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La comunicación no violenta

El psicólogo Marshall Rosenberg ofrece consejos prácticos para lograr una comunicación no violenta. Valiosas lecciones para mejorar nuestra comunicación con los demás, basándola en la sinceridad y la empatía. “Cuanto más conectemos nuestros propios sentimientos y necesidades, más fácil será que los demás respondan a ellas de forma compasiva”.


En su libro “Comunicación No Violenta, un Lenguaje de Vida”, Marshall Rosenberg desarrolla habilidades para relacionarnos en armonía con nuestros valores. Enfatiza la importancia de expresar con claridad tanto los sentimientos como las necesidades y los pedidos que se hacen a los demás, evitando el lenguaje evaluativo que etiqueta o define a los interlocutores o a terceros. Por eso se la llama una forma de Comunicación Empática, porque facilita la capacidad de expresarse sin usar juicios de valor, sin emitir la propia opinión sobre lo que está bien o mal, sobre lo que es correcto o incorrecto. ¿De qué manera? Haciendo hincapié en expresar sentimientos y necesidades, en lugar de críticas o juicios morales.

El libro “Comunicación No Violenta” expresa una clara y sistemática presentación de un programa educativo desarrollado por Marshall Rosenberg, a partir de su experiencia como mediador, educador y terapeuta. A lo largo de sus páginas, Rosenberg se involucra en un proceso de reflexión y aprendizaje sobre cómo nos comunicamos habitualmente y cómo podemos hacerlo de un modo más efectivo y coherente con nuestros valores.

Presentamos a continuación un brevísimo resumen de esta forma constructiva de lenguaje inter e intrapersonal. Cabe señalar que es solo una aproximación a su método, donde el foco está puesto en crear las condiciones necesarias para lograr comprensión en la comunicación de las personas que intervienen y que sus necesidades se vean satisfechas.

Se repasan los cuatro elementos claves de la comunicación no violenta (CNV), esto es: observar sin evaluar, identificar y expresar los sentimientos, asumir la responsabilidad de nuestros sentimientos y formular a los demás peticiones conscientes para enriquecer nuestra vida.

1. Observar sin evaluar

Debemos separar la observación y la evaluación. Cuando las mezclamos, la otra persona suele tener la impresión de que la estamos criticando, y por lo tanto opone resistencia a lo que le decimos.
El primer componente de la CNV es observar sin evaluar; implica una separación entre la observación y la evaluación. Cuando las mezclamos, la otra persona suele tener la impresión de que la estamos criticando, y por lo tanto opone resistencia a lo que le decimos. Decir: “Hank Smith no ha marcado un gol en veinte partidos”, es distinto de decir “Hank Smith juega mal al fútbol”. Necesitamos observar claramente aquello que vemos, oímos o tocamos y que afecta nuestro bienestar, sin mezclarlo con una evaluación. Hacer observaciones constituye un elemento importante de la CNV mediante el cual intentamos comunicar a otra persona, de forma clara y sincera, cómo nos sentimos. Sin embargo, si mezclamos la evaluación con la observación, reduciremos la probabilidad de que la otra persona entienda lo que pretendemos transmitirle.

Por tanto, la CNV no nos dice que seamos totalmente objetivos ni tampoco que nos abstengamos de hacer evaluaciones. Lo único que nos dice es que mantengamos una separación entre nuestras observaciones y nuestras evaluaciones, rechazando las generalizaciones y refiriéndonos a observaciones de momento y del contexto.

2. Identificar y expresar sentimientos

El segundo componente que necesitamos es expresar cómo nos sentimos. Si elaboramos un vocabulario de sentimientos que nos permita nombrar o identificar de forma clara y precisa nuestras emociones, nos resulta más fácil conectarnos con los demás. Revelar nuestra faceta humana y expresar la propia vulnerabilidad pueden ayudar a resolver conflictos o situaciones de comunicación difíciles. Se nos educa para orientarnos a los demás, más que para estar en contacto con nosotros mismos. Es por ello que el repertorio de adjetivos que aplicamos a las personas suele ser más amplio que el vocabulario que disponemos para describir con claridad nuestros estados de ánimo.

3. Asumir la responsabilidad de nuestros sentimientos

El tercer componente de la CNV implica el reconocimiento del origen de nuestros sentimientos, es decir, de las necesidades que hay detrás de ellos.  El énfasis de la CNV radica en reconocer que aquello que dicen o hacen los demás puede ser el estímulo, pero definitivamente no es la causa de nuestros sentimientos. Nuestros sentimientos son el resultado de cómo nosotros elegimos tomarnos lo que dicen o hacen los demás, como también hacernos cargo de nuestras necesidades o expectativas en determinado momento. Este tercer componente nos invita a responsabilizarnos de lo que hacemos para generar que nos sintamos de tal o cual manera.

Cuando alguien nos transmite un mensaje negativo, sea verbal o no verbal, tenemos cuatro opciones en la manera de recibirlo.

a) Tomarlo de manera personal

Una es tomárselo de manera personal, captando en él acusaciones o críticas. Por ejemplo, alguien está irritado con nosotros y nos dice: “¡Eres la persona más egocéntrica que he conocido en mi vida!” Si nos tomamos la frase a modo personal es probable que podamos reaccionar respondiendo: “Si, debería ser más sensible con los demás”. Es decir, aceptamos el punto de vista de la otra persona y nos echamos la culpa. Esta opción vulnera nuestra autoestima y nos lleva a sentirnos culpables, avergonzados y deprimidos.

b) Echar la culpa al otro

Una segunda opción es echar la culpa a nuestro interlocutor. En respuesta a la afirmación: “¡Eres la persona más egocéntrica que he conocido en mi vida!”, podríamos protestar diciendo: “No tienes derecho a decirme esto. Siempre tengo en cuenta tus necesidades. ¡Tú eres el egocéntrico!” Cuando nos tomamos las afirmaciones de esta manera y echamos la culpa a la otra persona, lo más probable es que sintamos rabia.

c) Ver nuestros sentimientos y necesidades

La tercera opción que tenemos cuando recibimos un mensaje negativo consiste en hacer que brille la luz de nuestra conciencia para ver con claridad nuestros sentimientos y necesidades. Así podríamos, por ejemplo, responder: “Cuando me dices que soy la persona más egocéntrica que conociste en tu vida, me siento herido, porque yo querría que reconocieras los esfuerzos que hago para tener en cuenta tus preferencias”. Al centrar la atención en nuestros sentimientos y necesidades, tomamos conciencia de sentirnos heridos. En esta circunstancia deriva de nuestra necesidad de que se reconozcan los esfuerzos que hacemos.

d) Ver los sentimientos y necesidades del otro

Tenemos finalmente una cuarta opción, que consiste en iluminar con la luz de la conciencia los sentimientos y necesidades de la otra persona en ese momento, según ella misma los expresa. Podríamos preguntarle, por ejemplo: “¿Te sientes herida porque necesitas que se tomen en cuenta tus preferencias?”

Todos los juicios, críticas y diagnósticos que emitimos, así como las interpretaciones que hacemos de los demás, son expresiones de nuestras propias necesidades. Si alguien nos dice: “Tú no me entiendes”, lo que está diciéndonos es que su necesidad de ser comprendido no está satisfecha.

Todos los juicios, críticas y diagnósticos que emitimos, así como las interpretaciones que hacemos de los demás, son expresiones de nuestras propias necesidades.
Cada vez que manifestamos nuestras necesidades de una manera indirecta y nos valemos de evaluaciones, interpretaciones e imágenes, lo más probable es que los demás perciban críticas en nuestras palabras y que, por lo tanto, se defiendan o contraataquen. No podemos aspirar a que los demás nos respondan de un modo solidario al manifestar nuestras necesidades por medio de la interpretación o el diagnóstico de su comportamiento, ya que estaremos actuando de manera contraproducente. Así pues, si queremos que nuestros hijos se acostumbren a colgar sus abrigos del perchero, quizás los califiquemos de haraganes si los dejan sobre la cama; o tacharemos a nuestros colaboradores de irresponsables si no llevan a cabo sus tareas como nos gustaría. En cambio, cuanto más directamente conectemos nuestros propios sentimientos y necesidades, más fácil será que los demás respondan a ellas de forma compasiva. Nos hemos acostumbrado a creer que son los demás quienes se equivocan cuando no satisfacemos nuestras propias necesidades.

4. Formular peticiones conscientes

El cuarto y último componente se basa en lo que nos gustaría pedir a los demás para enriquecer nuestra vida. ¿Cómo expresaremos lo que queremos pedir para conseguir que los demás respondan a nuestras necesidades de una manera compasiva? Rosenberg menciona la necesidad de emplear un lenguaje positivo, evitando frases de sentido vago, abstracto o ambiguo y formular peticiones en forma de acciones concretas que los demás puedan realizar.

Expresar una auténtica petición requiere que tengamos conciencia de cuál es nuestro objetivo. La finalidad no es influir sobre la persona y modificar su conducta, sino que este método está pensado para ponernos en contacto con el otro desde un lugar de comprensión empática y actitud solidaria. Cuanto más claros nos mostremos con respecto a lo que esperamos de la otra persona, más probabilidades tenemos de que se satisfagan nuestras necesidades.

Para ello, será mejor pedirle claramente una respuesta a la otra persona para saber cómo entendió nuestras palabras y poder corregir cualquier interpretación incorrecta. Podemos preguntar: “¿Está claro? Inclusive no estará de más pedirle a la persona que nos confirme con sus propias palabras lo que nos oyó decir; entonces tendremos la oportunidad de repetir ciertas partes de nuestro mensaje y rectificar cualquier discrepancia u omisión.

El objetivo de la CNV consiste en establecer una relación basada en la sinceridad y la empatía. Ese es su propósito primordial: mejorar la calidad de la relación.


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  • responder JORGE ESTEBAN RUBINO ,

    me interesa recibir informacion
    JORGE RUBINO

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