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La gratitud y el sistema inmune

Estudios revelan que no es el simple sentimiento de gratitud, sino la gratitud acompañada de la ayuda a los demás lo que contribuye a fortalecer el sistema inmune y mejorar la salud.


¿Ayuda la práctica de la gratitud al sistema inmune?

Ser agradecidos parece tener muchos efectos positivos en nuestra vida. De hecho, las personas agradecidas pueden tener un mejor sueño, un corazón más sano y menos malestares y dolores. ¿Pero qué pasa en nuestro cuerpo cuando somos agradecidos que pueda contribuir a mejorar la salud? Un par de estudios recientes tuvieron como objetivo descubrirlo.

En el primer estudio, a 61 mujeres saludables de 35 a 50 años de edad se les asignó al azar que realizaran, o bien una actividad online de seis semanas sobre la gratitud, o bien una actividad escrita (como comparación). Una vez por semana, al grupo que practicaba la gratitud se les dio un tema de escritura donde se les pedía escribir acerca de alguien hacia quien estuvieran agradecidas (por ejemplo, “piensa en alguien a quien sientes que nunca le agradeciste completamente o como correspondía, por algo significativo o importante que hizo por ti”). El grupo de control escribió sobre temas neutros (por ejemplo, “piensa acerca de la caminata más larga que hiciste hoy”).

Antes y después de las seis semanas, las participantes informaron sobre cuánto tendían a ofrecer o recibir apoyo de otras personas, y proporcionaron una muestra de sangre que fue usada para detectar la presencia de citosinas inflamatorias (interleucina 6 y necrosis tumoral factor alfa). Las citosinas inflamatorias están relacionadas con enfermedades crónicas como diabetes, arteriosclerosis y aun cáncer.

Cuando una persona se siente agradecida, una de las primeras cosas que quiere hacer es retribuirlo.

Después de analizar los datos, los investigadores encontraron que las mujeres a quienes se les asignó la condición de gratitud, sí se involucraron en una acción más solidaria, que es consecuente con la idea de que la gratitud puede inspirar a la gente a querer “retribuir por adelantado”* y ayudar a otros. Pero no encontraron nada significativo en los niveles de citosinas, es decir que no hubo ninguna mejora en la función inmune. Naomi Eisenberger, directora del laboratorio de neurociencia social y afectiva de la Universidad de California – Los Ángeles, y coautora del estudio, se sorprendió un poco por este resultado.

“Uno lee todas las noticias sobre la gratitud y asume que va a ver efectos beneficiosos mágicos. Nosotros no los vimos”, dijo. “Los efectos fueron en realidad más difíciles de ver de lo que habíamos pensado; fueron más sutiles”. Para entender qué estaba ocurriendo, ella y sus colegas prestaron atención a la solidaridad en las mujeres del estudio, ya sea que hubieran participado o no en la actividad de la gratitud. Aquí sí vieron una diferencia: las mujeres que se comprometieron con acciones más solidarias tenían niveles más bajos de interleucina 6, sugiriendo que la solidaridad (y no la gratitud en sí) podría mejorar la función inmune. La gratitud podría influir en la inflamación, quizás, pero solo si ella motiva a ayudar a los demás.

“Cuando una persona se siente agradecida, una de las primeras cosas que quiere hacer es retribuirlo” dice. “Quizás ello no conduce directamente a una mejor función inmune, pero sí conduce a brindar más ayuda a los demás, y eso es interesante”.

¿Es la gratitud beneficiosa para el cerebro?

Estos hallazgos dejaron, sin embargo, una pregunta abierta para los investigadores: ¿Experimentar gratitud podría influir en el cerebro al punto de mejorar la salud? Para averiguarlo, Eisenberger y sus colegas realizaron un segundo estudio observando cómo la gratitud influye en los centros del cerebro asociados con la solidaridad y la respuesta a la angustia, los cuales están íntimamente relacionados con una vida más saludable.

Teniendo en cuenta a las mismas participantes, se usaron escáneres para monitorear la actividad cerebral de las mujeres mientras se les mencionaba nombres de personas hacia quienes estuvieran agradecidas, y se les pedía que pensaran por qué se sentían agradecidas con esa persona, o se les pedía describir la apariencia física de la misma. Ocasionalmente se mostraba en la pantalla la imagen de un rostro amenazador para asustar a las participantes e inducir una respuesta a dicha amenaza.

Las participantes que experimentaban con la gratitud, no tuvieron mayor actividad neuronal en los centros del cerebro asociados con la solidaridad que el grupo de control. Pero aquellas que reportaron altos niveles de solidaridad, tuvieron una respuesta más saludable a la imagen amenazadora (menor actividad de la amígdala) después de enfocarse en la gratitud. En otras palabras, para la gente altamente solidaria, un sentimiento de gratitud momentáneo pareció jugar un papel importante para calmar su respuesta al estrés, un posible camino hacia la buena salud.

“Parece haber algo en las personas que se comprometen en actos solidarios en forma constante que los hace menos sensibles a las amenazas cuando están fortalecidos con la gratitud” dice Eisenberger. Este descubrimiento refleja trabajos previos que muestran que el voluntariado o la generosidad hacia los demás mejora la salud, dice Eisenberger. Por otra parte, contrasta con algunas opiniones que sostienen que sentir gratitud en y por sí misma, es la clave para mejorar la salud, agrega.

La mejoría de la salud está más relacionada con comportamientos que con sentimientos.

“Nuestro estudio trae a colación una interesante pregunta sobre qué contribuye a mejorar la salud: ¿es el mero sentimiento de gratitud, o es el comprometerse realmente en acciones de ayuda a los demás?” dice. “No lo sé con certeza, pero puede ser que esté más relacionado con comportamientos que con sentimientos”.

También menciona que algunas de las personas en sus estudios manifestaron tener dificultad para sentirse agradecidas. Esto podría ser una barrera cuando se trata de promover la gratitud para mejorar la salud. “Estos efectos no parecieron ocurrir en personas con niveles más altos de depresión o estrés”, dice. Entonces creo que, para esas personas, una intervención de la gratitud puede a veces ser contraproducente”.

Aunque Eisenberger cree que se necesita mucha más investigación para saberlo con seguridad, su trabajo muestra que los efectos de la gratitud en la salud pueden ser más variados de lo que sugieren pasadas investigaciones. Esto no significa que la gratitud no tenga un rol importante; después de todo parece fomentar actitudes de mayor bondad y de ayuda a los demás. Pero puede ser solo un rol indirecto.

“Si estamos tratando de cuidar nuestra propia salud, quizás la mejor forma de hacerlo sea ayudando a los demás” dice Eisenberger. “Una forma de ayudar a otras personas podría ser a través de experiencias de gratitud”.

Jill Suttie

* “Retribuir por adelantado” (pay it forward) es una expresión que indica ir más allá del simple “devolver” (pay back) un favor, sino adelantarse a hacer el bien a los demás. La idea ha sido llevada al cine en la película Pay It Forward, traducida al español como Cadena de favores.

Artículo reproducido con permiso de gratefulness.org


Jill Suttie es Doctora en Psicología, escritora y música. Es redactora y colaboradora de la revista Greater Good, del Greater Good Science Center (Centro de Ciencias para el Bien Común) de la Universidad de California – Berkeley. Puedes visitar la página del Greater Good Science Center (en inglés) aquí.


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