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Por un mundo libre de racismo

Martin Luther King Jr., Nelson Mandela, Rosa Parks: figuras que iluminan el camino hacia un mundo libre de racismo.


Detalle de «La regla de oro», óleo de Norman Rockwell.
(«Haz a los demás lo que quisieras que hagan contigo»)

Desde Vivir Agradecidos nos solidarizamos con las víctimas del racismo, visibilizado en nuestros días por el asesinato de George Floyd en Estados Unidos, pero presente –lamentablemente– en todo el mundo.

En nuestras Líneas de acción afirmamos que deseamos “realizar acciones que fortalecen la conciencia de ser uno con el otro, sobre todo con aquellos que social y culturalmente resultan más lejanos”. Estamos convencidos de que una forma eficaz de combatir el racismo (y toda forma de discriminación) es despertar a esta conciencia de unidad con toda la humanidad.

Como una contribución a este despertar de la conciencia, compartimos a continuación el ejemplo de tres figuras emblemáticas en la lucha contra el racismo.

Martin Luther King Jr.

king

Martin Luther King Jr. (1929 – 1968) fue durante muchos años la voz de los afroamericanos que sufrían la segregación racial estadounidense. Estuvo al frente de diversos movimientos no violentos reclamando la universalidad de derechos civiles básicos, como por ejemplo el derecho al voto. Por su actividad encaminada a terminar con la segregación y la discriminación racial a través de medios no violentos, fue condecorado con el Premio Nobel de la Paz en 1964.

Martin Luther King era el dirigente de una de las seis grandes instituciones por los derechos civiles que organizaron la marcha en Washington por el trabajo y la libertad. Entre otras demandas, la marcha tenía el objetivo de pedir el fin de la segregación racial en las escuelas públicas y una ley que prohibiese la discriminación racial en el mundo del trabajo.

Durante esta marcha, Martin Luther King pronunció su conocido discurso I Have a Dream (Yo tengo un sueño). King sueña con una sociedad diferente, en la que blancos y negros puedan convivir en paz y como iguales. Es considerado una pieza maestra de retórica, y decisivo para los objetivos del Movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos. Ofrecemos a continuación un extracto:

Yo tengo un sueño: Que un día esta nación se elevará y vivirá el verdadero significado de su credo. Creemos que estas verdades son evidentes: que todos los hombres son creados iguales.
Yo tengo un sueño: Que un día en las coloradas colinas de Georgia, los hijos de los ex esclavos y los hijos de los ex propietarios de esclavos serán capaces de sentarse juntos en la mesa de la hermandad.
Yo tengo un sueño: Que un día, incluso el estado de Mississippi, un estado desierto, sofocado por el calor de la injusticia y la opresión, será transformado en un oasis de libertad y justicia.
Yo tengo un sueño: Que mis cuatro hijos pequeños vivirán un día en una nación donde no serán juzgados por el color de su piel, sino por el contenido de su carácter.
¡Yo tengo un sueño hoy!
[…]
Yo tengo un sueño: Que un día cada valle será exaltado, cada colina y montaña será bajada, los sitios escarpados serán aplanados y los sitios sinuosos serán enderezados, y que la gloria del Señor será revelada, y toda la carne la verá al unísono.
[…]
Con esta fe seremos capaces de transformar las discordancias de nuestra nación en una hermosa sinfonía de hermandad. Con esta fe seremos capaces de trabajar juntos, de rezar juntos, de luchar juntos, de ir a prisión juntos, de luchar por nuestra libertad juntos, con la certeza de que un día seremos libres.
[…]
Y cuando esto ocurra, cuando dejemos resonar la libertad, cuando la dejemos resonar desde cada pueblo y cada caserío, desde cada estado y cada ciudad, seremos capaces de apresurar la llegada de ese día, cuando todos los hijos de Dios, hombres negros y hombres blancos, judíos y gentiles, protestantes y católicos, serán capaces de unir sus manos y cantar las palabras de aquel viejo negro spiritual: «¡Por fin somos libres! ¡Por fin somos libres! Gracias a Dios todopoderoso, ¡Por fin somos libres!»

Nelson Mandela

Nelson Mandela (1918-2013) fue una figura relevante en la lucha contra el racismo en Sudáfrica, y en la defensa de los derechos humanos y de la convivencia pacífica. Mandela nunca abandonó el ideal de una sociedad libre y democrática, con igualdad de oportunidades para todos. La lucha por este ideal le llevó a pasar 27 años en prisión.

Liberado a los 72 años de edad, cuatro años más tarde fue electo presidente de Sudáfrica. Creó una comisión de verdad y reconciliación que investigara la violación de los derechos humanos durante el pasado, y trabajó con decisión contra el racismo. Su lucha incansable le mereció más de 250 menciones honoríficas, entre ellas, el premio Nobel de la Paz.

Durante sus años en la cárcel, Nelson Mandela conservaba el poema «Invictus», de William Ernest Henley, escrito en un trozo de papel para recitárselo a sus compañeros de prisión e infundirles valor. A continuación el texto del poema:

Desde el fondo de la noche que me cubre,
negra como un abismo insondable,
doy gracias a cualquiera de los dioses
por tener un alma inconquistable.

Atrapado en las peores circunstancias
no he gemido ni gritado mi desdicha.
Sometido a los golpes del destino
mi cabeza está sangrante, pero erguida.

Más allá de este lugar de ira y llanto
se levanta la sombra del horror.
Aún así, el paso de los años
me encuentra, y me encontrará, sin temor.

No me importa cuán estrecha sea la puerta,
ni cuán larga la lista de amenazas.
Soy el dueño de mi propio destino,
soy el capitán de mi alma.

Rosa Parks

Rosa Parks (1913-2005) fue una figura importante del movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos, en especial por haberse negado a ceder su asiento a un blanco en el autobús en el que viajaba, en Montgomery, Alabama, en 1955.

En aquellos años, los afroamericanos sufrían la humillación de no poder compartir con los blancos los mismos lugares públicos: escuelas, restaurantes, salas de espera… En los buses estaba establecido que los negros debían viajar en el fondo y ceder su asiento a los blancos.

Su desobediencia a la ley la llevó a la cárcel. Sin embargo, fue el puntapié inicial de los movimientos civiles por los derechos de los negros. El caso Parks llegó finalmente a la Corte Suprema de los Estados Unidos, que un año después del incidente declaró inconstitucional la segregación racial en el transporte.

En la página de Unicef puedes leer más sobre esta historia:

Rosa Parks: Un asiento reservado a los derechos humanos

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