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Un itinerario espiritual en la escuela

Jose Chamorro
Más allá del mero aprendizaje de conceptos, Jose Chamorro propone guiar a los alumnos hacia una verdadera experiencia espiritual, mediante la iniciación en la contemplación. Educando a los niños en el silencio interior se los guía hacia el encuentro con el Misterio.


La  dimensión espiritual de la persona también se ve afectada por su crisis particular. Empero, podemos utilizarla de manera positiva como una posibilidad de acrisolar y cambiar la situación en que nos encontramos. De este modo, se desvela ante nosotros la dirección que debe seguir la formación espiritual (1) del alumnado en la actualidad, desde la educación Infantil hasta Secundaria.

La necesidad de un cambio en la formación del alumnado radica en el hecho de tener en cuenta todas sus capacidades.
La necesidad de un cambio en la formación del alumnado radica en el hecho de tener en cuenta todas sus capacidades. Al principio predominó una formación eminentemente conceptual, intelectual podríamos decir, donde lo más importante era que el niño entendiera y aprendiera una serie de contenidos para que lograra alcanzar los objetivos marcados en el currículo. Más tarde se combinó lo anterior con la necesidad de que el alumno manejara la Sagrada Escritura, se familiarizara con ella y pudiera reflexionar a la luz del mensaje salvífico que ésta contiene. Para ello no sólo se aprendía a buscar en la Biblia sino que además se realizaban celebraciones donde los cantos y la guitarra tomaron un papel importante. Hoy en día esto continúa siendo así pero no hemos terminado de ver la profundidad que llega alcanzar en el niño todo esto, pues pudiera ser un aprendizaje más que no termina de tocar la raíz propiamente humana del niño y donde se pone en juego su desarrollo como persona. No olvidemos que el carácter espiritual que hay inserto en la religión apunta hacia algo mucho más profundo, pues tiene que ver con la interioridad de la persona y, en este caso, de nuestro alumnado.

Es desde esta situación desde donde partimos para enfocar la atención hacia la dimensión más contemplativa de la formación religiosa. Hasta ahora, a un nivel más técnico, podemos decir que en el itinerario espiritual hemos abordado sólo las dos primeras fases: la oratio y la meditatio, esto es, la oración y la meditación. Sólo nos hemos esforzado en que nuestros alumnos sepan orar, mejor dicho aún, rezar (pues considero que no es lo mismo) y, de forma somera, reflexionar sobre su vida a luz de la Palabra (meditación). El camino de la contemplación (la contemplatio) ha sido la gran ausente en toda la formación religiosa y ya no sólo en la escuela sino también en la propia catequesis. Pero es aquí donde surge la pregunta: ¿cómo abordar esta cuestión que pareciera tiene más que ver con una fe adulta y madura que con un niño de Infantil, Primaria o Secundaria? Vamos a ir por pasos.

A mi modo de entender, para recuperar esta dimensión que, en definitiva es aquella que verdaderamente repercute en el desarrollo humano, es necesario mirar el recorrido que han realizado las grandes figuras de la espiritualidad de todas las religiones y, más en concreto, en la tradición cristiana. Los que han caminado enumeran una serie de etapas y obstáculos que hay que ir atravesando y sorteando. En principio, para aquellos que somos noveles en este sendero, no podemos caminar sin obviar ninguna de las estaciones señaladas. Para otros más experimentados, cabe decir que no tiene porqué cumplirse un itinerario donde se recorran cada uno de dichos hitos (2). Pero ahora no nos atañe enumerar cada uno de estos puntos sino, a un nivel más general, explicitar en qué consiste dicho trabajo espiritual con los niños.

Alcanzar experiencias que rocen la trascendencia en los niños pasa por reconocer la cualidad inmanente del Misterio que es Dios. Para mantener una relación a un nivel más devocional no hace falta concretar nada, pues es lo que venimos haciendo cuando recuperamos el sentido de las palabras de los discípulos a Jesús: Maestro, enséñanos a orar, (3) y nosotros, fieles a estas palabras, enseñamos a los niños a rezar. Pero ¿cuándo enseñamos a que tengan experiencias como las que Jesús tuvo cuando se retiraba a orar? (4) Ahí la experiencia la induce el silencio y no las oraciones aprendidas. En esos espacios en los que vemos a un Jesús retirado es donde se juegan las vivencias profundas de su vida. ¿Ofrecemos este tipo de experiencias a los niños? ¿Les enseñamos a entrar dentro de ellos y a que sencillamente escuchen?

Necesitamos ofrecer pautas a nuestros alumnos para que alcancen su propia interioridad. En su profundidad, Dios habla a cada uno, pero para que puedan escucharlo hay que enseñarles a vivir el silencio.
Necesitamos ofrecer pautas a nuestros alumnos para que alcancen su propia interioridad. En su profundidad, Dios habla a cada uno, pero para que puedan escucharlo hay que enseñarles a vivir el silencio y a visualizar haciendo uso de su imaginación (5), en definitiva, a trabajar la atención que se torna en escucha. El modo de llevar a cabo todo esto, como acabo de señalar, es proponiendo actividades de imaginación dirigida, en donde el alumno ya no sólo escucha la Escritura, sino que la recrea en su imaginación a un nivel mucho más profundo. Él puede llegar a formar parte de la escena concreta que le evocará experiencias que de otro modo no se dan. Pero para esto hay que generar un clima adecuado, tranquilo, de sosiego, en donde todas las técnicas de relajación que conozcamos se conviertan en buenos aliados para dar ese salto cualitativo. La visualización no pretende relajar al niño, sino provocarle un encuentro del que nosotros no somos más que meros apoyos.

Este proceso, que podríamos concretar mucho más, debe secuenciarse pues es normal que en un primer momento todo se encuentre muy determinado (es decir, las instrucciones para la imaginación serán muchas y variadas) para ir abandonando progresivamente dichos apoyos y así favorecer una experiencia que surja del silencio interior. Esta forma de trabajar la contemplación es útil para todas las edades pero sobre todo para el alumnado de Infantil y Primaria. Además, hay que decir que es una estrategia mediante la que se potencia el desarrollo de la inteligencia espiritual (6), que, en última instancia, es la que posibilita la experiencia interna.

Pero además de esta propuesta atractiva y sugerente, tenemos otras “técnicas” a las que podemos acceder. Son de un carácter más riguroso y precisan de una mayor madurez, tal vez por ello sea más efectiva en niños que no tengan menos de doce años. Según mi propia experiencia docente, atestiguo que pueden darse muchos pasos en esta dirección.

Este sendero contemplativo ha recibido diferentes nombres en la Iglesia: oración del corazón, oración de quietud, filocalia u oración centrante o de centramiento. Dicha propuesta tiene como fundamento la exhortación de san Pablo: Orad sin cesar (7). Claro está que no apunta hacia un tipo de oración verbal como pueden ser el Padrenuestro u otras, sino que se refiere a un orar en el silencio del corazón. Un orar que se abraza a la respiración de tal modo que formen una sola cosa en una misma cadencia. Así fue como surgió en la Iglesia Oriental la filocalia de la oración de Jesús, que a su vez se remonta a los Padres del Desierto (8) y pretende que el sujeto entone el grito que el ciego de Jericó implora a Jesús cuando quiere ser curado o también la oración del publicano: Oh Dios, compadécete de mí, que soy pecador (9). Es también el Kyrie eleison –“Señor, ten piedad de nosotros”- de la liturgia. Esta fórmula buscaba la interiorización y, en consecuencia, que el sujeto pudiera orar continuamente, como si estuviera recitando un mantra budista en un diálogo interior. Con la práctica y con una buena dirección espiritual la oración de Jesús se iba adecuando al ritmo respiratorio, de modo que el espíritu lograra el reposo (hesychia, en griego, de ahí luego el nombre del hesicasmo cristiano, como también se conoce a esta corriente y práctica espiritual).

La contemplación es una estrategia mediante la que se potencia el desarrollo de la inteligencia espiritual, que en última instancia es la que posibilita la experiencia interna.
También, en nuestros días, se está desarrollando todo un trabajo similar a lo expuesto en la Iglesia Occidental. Se conoce con el nombre de oración centrante. Su promotor fue el monje cisterciense Basil Pennington aunque pronto sería acompañado por otros dos: William Menninger y, sobre todo, Thomas Keating (10) (antiguo abad de la Abadía de San José en Spencer, Massachusetts). Dice el padre Keating que el método de la oración centrante es otro intento de presentar la enseñanza de los primeros tiempos en una forma actualizada y poner un cierto orden y regularidad en ella. Un método que deriva, fundamentalmente, del texto anónimo inglés del s. XIV “La Nube del no-saber” y de las enseñanzas de San Juan de la Cruz. Pero ¿en qué consiste exactamente este tipo de oración interior? Podemos sintetizar las directrices que estos monjes han concluido para desarrollar la oración con sencillez y simplicidad: a) Elige una palabra sagrada como símbolo de tu intención de consentir la presencia y la acción de Dios dentro de ti (por ejemplo: Abbá, Padre, Jesús, paz…); b) Siéntate de manera cómoda y con los ojos cerrados, sosiégate brevemente e introduce en silencio la palabra sagrada como símbolo de tu consentimiento a la presencia y a la acción de Dios dentro de ti; c) Cuando tengas conciencia de pensamientos, retorna siempre suavemente a la palabra sagrada; d) Al final del periodo de oración, permanece en silencio con los ojos cerrados durante unos minutos. (11) Son éstos los pasos que puede seguir nuestro alumnado con nuestra ayuda, expresados aquí de tal forma que nosotros mismos podamos experimentar este modo de oración.

Como se ha podido ver, esta última propuesta, más seria si se quiere, precisa de un trabajo previo con la imaginación y el silencio. Sin embargo, es un método (aunque denominarlo así no sea lo más acertado) que en nuestros días está alcanzando altas cotas de práctica. Quizá pueda ser este el momento de acercarlo al ámbito educativo pues considero que es algo que despierta interés y de fácil ejecución. No obstante, lo que sí creo que no podemos perder de vista es el objetivo que se persigue con ello: el trabajo de la interioridad del alumnado, es decir, un trabajo con la dimensión contemplativa que propicie un encuentro auténtico con Dios. Pues así, de este modo, en el silencio interior de la conciencia del niño-adolescente puede tener lugar un encuentro único y personal con el Resucitado. En definitiva, lo que considero, como afirma Leonardo Boff, es que debemos cultivar ese espacio y lograr que la sociedad, la cultura y la educación, a su vez reserven espacios para la contemplación, la interiorización y la integración de la trascendencia que hay en nosotros. (12)

Quisiera ir concluyendo con unas palabras de San Agustín quien nos recuerda que: Hay también una voz del corazón y un lenguaje del corazón… Es esta voz interior la que se convierte en nuestra oración cuando nuestros labios están cerrados y el alma abierta a Dios. (13) Esto es lo que en definitiva debemos enseñar a nuestros alumnos. Es ahí, en ese espacio de quietud, donde tiene lugar algo sobre lo que nosotros no tenemos control alguno pero que, sin embargo, debemos proponer y cuidar.

El trabajo que realicemos con el alumnado no puede ser algo al margen de nuestra propia vivencia, pues sino caeríamos en el conocido error humano de “haz lo que te diga pero no lo que yo haga”. Tenemos que buscar una coherencia interna, sabiendo que ésta es la clave fundamental para que lo que queramos transmitir llegue donde pretendemos, pues de lo contrario serán enseñanzas vacías y sin sentido. Procurar experiencias profundas que contengan la propia vivencia personal es el reto que nos compete en nuestros días a cada educador creyente, sin olvidar que, en definitiva, el camino que pretendemos descubrir no consiste en buscar, sino en dejarse encontrar. (14)

Jose Chamorro

Artículo publicado originalmente en la revista “Religión y Escuela” (PPC), febrero de 2012.


Notas:
(1) Cfr. WILBER, K. Espiritualidad Integral, Barcelona 2007, 172 La palabra “espiritual” se utiliza en los siguientes sentidos: 1) los niveles más elevados de cualquiera de las líneas; 2) una línea separada del desarrollo; 3) un estado o una experiencia cumbre extraordinaria (experiencia espiritual), y 4) una determinada actitud. 
(2) Cfr. MERTON, T. Ascenso a la Verdad, Buenos Aires 2008 pp. 151 y ss. 
(3) Cfr. Lc 11, 1 – 4 
(4) Cfr. Mc 1, 35. Mc 6, 46. Mt 14, 23. Lc 5, 16 
(5) Para iniciar un trabajo con imaginación dirigida o visualización creativa pueden utilizarse las interesantes propuestas que hace Maureen Garth: El Jardín Interior, Barcelona 1999 y El Espacio Interior, Barcelona 2000. 
(6) Hay mucho publicado relacionado con este tema que es consecuencia del trabajo e investigación de Howard Gardner sobre las Inteligencias Múltiples. En el número de esta revista correspondiente al mes de octubre se puede encontrar un trabajo interesante o también Francesc Torralba habla sobre este tipo de inteligencia en su obra: Inteligencia Espiritual, Barcelona 2011. 
(7) Cfr. 1 Ts 5, 17 
(8) Recojo aquí algunas ideas del texto “Recuperar lo que vivimos” dentro de mi obra Las Estaciones del Silencio, Bilbao 2012. 
(9) Lc 18, 13 
(10) A este respecto se pueden consultar las siguientes obras: PENNINGTON, B. La Oración Centrante, Madrid 1986. KEATING, T. Intimidad con Dios, Bilbao 1997; Invitación a amar, Bilbao 2006; Mente abierta, corazón abierto, Bilbao 2006. 
(11) Cfr. KEATING, T. Intimidad con Dios, Bilbao 1997, 68. 
(12) Tiempo de Trascendencia, Santander 2002, 77. 
(13) Comentario al salmo 125, 8 que recoge el hermano Roger de Taizé en su obra ¿Presientes una felicidad?, Madrid 2006. 
(14) JÄGER, W. Sabiduría Eterna, Estella 2010. 


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