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Despiertos

Jose Chamorro
Una figura propia del Adviento es la del profeta, que anuncia la llegada del Mesías. Hoy también hay profetas que señalan el advenimiento de un mundo mejor: “Personas despiertas, atentas a las necesidades, que alzan la voz reclamando los derechos fundamentales para todos”.


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De entre todos los personajes que giran en torno al tiempo de Adviento tenemos que destacar la figura del profeta que antecede, denuncia y anuncia algo nuevo que está por irrumpir. En el caso de los antiguos profetas de Israel eran aquellos que auguraban un futuro prometedor y, en el mejor de los casos, la llegada del tan esperado Mesías.

Nuestra historia actual y concreta nos ofrece oportunidades para abrir los ojos y ser de aquellos que señalan nuevos lugares, que proponen nuevas ideas.
En nuestros días continúan apareciendo personajes, personas con rostro concreto que siguen llamando la atención de la gran mayoría sobre aquellas situaciones problemáticas que están relacionadas con todo lo que concierne al ser humano. Personas despiertas, atentas a las necesidades, al bien común, sujetos que alzan la voz reclamando los derechos fundamentales para todos. Suelen ser los inconformistas, los que no aceptan el modo en que otros nos venden la realidad, la forma en que maquillan lo que no desean que se vea, encubriendo así las verdaderas razones para tener a la mayoría silenciada. Estos despiertos son los que ponen voz a los sin voz, a los anónimos, a los que quedan a la sombra, oscurecidos por luces artificiales.

Nuestra historia actual y concreta nos ofrece oportunidades para abrir los ojos y ser de aquellos que señalan nuevos lugares, que proponen nuevas ideas, sueños que ilusionen por utopía alcanzable que persiguen. El tiempo de espera llega a su fin en el momento en que nos aseguramos que somos capaces de hacer el gran cambio, la transformación personal que siempre, aunque no nos demos cuenta, termina por repercutir en los más allegados.

La vida siempre estuvo necesitada de personas inquietas que quisieran señalar el horizonte más amplio que se abre más allá de nuestros mundos particulares.
Despertar implica abrirnos a la realidad concreta, a la cercana y la lejana, a esa que nos incluye como actores de una misma obra que escribimos entre todos a cada momento. Supone asumir un rol, un modo de ser para estar con otros, una manera de interactuar, de construir juntos, de soñar acompañados. Despertar implica mirar lo que sucede y asumir la responsabilidad subyacente al ver; conlleva abrazar lo bueno y hermoso pero también la maldad o fealdad que pueda desilusionarnos. Ser profeta en nuestros días pasa por querer y conquistar el momento vital que nos ha tocado vivir y trazar caminos de esperanza que puedan recorrer los que quedan por llegar.

Desde una perspectiva cristiana, despertar supone saberse en brazos de alguien más grande que diluye las limitaciones de nuestro modo de ver, que ensancha los límites de nuestra percepción para que logremos reconocer los vestigios de su acción en todas partes y en todas las personas. En ese dejarse, en el despojamiento necesario de nuestro modo limitado de entender la realidad, se abre una brecha por donde se nos descubre que la realidad es mucho más amplia de lo que nos imaginamos, que lo que en ella sucede también acoge nuestro quehacer y nuestra actitud particular. Aquí es donde Dios permanentemente se encarna, está adviniendo en la medida en que le dejamos un hueco entre todas nuestras preferencias individuales.

La vida siempre estuvo necesitada de personas inquietas que quisieran señalar el horizonte más amplio que se abre más allá de nuestros mundos particulares, ese sin lugar que nos engloba a todos y que posibilita el reconocimiento de la fraternidad que nos une más allá de la superficialidad de las ideas, las creencias y las preferencias egoístas.

Jose Chamorro


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  • responder MAURI TARCISIO PERKOWSKI ,

    Gracias Jose y Equipo Vivir Agradecidos!
    Que este tiempo de Adviento, sea un tiempo en que permitimos que Dios abra nuestras mentes, nuestros ojos, nuestros corazones, nuestros brazos hacia Jesús, para todo aquello por lo cual Jesús vino, vivió, murió y venció. Que Él venga a nosotros, viva en nosotros, haga morir a la vieja criatura, y venza en nosotros. Amén.

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