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La fe y la esperanza

David Steindl-Rast

Fe, esperanza y amor conducen a una vida plena. La fe es la confianza ante el misterio de la vida, y la esperanza es la apertura a las sorpresas que la vida nos depara.



Texto completo de la charla

Cuando hablamos acerca de nuestra búsqueda de felicidad, dimos un método sencillo que consiste en detenernos, mirar y actuar. Luego vimos que uno de los grandes anhelos en nuestra época actual es no solo encontrar la felicidad y la paz, sino también una orientación para la vida, ya que en la actualidad mucha gente vive desorientada. Tenemos entonces el detenernos-mirar-actuar, y el por qué-qué-cómo. Ahora pasamos a otro nivel, en el que nos preguntamos cómo podemos experimentar esto en nuestra vida diaria. Una vez más, son tres las actitudes que hacen a una vida plena y feliz. Ellas son la fe, la esperanza y el amor, entendidas correctamente.

El detenernos nos confronta con el por qué, y esta pregunta nos conduce a aquel gran abismo, aquel misterio de la nada, del silencio. En este silencio encontramos una relación, ya que podemos confiarnos en él. En esto consiste la fe: confiar en el Silencio, confiar en ese por qué sin respuestas, confiar en la Fuente de la vida. La fe entonces es esta confianza. Aquí tenemos que hacer una distinción: la fe no consiste en determinadas creencias, pese a que muchos de nosotros identificamos a la fe con asentir a tal o cual creencia. Tener fe no es creer en algo, sino confiar en algo; y este algo en quien confiamos es la vida. Así, mientras que las creencias particulares nos dividen, la fe verdadera tiene el potencial de unir a todos los seres humanos.

Lo opuesto a la fe, por lo tanto, no es el descreimiento o la falta de fe, sino el temor. El temor es la raíz de todos los males, ya que el temor nos hace hostiles. El temor nos hace buscar ponernos por encima de los demás; el temor de que los recursos no alcancen para todos nos hace avaros. De este modo, el temor es la raíz de todos los males que encontramos en la vida. Este temor es opuesto a aquella confianza con la cual nos entregamos al Silencio que nos sostiene.

Tener fe no es creer en algo, sino confiar en algo; y este algo en quien confiamos es la vida. Así, mientras que las creencias particulares nos dividen, la fe verdadera tiene el potencial de unir a todos los seres humanos.

Si tenemos esta confianza (que se da cuando nos detenemos), podemos mirar, podemos confiar en la vida. Al mirar, nos damos cuenta de que la vida siempre nos sorprende. Esta es la gran cualidad de la vida: la sorpresa. Si algo está vivo nos sorprende; mientras que si no hay vida no hay sorpresa. Todo lo que es mecánico no nos sorprende porque obra siempre de la misma manera, mientras que la vida, con sus cambios de rumbo, siempre nos sorprende. La esperanza es la actitud por la cual nos abrimos a las sorpresas que la vida nos depara; y así como hicimos una distinción entre fe y creencias, también debemos distinguir entre esperanza y expectativas. Las expectativas se refieren a aquello que podemos llegar a imaginarnos, mientras que la esperanza (actitud básica frente a la vida), es apertura a lo inimaginable. Si esperamos algo que imaginamos, se trata de una mera expectativa; pero la Esperanza es estar abiertos al misterio, a la gran sorpresa de la que surge todo lo que nos rodea.

Esta esperanza es lo opuesto a la desesperación. Una vez más, lo opuesto a la esperanza no es la falta de esperanza, sino la desesperación. La vida siempre nos depara situaciones en las que nuestras expectativas se derrumban, pero aún así podemos tener esperanza, ya que, ante el derrumbe de lo que habíamos imaginado, podemos permanecer abiertos a lo que no nos imaginamos. En esto consiste la verdadera esperanza. La desesperación conduce a la apatía y a la muerte, ya que todo lo que no nos sorprende está muerto, mientras que la esperanza nos lleva a la vida y a la alegría. Hay un hermoso pasaje en un poema de Mary Oliver titulado “Cuando llegue la muerte”. Dice ella: “Cuando llegue la muerte, voy a cruzar aquel umbral llena de curiosidad”. Esto es tener esperanza. Y añade: “Cuando llegue mi fin, espero poder decir: toda mi vida fui una esposa casada con el asombro; fui un esposo que cargó al mundo en sus brazos”. Ésta es la actitud de aquella esperanza que consiste en estar abierto a la sorpresa.


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