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¿Es la gratitud el camino hacia un mundo mejor?

David Steindl-Rast

En esta entrevista brindada al Greater Good Science Center (Centro de ciencias para el bien común), el hermano David propone la práctica de la gratitud como antídoto para los males que aquejan a la sociedad.


Nota editorial de Greater Good:

El hermano David Steindl-Rast es un monje benedictino y una de las principales figuras del movimiento mundial de la gratitud. Mucho antes de que la gratitud se convirtiera en tema de investigación científica, el hermano David ya escribía sobre la gratitud como corazón de la plegaria y camino hacia la liberación, contribuyendo a promocionar la práctica del agradecimiento como una forma de sanarse a uno mismo y a la sociedad. Quizás más conocido por ayudar a crear diálogos interreligiosos entre diferentes tradiciones, recibió el premio Martin Buber en 1975 por su labor en esta área.

El Greater Good Science Center de la universidad de Berkeley no es una organización religiosa o espiritual, pero estamos profundamente interesados en la práctica y complejidades de la gratitud. Pocos aportan un conocimiento tan profundo sobre el tema como el hermano David, quien, al igual que su Santidad el Dalai Lama, se ha dedicado al diálogo con científicos de manera constante.

Nuestra editora Jill Suttie se contactó con el hermano David para debatir sobre su punto de vista acerca de la ciencia de la gratitud y hacia dónde se dirige este movimiento.

Jill Suttie: Usted comenzó promocionando la práctica de la gratitud por razones religiosas mucho antes de que se convirtiera en un tópico de interés en la ciencia occidental. ¿Qué opina de este repentino interés científico por estudiar la gratitud?

Br. David: En realidad, el interés científico no comenzó tan repentinamente como puede parecer. Desde mediados del siglo XX, psicólogos como Abraham Maslow se dieron cuenta de la importancia de la gratitud (sobre la cual Maslow escribe en “Religión, valores y experiencias cumbre”), pero la ciencia convencional estaba atascada por tomar a la física como modelo de estudio, y no mostraba ningún interés en investigar valores. En el siglo XXI la investigación sobre la conciencia y la neurociencia cognitiva están conduciendo hacia nuevas fronteras, encontrando nuevos interrogantes, y están empezando a ampliar los límites de lo que solía ser considerada como investigación científica clásica. El cambio de conciencia que hoy abarca al mundo entero tiene también su efecto en la mente de los científicos.

La ciencia moderna tiene el mismo poder sobre la mente de las personas que el que tenía la religión en la edad media. Pero el interés público tiene una influencia más poderosa en la dirección de la ciencia de lo que mucha gente cree. Para influir en la ciencia, un punto de apoyo importante es la financiación de la investigación. Por ejemplo, los fondos de la fundación Templeton de Robert Emmons, con sus estudios pioneros sobre el comportamiento de la gratitud, han contribuido en gran medida a que el tema de la gratitud sea aceptado en círculos científicos. Los hallazgos científicos, a su vez, hacen a la gratitud respetable a los ojos de los medios de comunicación, y por lo tanto a un siempre creciente sector de la sociedad. Esto crea una espiral de retroalimentación, lo cual explica el actual auge de la gratitud.

Las personas agradecidas viven de una manera que conduce al tipo de sociedad que los seres humanos anhelamos.

Jill Suttie: La ciencia ha demostrado que la práctica de la gratitud aumenta la felicidad y la salud en el individuo. ¿Cómo beneficia a la sociedad en general la práctica de la gratitud?

Br. David: La primera y más obvia respuesta es: todo lo que produce individuos más felices y saludables, crea por lo tanto una sociedad en la cual más gente es saludable y feliz. Esto por sí solo es un gran avance. Pero podemos ir más allá, y mostrar que las personas agradecidas viven de una manera que conduce al tipo de sociedad que los seres humanos anhelamos. En muchas partes del mundo la sociedad está enferma. Las palabras clave del diagnóstico son: explotación, opresión y violencia. El vivir agradecidos es un remedio contra estos tres síntomas.

  • La explotación surge de la avaricia y de una sensación de escasez. El vivir agradecidos nos hace conscientes de que hay suficiente para todos, lo que nos lleva a una sensación de suficiencia y a un gozoso deseo de compartir con los demás.
  • La opresión se hace necesaria cuando se busca explotar a los demás. Y esto da por resultado la competencia y una pirámide de poder: cuanto más poder tenemos, más eficazmente podemos explotar a aquellos que están debajo y protegernos de los que están por encima de nosotros. Pero las personas agradecidas viven con una sensación de suficiencia, por lo que no necesitan explotar a los demás. Y así la opresión resulta innecesaria; es reemplazada por el apoyo mutuo y el respeto a todos por igual.
  • La violencia surge de las raíces del miedo: miedo de que no haya suficiente para todos, miedo a los demás como potenciales competidores, miedo a lo desconocido y a los extraños. Pero la persona agradecida no teme; por lo tanto, elimina la raíz misma de la violencia. Por su sentido de suficiencia está dispuesta a compartir, y por ello tiende a eliminar la injusta distribución de la riqueza que prepara el clima para la violencia. Sin temor, le da la bienvenida a lo nuevo y lo extraño, se enriquece con las diferencias, y celebra la diversidad.

Por lo tanto, la vida agradecida aleja las principales causas de la explotación, la opresión y la violencia. Mediante el compartir, el respeto universal y la no violencia, provee las bases para una sociedad sana y un mundo con chances de sobrevivir.

Jill Suttie: Algunas personas piensan que la ciencia de la gratitud es una pérdida de tiempo. En otras palabras, piensan que es obvio que la gratitud es algo bueno para nosotros. ¿Usted piensa que la ciencia aporta algo importante al movimiento global de la gratitud? Si es así, ¿cuáles son sus aportes?

Br. David: Todos sabemos que comer no solo es bueno para nosotros, sino que es necesario para sobrevivir. Y sin embargo, los estudios científicos sobre la nutrición pueden brindarnos grandes beneficios. De la misma manera, aunque todos sabemos que uno se siente bien siendo agradecido, el estudio científico de la gratitud puede ampliar nuestros conocimientos, precisar nuestras distinciones y profundizar nuestra comprensión del tema.

Así como el interés académico dio a la nutrición una nueva “respetabilidad”, también puede hacer lo mismo con la gratitud. Esto es importante y ciertamente puede ser de ayuda para el movimiento global de la gratitud. Sin embargo, lo que da ímpetu a un movimiento no es la información sino el entusiasmo y el compromiso. La chispa que encendió el movimiento global de la gratitud es el entusiasmo de hombres y mujeres que descubrieron que el vivir agradecidos da sentido y alegría a la vida.

Jill Suttie: Algunas personas pueden tener dificultad para practicar la gratitud, quizás porque están deprimidas o han sufrido algún trauma severo. ¿Qué consejo le daría a alguien que está atravesando una situación así?

Br. David: La gratitud es la respuesta espontánea a la vida que brota de un cuerpo y una mente sanos. No deberíamos esperarlo de una persona que sufre en su mente o en su cuerpo. Con entrenamiento, sin embargo, podemos aprender a enfocarnos en la “oportunidad” como un obsequio dentro de cada momento dado. Esta actitud de vida siempre mejora la situación. Aun en tiempos de enfermedad, alguien que habitualmente practica el vivir agradecidos buscará la oportunidad que un momento dado le ofrece y lo usará en forma creativa.

La vida agradecida trae, en lugar de codicia, el compartir; en lugar de opresión, respeto; en lugar de violencia, paz. ¿Quién no anhela un mundo donde se comparte, donde haya respeto mutuo, donde haya paz?

Jill Suttie: ¿Alguna vez tiene usted días donde le es difícil practicar la gratitud? Si es así, ¿qué se interpone en su camino?

Br. David: La enfermedad y la depresión dificultan estar alertas a la gratitud, por falta de energía. Pero incluso en días de buena salud, debo volver, una y otra vez, a la senda de la vida agradecida. Lo que se interpone en el camino es el acostumbrarnos; el proverbio tiene razón: “la familiaridad engendra desdén”. Los ojos agradecidos miran sea lo que sea como si nunca antes lo hubieran visto y lo atesoran como si jamás lo volvieran a ver. Esta es una actitud muy realista, pues cada momento es ciertamente único. Pero esto me lo debo recordar una y otra vez. Este recordármelo es el elemento dinámico de la atención plena.

Vivir agradecidos es tener conciencia de que estamos parados sobre suelo sagrado, siempre, en contacto con el Misterio. Los sabios judíos interpretan las palabras del Génesis 3,5 de una forma que es de gran relevancia para una vida agradecida: “Descálzate, el suelo que pisas es suelo sagrado”. La suela de tus zapatos es cuero, piel de un animal muerto. Despójate de la muerte de estar acostumbrado a algo, y tu alma viva sentirá que estás parado en suelo sagrado, dondequiera que estés.

Jill Suttie: ¿Hacia dónde ve usted que se dirige el movimiento de la gratitud?

Br. David: Como alguien acertadamente bromeó: es difícil hacer predicciones, especialmente sobre el futuro. Sin embargo, es muy evidente que la codicia, la opresión y la violencia nos han llevado a un punto de autodestrucción. Nuestra supervivencia depende de un cambio radical; si el movimiento de la gratitud crece de manera suficientemente fuerte y profunda, puede producir este cambio necesario. La vida agradecida trae, en lugar de codicia, el compartir; en lugar de opresión, respeto; en lugar de violencia, paz. ¿Quién no anhela un mundo donde se comparte, donde haya respeto mutuo, donde haya paz?

Esta entrevista apareció originariamente en Greater Good, revista online del Greater Good Science Center de la Universidad de California-Berkeley, en 2013.

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