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Aún así… gratitud

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Ante los hechos de división y de muerte que nos muestran las noticias a nivel local y mundial… ¿podemos hablar de gratitud? Compartimos un artículo del hermano David escrito poco después del 11/S en que da cinco gestos con que podemos contribuir a una sociedad mejor.


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Esta mañana enterré una ardilla. Los dientes del gato no le habían dejado marcas. Parecía que el temerario animalito recién se había acurrucado para dormir en el pozo que yo había cavado entre los primeros crisantemos. Mientras acumulaba unas pocas paladas de tierra sobre la pequeña tumba, recordé con una sonrisa los juegos de la infancia de enterrar pájaros, insectos y ratones muertos. Pero de repente pensé en los miles y miles de seres humanos a quienes nadie había podido enterrar, porque ni siquiera sus cuerpos quedaron, víctimas de la violencia en Hiroshima y Nagasaki o en el Bajo Manhattan. ¿Gratitud? La misma palabra parece totalmente fuera de lugar, incluso ofensiva, dadas las circunstancias.

De todos modos, que hablemos de “dadas” las circunstancias es significativo. Lo que se da es un regalo, y la respuesta adecuada a cualquier regalo es la gratitud. Sin embargo, ¿cuál podría ser el regalo en este caso? El regalo que significa la llamada de atención del 11 de Septiembre es una oportunidad sin precedentes. El regalo dentro de cada regalo es la oportunidad. Para nosotros, en estos días, es la oportunidad de despertar: despertar de la locura de la violencia y de la represalia. Después de todo, solo hemos sido testigos del último eslabón de una cadena de venganza por la venganza. Esta represalia no es sin duda la primera, pero nos da una oportunidad única para que despertemos y hagamos que sea la última.

Por extraño que sea, muchos de nosotros fuimos capaces de ignorar el círculo vicioso de la violencia en respuesta a la violencia (la nuestra y la de los demás), siempre que estuviera ocurriendo lejos de nosotros. Estábamos dormidos. El 11 de Septiembre fue un despertar brusco. ¿Y ahora qué? Podemos mostrarnos agradecidos por esta llamada de atención permaneciendo despiertos, actuando atentamente despiertos. Un peligro que es reconocido y enfrentado se reduce a la mitad. El peligro es la violencia, más allá de quién la cometa, terroristas o gobiernos legítimos. Ni la retórica ni la simulación pueden ya ocultar el hecho de que la violencia engendra violencia. Tenemos que romper este círculo de locura.

Aquí, en mi corazón, puedo transformar el miedo en confianza valiente, la agitación y la confusión en quietud, el aislamiento en un sentido de pertenencia, la alienación en amor, y la reacción irracional en sentido común.
La violencia tiene sus raíces en todo corazón humano. Es en mi propio corazón donde debo reconocer el miedo, la agitación, la frialdad, la alienación y la inclinación a la ira ciega. Aquí, en mi corazón, puedo transformar el miedo en confianza valiente, la agitación y la confusión en quietud, el aislamiento en un sentido de pertenencia, la alienación en amor, y la reacción irracional en sentido común. La imaginación creativa de la gratitud nos sugerirá a cada uno de nosotros cómo llevar a cabo esta tarea. Voy a enumerar aquí cinco pequeños gestos que me han ayudado personalmente a mostrarme agradecido por esa llamada de atención y a permanecer despierto.

1- Toda gratitud expresa confianza, mientras que la sospecha es incapaz de reconocer un regalo como regalo: ¿quién puede probar que lo que me regalan no es un señuelo, un soborno, una trampa? La gratitud tiene la valentía de confiar, y así supera el miedo. En estos días, el ambiente se ha enrarecido por el temor, un temor fomentado y manipulado por los políticos y los medios de comunicación. Aquí radica nuestro mayor peligro: el miedo perpetúa a la violencia. Por eso, moviliza la valentía de tu corazón, como lo hacen los que están realmente atentos y despiertos. Di hoy una palabra que le dé valor a una persona temerosa.

2- Dado que la gratitud expresa valentía, ella al mismo tiempo irradia calma. Este tipo de calma es perfectamente compatible con las emociones profundas. De hecho, la histeria masiva y descontrolada, más que un sentimiento profundo revela confusión; revela una agitación superficial más que una corriente profunda de compasión. Únete a los verdaderamente compasivos, que son calmos y a la vez fuertes. Entrégate a los demás desde la quietud que reside en lo profundo de tu corazón. Con mucha calma sostén la mano de alguien y transmítele tranquilidad.

3- Cuando eres agradecido, tu corazón está abierto: abierto a los demás, abierto a la sorpresa. En los días transcurridos desde el 11/S hemos visto ejemplos notables de esta apertura: extraños ayudando a extraños, a menudo en formas heroicas. Por otro lado, hay quienes se alejan, se aíslan, se atreven incluso menos que en otras ocasiones a acercarse al prójimo. La violencia empieza con el aislamiento. Tenemos que romper este modelo de conducta. Ponte en contacto con personas a las que normalmente ignoras, por lo menos con contacto visual: con el que trabaja en la caseta del peaje, con el encargado del estacionamiento, con alguien en el ascensor. Proponte hoy mirar a un extraño a los ojos, y date cuenta de que no existen los extraños.

4- Uno puede sentirse agradecido o alienado, pero nunca ambos al mismo tiempo. La gratitud excluye a la alienación; no hay lugar para ambas en un mismo corazón. Cuando somos agradecidos, nos damos cuenta de que pertenecemos a una red de dar y recibir, y le decimos “sí” a esa pertenencia. Este “sí” es la esencia del amor. No se necesitan palabras para expresarlo; basta una sonrisa para que ese “sí” se ponga en acción. No te debe importar si el otro te devuelve o no la misma sonrisa. Dale hoy a alguien una sonrisa inesperada, y podrá ser tu contribución para que haya paz en la tierra.

5- Lo que tu gratitud hace por ti es tan importante como lo que hace por los demás. La gratitud aumenta tu sentido de pertenencia, el sentido de pertenencia a su vez aumenta tu sentido común. Tu “sí” a esa pertenencia se sintoniza con las preocupaciones comunes que compartimos todos los seres humanos. Después del 9/11, nada tiene más sentido que el sentido común. Sólo tenemos un enemigo, nuestro enemigo común: la violencia. El sentido común nos dice: podemos detener la violencia sólo si dejamos de actuar violentamente; la guerra no es el camino hacia la paz. Proponte hoy escuchar las noticias, y pon a prueba al menos una de ellas a la luz del sentido común.

Los cinco gestos que sugiero aquí son simples, pero funcionan. El hecho de que sean simples permite que cualquier persona pueda hacerlos. Imaginemos un país cuyos ciudadanos (tal vez incluso sus líderes) sean valientes, tranquilos y abiertos hacia los demás; un país cuyos habitantes se den cuenta de que todos los seres humanos pertenecen a una sola familia y deben actuar en consecuencia; un país guiado por el sentido común. En la medida en que actuemos con menos odio y más gratitud, todo aquello se convertirá en una realidad. ¿Quién hubiera previsto que la gratitud podría brillar con un nuevo resplandor en estos días oscuros? Que ella ilumine nuestro camino.

Hermano David Steindl-Rast
Septiembre de 2001

 

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