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Patagonia, parte 6: El ego y el verdadero Ser

El Ser es una realidad universal, que se manifiesta en innumerables individuos, en todos los “yo” que existen. En el gran teatro del mundo, el Ser único juega diferentes roles en los distintos individuos, en cada uno de nosotros. Quedamos reducidos a nuestro ego cuando olvidamos ese, nuestro verdadero Ser universal, y creemos que solo somos nuestra individualidad particular.



Extractos de la charla

Hay un único Ser e innumerables yos. El “yo” existe en el tiempo y el espacio; el Ser existe más allá del tiempo y del espacio. Este Ser es tan pleno, tan inagotable, que necesita expresarse a sí mismo una y otra vez en cada yo que existe, y solo para manifestar el gozo y la plenitud de la vida. Mi yo es absolutamente único, así como tu yo es también absolutamente único. No solo nuestras huellas digitales son únicas, sino que todo nuestro ser es único: nuestros ancestros, el tiempo y las circunstancias en las que nacimos… Todo esto determina nuestro yo.

¿Qué es este “yo”? Podemos identificarlo con el personaje de una obra de teatro. En el gran teatro del mundo, el Ser hace el papel de un sinnúmero de personajes. Es como una madre que juega a las marionetas con sus hijos pequeños. La madre hace el papel del príncipe, luego del dragón, luego el príncipe lucha con el dragón… pero es una y la misma madre la que actúa para sus niños. Así, podemos imaginarnos al mundo como un gran teatro, en el que el Ser hace el papel de innumerables personajes. Cuando la obra termina, el Ser deja las marionetas en la caja, y es entonces cuando nuestro tiempo se acaba. Nuestro tiempo, nuestro “yo”, comienza cuando nacemos y termina cuando morimos. Sin embargo, esto no afecta al Ser, ya que el Ser trasciende el tiempo y el espacio.

Sin embargo hay un gran peligro, ya que esta marioneta, este pequeño yo, de repente se olvida de su Ser, y piensa que realmente es el príncipe, o la princesa, o el dragón, o el mago, o cualquier otro papel que esté desempeñando. Cuando esto ocurre, el yo se transforma en el ego. El ego es ante todo temeroso, ya que, al ver tantos otros yos a su alrededor, piensa: “Me van a hacer daño; son tantos, y yo soy tan pequeño comparado con los millones que hay por todos lados”. El ego pasa del temor a la agresión: “Debo defenderme de ellos”, y a la avaricia: “Debo ponerme por encima de ellos; quiero tener más y más, y no voy a compartir lo que tengo, porque no va a alcanzar para todos”. Así es como el yo queda reducido al ego.

Necesitamos recordar este panorama del Ser, que es uno y el mismo para todos; del yo, que es un papel que el Ser desempeña; y del ego en el que puede quedar reducido el yo. Debemos tomar esta idea con seriedad, pero al mismo tiempo como un juego. Jugar en el teatro del mundo, sin olvidarnos de que estamos jugando. No encerrarnos en nuestro ego, sino recordar nuestro verdadero Ser. Detengámonos cada tanto a lo largo del día, y digámonos: “soy Yo mismo”, recordando lo que esto significa.

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