerte pero sacando la espada,
no dando la vida;
seguirá queriendo usando el poder,
como lo hacemos nosotros,
como tantas veces lo seguirá haciendo en su historia la iglesia,
como tantas veces que no creemos en la cruz,
como tantas veces que negamos a Jesús.

Después, ya al final, vendrá la noche oscura de la vida de Pedro,
tres veces negará Pedro a Jesús,
tres veces dará vuelta la cara ante el inocente que sufre,
como la damos nosotros cuando no miramos hacia el dolor,
hacia quien nos mira pasar de largo.

“Pedro, ¿me amas?”
Jesús volverá resucitado y ya no querrá saber si saben quién es,
si lo creen Mesías o profeta;
querrá saber si lo aman,
querrá saber lo que todos nosotros queremos saber,
lo que todos alguna vez hemos preguntado,
hemos necesitado saber.
“Pedro, ¿me amas?”
tres veces le hace la pregunta a Pedro, tres veces lo desnudará.

Recién entonces Pedro –desnudo, fracasado, no apoyándose en sí–
estará listo para ser la roca sobre la que se apoya la iglesia,
ahora que sabe que la única fuerza no es ser roca sino ser polvo,
dejar que nos modele el viento,
que nos lleve el espíritu, que nos abaje Dios.

Pedro aprendió en su vida, en su itinerario de descenso,
que la única fortaleza, la única roca, es la dependencia de Dios.
Lo supo fracasando,
conociéndose a sí mismo tanto como para confiar solo en Dios.

Pedro supo lo que solo el fracaso revela:
que solo no apoyándose en nada se llega a saber que estamos sostenidos por Dios.

“Pedro, ¿me amas? Apacienta mis ovejas”:
será lo último que le diga Jesús, a él y a nosotros;
será la misión que dejará a la iglesia:
llevar el amor de Cristo a todo ser humano,
o simple y humanamente amar.

Vivir para los demás,
ser la eucaristía del mundo: partirse, entregarse, desaparecer…
“¿Me amas más que ellos?”
le pregunta tres veces Jesús a Pedro,
al Pedro que tres veces lo negó,
a la vacilante roca sobre la que edificó la iglesia.

Jesús, en esa pregunta,
nos revela cuál es la jerarquía que va a instaurar:
es la jerarquía de amor, la jerarquía de quien ama más.

Jesús también nos revela en qué consiste ese amor:
“apacienta mis ovejas”, sirve a los demás.
Y este mandato se cumple a través del olvido de sí,
del olvido incondicional:
“te llevarán donde no quieras”…

Solo manifestando este amor el mundo podrá creer,
porque aún quien no cree sabe que solo el amor es digno de fe,
que solo amando se vive naciendo
que solo amando estamos en Dios.


Hugo Mujica estudió Bellas Artes, Filosofía, Antropología Filosófica y Teología. Tiene publicados más de veinte libros y numerosas antologías personales editadas en quince países; alguno de sus libros han sido publicados en inglés, francés, italiano, griego, portugués, búlgaro y esloveno.

www.hugomujica.com.ar

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