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Patagonia, parte 4: La fe y la esperanza

Desde otro punto de vista, son también tres las actitudes que hacen a nuestra plenitud de vida: la fe, la esperanza y el amor. La fe es la confianza ante el misterio de la vida, la esperanza es la apertura a las sorpresas que la vida nos depara, y el amor es nuestra respuesta a esas sorpresas. En este primer extracto, el hermano David habla de la fe y la esperanza.



Extractos de la charla

El detenernos nos confronta con el por qué, y esta pregunta nos conduce a aquel gran abismo, aquel misterio de la nada, del silencio. En este silencio encontramos una relación, ya que podemos confiarnos en él. En esto consiste la fe: confiar en el Silencio, confiar en ese por qué sin respuestas, confiar en la Fuente de la vida. La fe entonces es esta confianza.

Aquí tenemos que hacer una distinción: la fe no consiste en determinadas creencias, pese a que muchos de nosotros identificamos a la fe con asentir a tal o cual creencia. Tener fe no es creer en algo, sino confiar en algo; y este algo en quien confiamos es la vida. Así, mientras que las creencias particulares nos dividen, la fe verdadera tiene el potencial de unir a todos los seres humanos.

Lo opuesto a la fe, por lo tanto, no es el descreimiento o la falta de fe, sino el temor. El temor es la raíz de todos los males, ya que el temor nos hace hostiles. El temor nos hace buscar ponernos por encima de los demás; el temor de que los recursos no alcancen para todos nos hace avaros. De este modo, el temor es la raíz de todos los males que encontramos en la vida. Este temor es opuesto a aquella confianza con la cual nos entregamos al Silencio que nos sostiene.

La esperanza es la actitud por la cual nos abrimos a las sorpresas que la vida nos depara; y así como hicimos una distinción entre fe y creencias, también debemos distinguir entre esperanza y expectativas. Las expectativas se refieren a aquello que podemos llegar a imaginarnos, mientras que la esperanza (actitud básica frente a la vida), es apertura a lo inimaginable. Si esperamos algo que imaginamos, se trata de una mera expectativa; pero la Esperanza es estar abiertos al misterio, a la gran sorpresa de la que surge todo lo que nos rodea.

Esta esperanza es lo opuesto a la desesperación. La vida siempre nos depara situaciones en las que nuestras expectativas se derrumban, pero aún así podemos tener esperanza, ya que, ante el derrumbe de lo que habíamos imaginado, podemos permanecer abiertos a lo que no nos imaginamos. En esto consiste la verdadera esperanza.

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