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Ética y religión – Tercera parte

David Steindl-Rast
El hermano David responde preguntas recibidas por e-mail en relación a la afirmación del Dalai Lama, quien sostiene que «La ética es más importante que la religión».


En 2015, el Dalai Lama publicó un libro con un título provocativo: «La ética es más importante que la religión». En su obra, el Dalai Lama propone una ética universal como garante de paz. La paz mundial, sostiene, no se logrará gracias a los esfuerzos de una u otra religión en particular, sino gracias a una ética que abrace a todos los seres humanos por encima de sus diferencias culturales y religiosas.

En este artículo, el hermano David Steindl-Rast busca arrojar luz sobre la controversia que la afirmación del Dalai Lama provoca, y responde a preguntas como «¿es, entonces, necesaria la religión?» Ofrecemos aquí la primera tercera parte del artículo, en la que el hermano David responde preguntas recibidas por e-mail en relación a las afirmaciones del Dalai Lama en su libro.

Para leer la primera parte del artículo, haz click aquí.

Para leer la segunda parte del artículo, haz click aquí.

Las diez distinciones que hemos hecho hasta aquí, junto con el esclarecimiento de términos, deberían resultarnos de ayuda. Usando el vocabulario que hemos adquirido, trataré de responder a las preguntas que suelen suscitarse, especialmente entre los cristianos, ante la afirmación del Dalai Lama de que “la ética es más importante que la religión”. Utilizaré a modo de ejemplo algunas preguntas que yo mismo he recibido por e-mail.

Preguntas y respuestas:

Pregunta 1- En una entrevista, el Dalai Lama dijo que toda religión conlleva un componente de división. ¿Qué opina usted de esta afirmación? ¿En principio, está de acuerdo?

Hermano David: En principio, sí. Las diversas religiones tuvieron origen en diferentes épocas de la historia, y distintas influencias culturales dejaron en ellas su impronta. Estas diferencias pueden conllevar un elemento divisivo si lo llevamos al punto de que dichas diferencias separan a las religiones. Además, las religiones en cuanto instituciones tienden a competir entre sí, tal como ocurre con toda institución. Sin embargo, cuanto más profundizamos en cualquier religión, tanto más nos acercamos a la religiosidad, aquel fundamento común del que toda religión brota. Esta religiosidad une a las religiones en lo más profundo, más allá de que en la superficie haya elementos que las separe.

Pregunta 2- ¿Qué deberían entonces hacer los fieles con sus propias religiones?

Hermano David: Al estudiar sus enseñanzas, poner en práctica sus normas morales y participar en sus rituales, los fieles pueden penetrar profundamente en su religión para alimentar así su religiosidad. La prueba de que se ha logrado dicha profundización estará dada por un encuentro consciente con el Gran Misterio en el día a día. Y este encuentro, a su vez, puede probarse en la medida en que uno crece en fortaleza, coraje y alegría.

Pregunta 3- ¿Es importante la religión? ¿Es realmente necesaria para acercarse a Dios?

Hermano David: La religión entendida como religiosidad es de capital importancia para una vida plena, ya que tomar conciencia de nuestra religiosidad (esto es, nuestro encuentro con Dios, con el Gran Misterio) es nuestra más alta misión como seres humanos. La religión entendida como una religión en particular es también importante, tan importante como un camino bien marcado lo es para quien quiere avanzar en una caminata. Sin embargo, así como un camino bien marcado no es absolutamente necesario para llegar a destino, así la práctica de una religión no es absolutamente necesaria para llegar a Dios. De todos modos, tanto el camino como la religión son grandes dones, y es aconsejable mostrarnos agradecidos por estos dones haciendo buen uso de ellos.

Pregunta 4- ¿La religión no es simplemente una palabra para indicar nuestro camino de regreso hacia Dios, siendo que ese camino es lo que realmente importa?

Hermano David: Todas las religiones son caminos de regreso a Dios; se trata de una buena imagen. De hecho, la imagen coincide con el término latino religare (“volver a conectar”) del que probablemente la palabra “religión” deriva. Pero el solo conocer el camino de regreso no nos sirve, a menos que de hecho lo tomemos. Y la caminata que realmente importa es nuestra religiosidad, nuestra confrontación con Dios. Cualesquiera sean las circunstancias de esta lucha con Dios, que Jacob experimentó en un momento histórico de la evolución espiritual (Gén 32, 23-33), requiere no menos que un compromiso personal sin reservas. Sin la ayuda de la rica experiencia acumulada propia de una religión, nuestra lucha nocturna se hace precaria. Sin embargo, la bendición que Dios imparte al llegar la mañana sigue siendo un don gratuito, que no está sujeto a ninguna condición.

Pregunta 5- ¿La religión no es una ayuda que algún día debe dejarse de lado, como un bote con el que cruzamos un río?

Hermano David: Cruzar el río es una tarea personal para cada uno de nosotros. El bote que utilizamos para cruzarlo es un kayak con capacidad para una sola persona. Pero la vida (y más aún la espiritualidad) nunca es un asunto personal. Cuando arribamos a la orilla (¡y sobre todo en ese momento!) somos conscientes de que pertenecemos a una comunidad. Las religiones son siempre comunidades religiosas. En el momento en que ya no necesitas de los demás, es entonces cuando los demás necesitan más de ti. En un grupo de escaladores unidos por una cuerda, ¿acaso cuando el primero alcanza la cima se olvida de quienes vienen detrás de él atados a la cuerda?

Pregunta 6- ¿La religión no es en definitiva una forma obsoleta de sentir a Dios? ¿Acaso para poder tener una experiencia de Dios no es necesario abandonarlo todo, soltarlo todo, incluso la religión?

Hermano David: Soltar no es sinónimo de renunciar o de abandonar. Soltar significa no aferrarse. Para poder ser realmente libres es necesario soltar, dejar de aferrarnos a las posesiones y a los cargos; es necesario incluso dejar de aferrarnos a nuestros lazos más íntimos. Ahora bien, abandonar esos lazos sería irresponsable. Solo aquello a lo que nos aferramos se transforma en un obstáculo para llegar a Dios. En la medida en que superamos ese aferrarnos, no necesitaremos abandonar nada ni nadie, sino que podremos tener una experiencia de Dios en todo y en todos.

Pregunta 7- Estoy confundido debido a la formación católica que recibí. ¿No es la religión católica la única válida? ¿Es posible que sea una más de muchas religiones igualmente válidas?

Hermano David: Hubo un tiempo en que yo también me sentí confundido debido a mi formación católica. Sin embargo, mis encuentros con otras religiones me han demostrado que mi religión cristiana es realmente única, y actualmente valoro su singularidad aún más. Al mismo tiempo, no obstante, he aprendido a apreciar la singularidad con la que cada religión expresa la religiosidad subyacente a todas ellas. El Gran Misterio con el que la religiosidad humana está constantemente confrontado es inagotable: en él encontramos siempre nuevos aspectos, nuevas formas de expresarlo.

La visión mística de Jesús (que Dios nos ama como un padre o una madre ama a sus hijos) tiene para mí un valor incalculable. Y la forma en que esta visión hace que los seres humanos vivan juntos como hermanos ha modelado mi vida. Pero esto no quita que la visión de otras religiones sea igualmente valiosa para quienes han sido formados en ellas. Desde este punto de vista, todas las religiones son igualmente válidas. Para cada fiel, sin embargo, su propia religión es con razón la más valiosa.

Movidos por el entusiasmo de sentirse cómodos en su propia religión, muchos tienden a absolutizarla como la “única verdadera, la única donde hay salvación”. La típica mentalidad competitiva propia de una institución tiende a endurecer esta postura exclusivista entre las religiones como instituciones. Los místicos, sin embargo, están tan profundamente enraizados en su propia tradición religiosa, que conocen bien la raíz común que comparten todas las religiones. Por lo tanto, son capaces de reconocer y celebrar el valor único que tiene su propia religión, valorando al mismo tiempo la singularidad de todas las demás religiones.

Pregunta 8- ¿Puedo simplemente dejar de lado mi formación religiosa? ¿Por qué no continuar mi camino libre de prejuicios y opiniones, e incluso de prácticas religiosas?

Hermano David: Lo que dije antes (pregunta 6) es válido también aquí: Hay una gran diferencia entre el no aferrarse y el abandonar. La educación religiosa es un gran don, y quienes han recibido una buena formación religiosa saben que no deben aferrarse a lo que han aprendido, pues de lo contrario las ideas se transforman en ideologías y la doctrina en adoctrinamiento, impidiendo el encuentro con el Misterio divino. Las prácticas religiosas y los ritos pueden también otorgar sentido y dirección a la vida de una manera única. Si durante nuestra formación religiosa pudimos crecer en la oración, la meditación y el uso de los sacramentos, todo ello puede ser motivo de una profunda gratitud. La libertad interior no implica ser libres de formación y práctica religiosa, sino libres en ellas: libres en el modo en que nos valemos de ellas en nuestro camino hacia Dios.

Pregunta 9- Si dejamos de lado todo lo demás, ¿puede ser la meditación la única herramienta que usemos para el progreso espiritual? ¿No es la meditación, como práctica para escuchar a Dios, suficiente para experimentarlo e incluso para conocerlo? ¿Siguen siendo necesarios los ritos, los sacramentos?

Hermano David: La meditación, una de las prácticas religiosas que acabo de mencionar (pregunta 8), está presente en todas las tradiciones religiosas. Su forma específica siempre es parte de un todo orgánico: la encontramos inserta en el bagaje cultural de cada religión. La práctica meditativa no puede ser arrancada de su contexto propio sin que pierda sus características más valiosas. Sin embargo, el encuentro entre diversas tradiciones puede llevar a un enriquecimiento mutuo, incluyendo el adoptar otras formas de meditación. Así, el encuentro entre el catolicismo y el budismo Zen ha llevado a la renovación de la Oración del Silencio, mientras que el encuentro con el hinduismo ha resultado en una mayor apreciación de la Oración del Corazón.

Pregunta 10- Si ya no creo en ninguno de los dioses identificados por las religiones (Dios, Alá, Shiva, etc.) por haber dejado atrás la religión, ¿a quién puedo dirigir mi oración?

Hermano David: Podemos dejar atrás los nombres que las religiones le dan a Dios, pero no podemos perder nuestra relación con el Gran Misterio entendido como el Tú original, hacia el cual toda la naturaleza humana está orientada. “Nos creaste para Ti”, dice San Agustín, “y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti”. Si hemos abandonado la práctica de una religión particular junto con la forma en que esta nombra a Dios, aún así podemos dirigirnos al Tú innombrable, el Gran Misterio como amor infinito.

Pregunta 11- ¿Qué podemos hacer si los criterios éticos de una religión particular contradicen los criterios éticos de nuestra propia religiosidad?

Hermano David: La ética es más importante que esta o aquella religión particular, debido a que la ética está enraizada en la religiosidad de la que brotan todas las religiones, es decir, en el encuentro con el Gran Misterio que pide un comportamiento ético. Las condiciones culturales de una religión dada pueden ensuciar el agua cristalina que brota de la religiosidad común. Si las normas éticas de dos religiones se contradicen entre ellas, entonces debemos juzgar a la luz de la religiosidad. Esto aplica especialmente cuando las normas de otra religión van en contra de las normas de la nuestra. Pero también debemos prestar atención al juicio ético de la religiosidad cuando este contradice alguna norma particular de nuestra religión.

Por ejemplo: el Papa Francisco se ha basado en el juicio ético de la religiosidad para oponerse a una interpretación ética de su propia religión. Después de siglos de quema de herejes y brujas, ha declarado (desafiando a la propia ley eclesiástica) que la pena de muerte es claramente inmoral. En caso de duda, toda religión puede y debe reorientar su ética siguiendo la brújula de la religiosidad. Incluso bajo ciertas circunstancias deberá cuestionar leyes establecidas desde hace mucho tiempo y corregirlas basándose en la ética fundada en la religiosidad.


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