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Al dibujar una sonrisa

Jose Chamorro
«Ojalá hoy, esta semana, te regalen muchas sonrisas y te contagies de ellas. Sonríe también tú con la mirada y con los labios». Una invitación a ser conscientes de este gesto tan bello y tan humano.


Entre las muchas cosas que se nos quedan en segundo plano cuando mantenemos una conversación con una persona, se encuentran los gestos que interpelan, adornan y conforman el propio diálogo. Si conseguimos reparar en aquellos signos en ocasiones insignificantes, podremos observar que las palabras poseen una expresión mucho más rica y completa. Entre todos esos destellos que el rostro compone podemos resaltar los que vienen dados por la mirada y por los labios. ¡Cuántas muecas somos capaces de perfilar sin darnos cuenta!

Se podría realizar toda una investigación al respecto, pero vamos a quedarnos en un contexto más próximo y sencillo, no por ello carente de profundidad.

Es una suerte despertarse cada mañana y poder componer, con todos sus matices, una inmensa sonrisa que refleje de forma clara el agradecimiento que uno puede tener por la vida.
Cuando miramos a la persona que tenemos delante y nos dejamos sorprender por la expresión de sus ojos, nos damos cuenta de que somos capaces de acercarnos con mucha más precisión al mensaje que pretende contarnos y, sobre todo, al cómo lo vive. Su mirada trasluce el estado emocional de la persona, aunque ésta no sea consciente de ello. Del mismo modo le sucede a las facciones de la cara que se van perfilando y dibujando a medida que las palabras van expresando ideas. Cuando tenemos la inmensa fortuna de participar en una conversación donde el entusiasmo y la ilusión son las protagonistas, somos testigos de cómo, al mismo tiempo, nuestro rostro se alía y expresa al unísono una sonrisa refleja.

Es muy curioso reparar en esto y poder descubrirse en estas situaciones. Uno puede incluso darse cuenta de cómo su estado anímico cambia y se torna alegre. Cómo la sonrisa va acompañada siempre de un buen humor que despierta el optimismo y la ilusión. Y así, en el momento menos pensado, nos sorprenderemos inmersos en una dinámica gestual en la que la sonrisa y la risa se expresan juntas en los rostros presentes. La conversación, con sus palabras, comienza a perder importancia en sí para realzar las medias lunas que las bocas esbozan.

Es una suerte despertarse cada mañana y poder componer, con todos sus matices, una inmensa sonrisa que refleje de forma clara el agradecimiento que uno puede tener por la vida y por el día que se le da. Es, sin lugar a dudas, todo un milagro emocionarse con la sonrisa del otro que se acerca con una mirada afectuosa y alegre… y, sin esperarlo, te regala un abrazo.

Ojalá hoy, esta semana, te regalen muchas sonrisas y te contagies de ellas. Sonríe también tú con la mirada y con los labios.

Jose Chamorro

Reproducido de «Las Estaciones del silencio», Jose Chamorro, Ediciones Mensajero, Bilbao, 2012, páginas 139-140.


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