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Patagonia, parte 5: El amor

A diferencia de lo que comunmente pensamos, lo opuesto al amor no es el odio sino la indiferencia. Muchos de los males del mundo provienen de la indiferencia, de la apatía. El vivir agradecidos implica vivir en el amor, es decir, vivir nuestra pertenencia, la que compartimos con todos los seres humanos, con todos los seres del planeta.



Extractos de la charla

La tercer pregunta, correspondiente al actuar, es la pregunta cómo. ¿Cómo responder a esa palabra que nace del silencio? La respuesta es: por medio del amor. El amor no significa preferencia, sino que el amor es un sí a la pertenencia.

Podemos aplicar esta definición a cualquier situación en la que hablamos de amor. Hay muchas clases de amor: el amor entre esposos, el amor de padres a hijos, el amor entre hermanos… Se trata de un sí dicho no solo con los labios, sino con los hechos. Sí, pertenecemos juntos, y actuamos siendo conscientes de esa pertenencia. Expresamos nuestra pertenencia en el modo en que nos comportamos.

Lo opuesto al amor no es el odio sino la indiferencia, el decir “no me importa”. La indiferencia ante el dolor ajeno, ante tantos niños que mueren de hambre mientras nosotros tenemos tantas cosas… Esto es apatía, mientras que el amor dice “nos pertenecemos, y voy a hacer todo lo posible por ayudar, y lamento no poder hacer más”.

El que alguien nos desagrade, o incluso la enemistad, son cosas inevitables en la vida; pero la apatía es algo optativo. Siempre va a haber alguien que no nos cae bien, pero podemos superarlo mediante el amor. “No me gusta esto o lo otro, pero nos pertenecemos, y por lo tanto voy a tratar de manejar la situación”. De esta forma podemos superar todos los males que son fruto de la indiferencia: la frialdad, la alienación, la soledad.

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