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Es hora de actuar

El pasado domingo 21 de setiembre cientos de miles de personas alrededor del mundo marcharon exigiendo al poder político una respuesta urgente al problema del cambio climático. La mayor concentración tuvo lugar en la ciudad de New York, donde marcharon más de 300.000 personas, dos días antes de la cumbre que en esa ciudad organizó la ONU para tratar el tema del cambio climático.


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Según la página peoplesclimate.org, la movilización en New York fue convocada por un total de 1572 organizaciones trabajando en conjunto. En el mundo hubo 2.808 eventos en 166 países, sumando un total de unas 600.000 personas.

Estas cifras nos muestran que hay una creciente toma de conciencia de la humanidad respecto del cuidado del medio ambiente y nuestra responsabilidad por el planeta, que parece contrastar con la poca acción de parte de quienes ejercen el poder.

Ante todo, debemos distinguir entre variabilidad del clima y cambio climático. La variabilidad del clima se refiere a variaciones que se dan de manera natural, mientras que el cambio climático únicamente es atribuible a la influencia de actividades humanas. La ONU definió al cambio climático como “cambio del clima atribuido directa o indirectamente a actividades humanas que alteran la composición de la atmósfera mundial”.

Datos estadísticos

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Algunos datos estadísticos recopilados por el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés) nos pueden ayudar a tomar una conciencia aún mayor respecto de este problema:

– Los estudios científicos pronostican que entre 1990 y 2100 la temperatura promedio del planeta aumentará entre 1.4 y 5.8°C. Este aumento de temperatura causará un paulatino deshielo de los polos glaciares, con lo que el promedio del nivel del mar en dicho período aumentará entre 9 y 88 cm, con la consiguiente desaparición de zonas costeras bajas.

– El cambio climático podría también afectar la productividad de los ecosistemas terrestres y marinos, con pérdida potencial de diversidad genética y de especies; podría acelerar la tasa de degradación de la Tierra, y aumentar los problemas relacionados con la cantidad y calidad del agua en muchas zonas geográficas.

– Las mismas proyecciones indican que el ciclo hidrológico se intensificaría, dando lugar a precipitaciones frecuentes e intensas en algunas regiones, y prolongadas sequías en otras.

– Debido a las concentraciones constantes de dióxido de carbono en la atmósfera, se han proyectado cambios significantes en la estructura y función de los ecosistemas y en las interacciones ecológicas de las especies. A partir de la Revolución industrial de mediados del siglo XIX, y debido principalmente al uso intensivo de combustibles fósiles en las actividades industriales y el transporte, se han producido sensibles incrementos en las cantidades de dióxido de carbono emitidas a la atmósfera. La concentración del dióxido de carbono ha aumentado un 31% desde 1750. Se estima que la concentración actual es mayor que la ocurrida durante cualquier periodo en los últimos 420.000 años. Además, el aumento de la deforestación ha reducido la cantidad de dióxido de carbono retenida en materia orgánica, contribuyendo así indirectamente al aumento del efecto invernadero.

Voces de alerta

Ciertamente que estas estadísticas exigen una respuesta. Muchos han levantado su voz para llamar la atención sobre la acción irresponsable del hombre respecto de la Tierra, nuestra propia casa. Entre ellos destaca el teólogo brasileño Leonardo Boff, quien en diversas obras desarrolla lo que podríamos llamar “Ecoteología”. Citamos algunas de sus palabras:

Leonardo-Boff
Leonardo Boff

– “El hombre moderno ha olvidado de que en su actividad con la naturaleza tiene que ver no sólo con cosas sino con algo que le afecta en su más profunda raíz. No vive simplemente en el mundo. Convive; se enamora o se enemista; acoge o rechaza. Elabora una sintonía entre el mundo interior y exterior. No puede alcanzar su identidad prescindiendo de una relación amorosa y fraterna con su entorno natural. No es esto un romanticismo anacrónico, sino entender rectamente la estructura fundamental del hombre: ser-en-el-mundo-con-todas-las-cosas, en una democracia cósmica”.

– “La lógica que somete a los pobres a los intereses de unos pocos países ricos y poderosos es la misma lógica que depreda a la Tierra y la despoja de sus riquezas, sin solidaridad para con el resto de la humanidad o para con las generaciones futuras”.

– “Necesitamos nosotros mismos asumir una tarea salvadora. Cada uno en su lugar, cada comunidad, cada entidad, en fin, todos debemos comenzar a hacer algo para dar un rumbo diferente a nuestra presencia en este planeta. Si no podemos cambiar el mundo, sí podemos cambiar este pedazo de mundo que somos cada uno de nosotros”.

Si no podemos cambiar el mundo, sí podemos cambiar este pedazo de mundo que somos cada uno de nosotros. ~Leonardo Boff
Desde la óptica del Vivir Agradecidos, sabemos que no podemos estar agradecidos por todo, como lo es el caso del cambio climático. Sin embargo, podemos estar agradecidos por la oportunidad que esta situación representa para hacer algo al respecto. Tenemos la oportunidad de aportar nuestro granito de arena, levantando nuestra voz, despertando conciencias, “cambiando este pedazo de mundo que somos cada uno de nosotros”, como dice Boff.

El Vivir Agradecidos nos invita a seguir los tres pasos que constantemente nos recuerda el hermano David Steindl-Rast: detenernos-mirar-actuar. El detenernos para mirar la situación en que la humanidad y el planeta se encuentran, nos tiene que mover a actuar. Es hora de actuar. El cambio climático nos exige una respuesta urgente. Para terminar citamos palabras del hermano David:

– “Cuando elevamos nuestros corazones a Dios, a quien llamamos nuestro Padre del cielo, descubrimos que pertenecemos a una familia que abarca a todas las creaturas, “la Familia de la Tierra”. La pregunta clave es: ¿Cuán grande es nuestra familia? ¿Cuán amplio es el alcance de nuestra pertenencia? ¿Podemos extenderlo hasta los confines más remotos de la casa de Dios? ¿Podemos extender nuestra atención y preocupación hasta abrazar a todos los miembros de esta Familia de la Tierra, humanos, animales y plantas, a quienes todavía consideramos extraños? La supervivencia de todos nosotros bien puede depender de nuestra respuesta”.

– “¿Por qué debemos hacer algo respecto del medio ambiente? Porque la Tierra es nuestra casa, nuestra familia; es aquí donde pertenecemos. Somos responsables de ella. La religión y la ecología están íntimamente relacionadas. Lo que más necesita la espiritualidad hoy es una concientización ecológica. Si esta concientización no se hace realidad, estaremos perdidos”.

¿Qué sentimientos despiertan en nosotros estos datos estadísticos, estas reflexiones? Esperamos sus comentarios.

 

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